martes, 29 de diciembre de 2009

Cuarenta y dos velas


Fui encendiendo mis cuarenta y dos velas una a una. Cuarenta y dos velas dan muchísimo calor. Mi tía me regala una tarta cada año y cada año se empeña en que la tarta lleve la cantidad de velas correspondiente. A ella no le valen las velas de numeritos, no. Ella flipa viéndome encender las velas una a una y quejarme de que cada vez son más. Luego los niños me ayudan a soplar, los niños asisten al encendido de velas con expectación. Cada año es un momento divertido más del día de Navidad. Mi prima me hace fotos mientras enciendo las velas, los niños miran alucinados y luego todos soplamos. Sale muchísimo humo, cada año más. Y al final cantamos el Cumpleaños Feliz, como debe ser.

Este año estuve un poquito nerviosa porque llovía mucho. En la Navidad del 2007 también llovió mucho y el agua entró a oleadas en mi casa, se inundó la cocina, el salón, el aseo de abajo. Yo tuve un ataque de ansiedad, lloré y ahora, cada vez que caen chaparrones gordos, me entra el tembleque. El día de Navidad estuve nerviosa y no disfruté como otros años. Pero la casa no se inundó.

Ya se fue mi hermana pequeña, cargada de regalos, tardaré en volverla a ver. Faltan pocos días para Año Nuevo y para Reyes, el momento mágico del año, los niños se mueren de ganas. Han dado más lluvias y Charco Redondo está a rebosar.

Me hicieron preciosos regalos el día de mi cumpleaños y estuve con todos los que quiero. Y E. me ama.

lunes, 21 de diciembre de 2009

En el solsticio de invierno

Los días serán más largos aunque hoy no lo parezca. Que hoy fue un día temible de invierno, primer día de invierno, de vendaval y de lluvia que me ha calado las botas. Me empeñé en ir a trabajar caminando y he llegado hecha una sopita. Ahora, casi a las diez de la noche del solsticio de invierno, me duele la garganta.

Pero aunque parezca mentira los días se irán haciendo más largos. Más horas de luz, victoria sobre las tinieblas.

Victoria sobre las tinieblas.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Océano glacial ártico


Que es blanco y azul. Yo nunca iré. Soy persona del Sur, de tierras cálidas.

Pero perdernos los dos en un océano frío y acerado. El hielo es un cuchillo que corta y quema. Un cuchillo blanco de la mayor pureza.

Perdernos los dos en el desierto blanco donde todo es silencio.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Tarde con amigas y un triskel

El sábado pasé el día con todas mis amigas, las mismas que nos reunimos el pasado agosto. Pero esta vez, además, vinieron dos amigas de amigas a las que no veía desde hacía mucho. Además cuatro de ellas llevaban a sus parejas. Nos reunimos en el piso recién alquilado de mi hermana, que ha resultado ser luminoso, mucho más grande que el anterior y está en pleno centro de esa ciudad puñetera donde vive (no diré su nombre, pero qué poco me gusta esa ciudad).

Comimos lo que no está escrito. Yo me tomé tres botellines, tres chupitos de ron miel y me dejé la mitad del cava con el que brindamos. Pillé el puntito consabido, pero se me pasó pronto. No me lo esperaba, no estaba planificado, pero de pronto nos encontramos cantando las viejas coplas de Carnaval, las de nuestro piso de Cádiz. Los vellos de pico. Se hicieron fotos, lo que me resultó un tostón por la manía de la gente de hacer fotos y perderse la realidad (el que hacía de fotógrafo oficial me cae regular).

Una de las amigas de mis amigas llevaba un triskel colgado al cuello. Ohhhhh, me emocioné. Entre los botellines y entre que pensaba en E. de esa forma irreal en que se piensa en el Amado cuando una está rodeada de gente que no tiene que ver con la situación amorosa, me emocioné. Ninguna de mis amigas tiene conocimiento de E., sólo mi hermana y poco. Así que yo flotaba entre el tiramisú, el ron miel y la charla veloz, con E. de mis amores en el subconsciente.

Vi a aquella amiga de mis amigas, una mujer de mi edad, rubia, que ha engordado un poco desde la última vez que la vi. Que esta casada con el fotógrafo que me cae regular (me cae mal, vamos, es un tío pedante y pesado). Que conozco poco pero por mis amigas se que es buena y amable. Con su triskel colgando al cuello. Había mucha gente y no era plan de preguntarle y además apenas la conozco.

Cuando se me pasó la emoción del presunto reconocimiento bedesemero caí en la cuenta de que el triskel es tambien emblema de otras gentes de mejor vivir. Qué rabia, creo que esa amiga de mis amigas, tan apañada y buena persona, lo lleva por el rollo celta que siempre tuvo. Recuerdo unos Carnavales, que se disfrazó, junto al pelma que entonces era su novio, de guerrera celta o algo así.

Así que la sensación, a veces, en esta provincia del Sur, tan preciosa y bendita, es de páramo sumiso. Leche, sólo se de unas pocas sumisas virtuales de mi tierra, pero no he conocido a ninguna en carne y hueso y olor... que soledad más perruna.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Más allá de la Dominación, más allá de la sumisión

Más allá estamos E. y Mar.

Siempre seremos un Amo y su kajira. Siempre iré un paso atrás de Él, siempre Él estará un peldaño arriba. Pero si que pueden pasar los días y ser cotidianos, sin órdenes, pueden pasar los días y nuestras vidas asemejarse a las de otras parejas de amantes. Solo asemejarse.

No es un amor ciego. No estoy cegada ni loca de amor. No idealizo a E. No es el pilar de mi vida, la razón de mi vida, podría vivir sin Él, podría hasta dormir toda la noche un tirón si Él no estuviera. Podría hasta respirar, si Él no estuviera... Creo.

Amo a E., al Dominante que es, al hombre que es. Amo su carne, amo su cuerpo delgado, amo su rostro tenso. Amo su voz, amo su forma de articular las palabras. Amo su virilidad, su espiritualidad, amo su fuerza, amo también su debilidad.

Está en mi vida y pienso en mi vida con Él. En su compañía, a su lado -pero un paso atrás-, sin planes concretos, sin limites exactos.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Ñoño post navideño

Me gustan las películas yanquis donde dicen Feliz Navidad, donde nieva en esas urbanizaciones tan yanquis y las casas tienen esos adornos fabulosos y estratosféricos. Donde hay algún escéptico que no cree en la Navidad y toda la pesca y llega Santa Claus u otro similar y por arte de magia, zas, el escéptico se hace el ser humano más bondadoso y tierno del mundo. Donde cantan esos villancicos yanquis que todos sabemos tararear pero nunca la letra. Se me saltan las lágrimas con esas pelis.

Me gustan las calles de mi ciudad con sus luces. Hasta me gustan las luces del Corte Inglés, que ya llevan dos semanas encendidas. Me gustan los escaparates llenos de luces, bolas, nieve artificial y espumillón. Me gusta tocar los adornos navideños, especialmente el espumillón, en las tiendas. Y los balcones con sus Papanoeles horteras. Me gusta asomarme a la ventana y mirar el balcón de mi vecina, que es la primera que pone el Papanoel de toda la calle. Cuando mi vecina A. pone su Papanoel, ya es Navidad.

Me gustan las reuniones familiares, la comida de los compañeros del trabajo, coger un puntito tontorrón. Me gustan las noches frías de Navidad cuando las estrellas son más brillantes que nunca. Volver a casa cuando no hay gente en la calle y se ven los árboles de Navidad encendidos tras las ventanas. Pedir un deseo a esa estrella.

Me gusta el día de Reyes. El ritual del día 5. Me gusta la Nochebuena y poner al muñequito del Niño Jesús en su cunita a las doce de la noche. Me gusta planear bromas el 28. Me gusta el día de Navidad porque además es mi cumpleaños y me encanta que me feliciten. Me gusta menos el 31, me pongo nerviosa con los finales.

Me gusta ponerme ñoña en Navidad aunque nadie se de cuenta.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Un bonito día, sencillo y bueno

Le tengo que dar las gracias a E. porque sus palabras me estan inspirando estos días todas las entradas al blog. Desde que volvió. Cada día.

Un bonito día, sencillo y bueno. ¿Para qué más? Conversar con las personas queridas. El sol. El aire limpio de esta mañana. El cielo azul, azul, azul. La serenidad de caminar despacio y confiadamente. Las palabras de amor, las palabras que acompañan y reconfortan.

Los amigos. Tomar café. Conversar con amigos que hace tiempo no veíamos. Conversar con M, en Oriente, y con M., en el Norte, mandarles besos y decirles que las quiero con todo mi corazón.

Confirmar que prefiero los días sencillos y buenos, sin grandes proezas, sin grandes sensaciones. Son días azules. Y E. está en ellos.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Quererte no es bonito, es bueno

Esto es un poquito difícil. ¿Cómo crear un post lleno de amor sin que el almíbar rebose? Porque mi aversión a las calorías azucaradas en forma de escrito es legendaria. Porque soy tan chula yo, que cuando leo los blogs y escritos de sumisas rendidas a su Amo y Amor me digo: Yo???? Nunca!!!!!

¿Cómo escribir sobre nuestro Amor? ¿Cómo hacerlo con palabras rotundas, serias, transparentes, ligeras, suaves, dulces (ops!), redondeadas, infinitas, directas, plenas, llenas, tangibles, materiales e inmateriales, veraces, contundentes, valientes, espirituales, carnales, palabras de amor?

¿Cómo decir en pocas palabras (para que el post no sea pesado y de ganas de mandarlo a freir monas), como, digo, decir en pocas palabras que Él es mi Amor y que le deseo, que le venero, que me rindo a Sus pies? ¿Cómo hacerlo y que Él lo sienta en el alma, en el cerebro y directamente en su sexo?

Quererte no es bonito, es bueno. No lo digo yo. Lo dice Él.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Lecturas acumuladas


CASTLE HOWARD. YORK. U.K.

Parecía que iba en buen camino, hace un mes, pero he vuelto a acumular libros en la mesita de noche. Empiezo uno, aparece otro, se me antoja releer otro más, intento acabar el primero... El caso es que me encanta tener acumulación de lecturas. Una mesita de noche sin libros uno encima de otro es un erial.

Tengo aún pendiente Tentación, la novela del húngaro Janos Szekely. Creo que llevo más de un año con ella. Cada vez me resultaba más triste y deprimente y eso que casi la tengo acabada. Aún así es una gran novela sobre la época de entreguerras y la Hungría de Horthy.

Comencé la segunda parte de la trilogía de Francisco Casavella, El día del Watusi. Es tan magnífica como esperaba y de lectura lenta. Como acabé la primera parte, no me siento culpable, no he dejado la historia a la mitad. La segunda toma el mismo personaje años después y no pasa nada si retraso su abordaje.

Me puse a releer Bella del Señor. Un día caí en la cuenta que plantea una historia con características D/s y me volví a enganchar. La leí en la Facultad, es una novela muy hermosa y con un sentido del humor agudo y negro, muy, muy inteligente.

Casi he acabado Saber perder, de David Trueba. Me esperaba algo más simple y me ha encantado ver que me equivocaba: es una novela sencilla pero limpia, sobre historias y personajes cotidianos. No te comes la cabeza, no te agobias, ni deprimes y una se duerme tan contenta.

Por último, y más importante, compré hace más o menos un mes Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh, una edición de bolsillo. Ni he visto la serie ni la película que rodó Emma Thompson hace unos años. Comencé el primer capítulo pero la dejé porque me vino la novela del Watusi y ya me enganché con ella. Hace un par de días E. me habló de la serie. Me habló de Castle Howard. Y vi que las coincidencias a menudo nos hacen sorprendentemente felices.

martes, 24 de noviembre de 2009

Un apunte del natural


ALBERTO DURERO, Hierbas en un prado, 1503

Un puñado de hierbas merecedoras de un cuadro. Acuarela, plumilla y tinta, lápiz y aguada sobre papel, en apenas 40 por 30 centímetros. Lo más humilde del mundo y además lo más falto de pretensiones. Es sólo un estudio, unos apuntes tomados del natural. Pero tuvieron su tiempo y ahora merece la mayor admiración.

Lo más humilde, cuando no esconde esa falsa modestia tan aborrecible, es lo más grandioso. Es muy difícil de encontrar. Probablemente en este espacio tampoco se encuentre. Querer ser verdaderamente humilde, no, carajo, SER, tener la ESENCIA de la verdadera humildad es un don escaso. En realidad nos mola mostrarnos falsamente humildes y, como siempre se detecta, el resultado es penoso.

No tengo pretensiones, no quiero tener pretensiones sobre mi relación con E. Es la relación más humilde y más sencilla sobre la Tierra. Intento, intentamos que tenga en si las cualidades de la pureza, de la Dominación pura y sin matices. Profundizamos en ello, sin pretensiones, intentando no mostrar un mundo falso o banal, intentando hacer de lo sencillo lo más grandioso. Solo para nosotros dos.




lunes, 23 de noviembre de 2009

Mi segunda mejor amiga

Hoy es su cumpleaños, cualquiera se olvidaba. Si olvidas felicitarla se pone triste, se cree que nadie la quiere. Ella es así, complicada, quisquillosa. Es mi segunda mejor amiga y nos hemos peleado varias veces, joder, cuánto duele pelearse con la segunda mejor amiga. Pero somos dos brutas, dos intensas, dos refunfuñonas, dos conflictivas, dos antisociales.

Recuerdo perfectamente el día que la conocí. Ella era compañera de clase de mi primera mejor amiga. Estábamos en tercero de BUP y probablemente era otoño. Un sábado de otoño, cuando salíamos a dar una vuelta y tomarnos una caña en un bareto donde las tapas estaban buenas y eran baratas. Ella llegó con su eterna melena rizada, con su eterno gesto altivo. Hala, me cayó fatal, pero mal, mal. Sacó su paquete de Ducados, ese olor repugnante, y se puso a hablar de novios y cosas que, yo, que estaba atontada entonces, me resultaban de gente mayor.

Pero con tres Ducados y un par de cañas después apareció ES, la que a pesar de los pesares sigue siendo mi segunda mejor amiga. Siempre leal. Siempre dispuesta a escuchar. Siempre atenta. Siempre con un Si por delante. Cariñosa a su manera, extremadamente borde y arisca pero con el corazón más bueno que te puedas echar a la cara. Ahora ha vuelto a nuestra ciudad. Pasó diez años fuera y ayer por la tarde salimos, como en los viejos tiempos, a dar una vuelta y hablar de casi todo, como antes.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Defensas bajas

Ayer por la tarde empecé a sentirme mal. No suelo ponerme mala, y cuando lo hago es siempre en el peor momento, maldita sea. Empecé con escalofríos y nauseas, en fin, que apenas he dormido. Ahora tengo el cuerpo derrengadillo, estoy flojucha y sin ganas de comer.

E. se reía dulcemente mientras esta mañana le contaba mis achaques. Claro, a Él le mola tenerme flojucha y usable. Natural. Me da mimos y me dice cosas bonitas. Yo me río en plan pava y abuso de mi estado gripal para que me de más mimos, etc, etc.

Es puñetero estar pachucha. Entran malos pensamientos nada propios de una kajira. Entran ganas de estar tirada en la cama y le hagan a una todas las tareas. ¿Qué hacen las kajiras cuándo estan malitas? Ay, Gor, bendito Gor.

Hace un rato pensé que me encontraba mejor y se lo dije a E. El plan era fardar un poco, una cosa como: mira, lo fortachona que soy, pedazo de hembra que Te llevas, que no han pasado ni 24 horas y ya está curada.

Pero E. siempre me las da por todos lados. Yo presumiendo y resulta que a Él no le importa que yo esté pachucha y desea seguir cuidándome. Es que soy tonta. Siempre quiero ir un paso por delante y no es así.

En fin, mañana cuando repase esta entrada pensaré que he desvariado un poco más de la cuenta, He escrito casi mecánicamente y no se qué saldrá de aquí, pero bien poco me importa. Debería convencerme de que cuando se está con las defensas bajas casi todo es perdonable.

viernes, 20 de noviembre de 2009

El tiempo elástico

El jueves estuve charlando un buen rato por teléfono con mi mejor amiga, mi querida amiga desde la infancia, AB. Creo que estuvimos de cháchara cuarenta minutos. (E. dice que eso es gallinacear. Con E. estoy aprendiendo un vocabulario nuevo que me encanta). A lo que iba, charlamos cuarenta minutos saltando de un tema a otro, blablabla, y mientras charlaba yo iba planchando. Me acabé un montonaco de ropa así de grande.

Filosofando con mi amiga, concluimos las dos que a más maduras (pero tremendamente guapas, que mi amiga, madre de dos niños, tiene un tipito arrebatador), menos nos cansamos. O que podemos con todo. O que no paramos desde la mañana temprano hasta la noche tarde. Al final nos dimos ese merecido subidón de autoestima de madres y trabajadoras que charlan una tarde tonta.

Hace un ratito me llamó por teléfono mi segunda mejor amiga desde la infancia, ES. El lunes es su cumpleaños. Tontaaaa, le dije, yo me acordaba. Lo cierto es que me acordé gracias a E, qué cosas. El caso es que menos mal que lo recordé porque mi segunda mejor amiga no perdona un olvido de cumpleaños.

Ayer charlé por teléfono con mi hermana la pequeña, que aunque tiene treinta tacos sigue siendo la pequeña. Tambien cuarenta minutos de reloj. El tema musical que he seleccionado me recuerda a ella. Es de cuando ella era una adolescente rebelde que en vez de estudiar se ponía a charlar con el novio desde el balcón. Como me empezaba a sentir vieja y no quería desfasar mucho le decía a mi hermana, Niña, ponme música de estos tiempos y me ponía lo que a ella le gustaba que eran Nirvana, Garbage y toda la pesca grunge, entre ellos los Smashing Pumpkins. Esta canción la quemé de tanto escucharla, cuánto me gustaba. Es del 96. Yo salía algunas noches, iba a conciertos, ya trabajaba en lo mío y me asustaba hacerme mayor.

martes, 17 de noviembre de 2009

Lineas de la mano


Estas son las líneas de la palma de mi mano izquierda. A veces me las miro, son líneas muy finas, muy débiles, quirománticamente hablando, significan una vida poco firme, yo que se, no me lo creo. De todas formas siempre me gustaron mis manos y me gustan sus líneas suaves.

O quizás signifiquen espiritualidad, no se, en realidad yo a veces no soy muy terráquea que digamos. A veces no encajo, a menudo no entiendo cómo se lo monta la gente. Esta mañana en mi trabajo, la gente se peleaba por horarios. Se peleaban en plan murmurador y conspirador. Me molestaba. Por la tarde volvieron a la carga y vi miradas desagradables y cobardemente desafiantes. Me indignaba. Odio esas actitudes mezquinas.

Luego volví a E. No era terrestre, volví a E. y nuestro mundo.

Luego, intenté entender comportamientos egoístas y dañinos. Esta noche me duele la cabeza pero da igual. ¿Cómo estará la Luna? Me lo preguntaba hace un rato.

Mezquindad. Cobardía. Egoístas. Crueles. Gente dañina. Qué injusto.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Yo era modélica

Modélica y sacaba buenas notas. Responsable, aplicada, me dieron un premio por ser la niña más buena de todo el colegio, de TODO el enorme colegio público pero sexista, represor y reprimido donde hice la EGB. Estaba en tercero, me nombraron, salí en medio del patio con mi coleta tirante - tirante, desde siempre, ya apuntaba modales-y el director me dio un diploma y un estuche de colores.

Pero no recuerdo con alegría ni el colegio, ni el instituto. Quizás por ser tan modélica y responsable. Ahora me rio cuando me hablan de "lo mal que estan los estudiantes hoy en día y bla, bla, bla", ja. O quizás yo era una rara. Las niñas de los 70, las adolescentes de los primeros 80 eran también crueles y desagradables. Era cruel llegar a clase y desear pasar inadvertida porque ni la ropa que llevaba, ni mis modales y buena conducta, ni mis notas ni mi forma de peinarme ni nada agradaba a un puñado de crías maleducadas. También era cruel soportar burlas en clase de educación física, soportar burlas en el patio por ser torpe, pava o simplemente, rara.

Siempre he sido modélica y a veces, insoportablemente modélica. Hubo un tiempo en que tuve un cargo directivo. Fui repulsivamente responsable e indecentemente exigente. Aguanté tres años, no podía soportar la ineptitud de algunos, ni mi falsa creencia de ser insustituible. Hubo un tiempo en que quise ser modélica en TODOS los aspectos de mi vida. Aguanté ¿siete, diez años?. Tuve que dejarlo o me iba al carajo, de tan asquerosa perfección, tan vomitiva decencia.

No es que haya mejorado, sigo con mis neuras perfeccionistas, pero, es lo bueno que tiene madurar, todo se lleva de forma más simple: ni modélica ni imprescindible. O al menos, no querer tensar cada uno de los hilos que forman mi vida. Mantenerlos cerca, cada hilo, cada querido hilo, pero dejar que vayan al aire, que floten alrededor y ni me hagan daño de tan apretados, ni se corten por no aguantar más.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Perspectivas sobre humillación

En mi etapa cibersexual mantuve una relación intermitente con Luis. En realidad no recuerdo su nombre, pero se parecía al actor Luis Tosar. Eso me gustaba, tenía un aire bestia y elemental, casi cejijunto y de mandíbula fuerte, me gustaba mirarlo por la webcam.

Ayer le hablé a E. un poco de él, por eso lo traigo aquí, hoy estuve pensando en algunas cosas de aquella relación. Le conocí en un chat de cibersexo, no era un sitio dedicado a la Dominación, y por aquella época yo me autoengañaba pensando que el tema no me interesaba. Simpatizamos enseguida porque él era, como digo, bastante directo y básico, ojo, no inculto ni un memo, pero era de esos hombres que transpiran un sexo animal. Manteníamos conversaciones altamente eróticas, sin objetivos, sólo por el placer de acostarnos sonrientes y excitados.

Él me habló de sus preferencias por mujeres sumisas. Yo rechazaba la palabra -menuda falsa estaba hecha, en fin- pero me gustaba que me contara. Me habló de una relación del pasado con una pareja de sumisos. Me relató cómo les humillaba y yo me hice la durita. Buah, qué chorra -lo pensé, no se lo dije, pero ya digo, me hacía la durita-.

El caso es que en realidad me repugnó aquella historia que me contó, una historia de humillación bastante absurda, con poca chicha. O en realidad no fue la historia en sí, sino la forma cómo me la expuso: él se reía, él utilizaba términos despectivos hacia aquella pareja, habia desprecio en sus palabras.

Luego he ido aprendiendo que eso no es humillación en la D/s. Yo deseaba meterme de lleno en los campos de la humillación, pero las historias que vivió y me contó Luis no eran ni mucho menos edificantes. Vaya, para nada quería algo así para mi. No solo por el tonito antipático de sus vivencias, sino además, por lo cutre y hortera de las mismas.

Humillación, E. y yo lo vamos paladeando cuando viene al caso, puede ser una vivencia elegante, sensual, a la vez que tensa y cargada de energía. Que una caiga, cuando viene al caso, de su pedestal de arrogancia, supone un golpetazo tremendo. Pero abajo hay un colchón. Yo quizás no me lo espero, o si, pero no pienso en él mientras me voy cayendo para abajo. Pero lo cierto es que el colchón está: son las palabras, los cuidados de E. tras su empujón. Nunca despreciativos, nunca ridículos.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Temor, deseado temor

A veces E. me provoca temor. Digámoslo claramente: a veces E. me da miedo.

Me ofrece miedo.

Es su voz, el tono de su voz, lo que El me dice, el timbre metálico y acerado de su voz, las palabras duras y humillantes que salen de su boca.

¿Miedo? ¿Temor? Si, joder, un miedo increíblemente purificador, maravillosamente limpio.

Me modela y si se le antoja me provoca temor. Me sobrecoge. Me coloca ante un abismo. Nunca nadie se puso a tal altura, nunca nadie me puso en tanta desnudez. Llegar a tocarlo es poderoso, es enfrentarse por fin a lo que nunca nadie me puso delante.

No se trata de jugar, no son imposturas. Tampoco se trata de flirtear con sensaciones fuertes.

No se definirlo mejor, en estos momentos. Imagino que seguiré pensando en ello y en cómo explicármelo mejor.

martes, 10 de noviembre de 2009

Contra la mediocridad


W. TURNER. El ángel que está en el Sol

Hace unos días escribía que ni E. ni yo somos unos mediocres. Querría aclarar lo que entiendo por ello, sobre todo por aclarármelo a mi misma. No ser mediocre no es ir de guay, ni hacer cosas extraordinariamente extraordinarias. No es creernos superiores por lo que somos o lo que hacemos. Eso es cutre y ... mediocre.

E., yo misma, somos lo más normalito del mundo (aunque E. está muy bueno, E. es guapo como un ángel victorioso. Ejem, yo misma tampoco estoy mal, para que ponerme en plan falsa modestia). Pero somos lo más sencillo, natural y poco extravagante que hay sobre la Tierra. Vivimos de la manera más cotidiana y nuestras aficiones, nuestra forma de vestir, nuestro modo de vida es de lo más corriente.

Pero no somos mediocres. No solo por nuestra relación D/s, que también, porque reconozco que no entra dentro de los que consideramos vida convencional. No somos mediocres por algo que va más allá de la relación D/s que estamos construyendo poco a poco. Es la forma de afrontar la vida, que yo identifico con el espíritu del Romanticismo del XIX. Cada uno de forma diferente, no la describiré, pero si que lo hacemos de forma poco convencional.

Muy diferentes, lo cual quizás nos acerca puesto que nos esforzamos en adaptarnos y nos escuchamos. Muy diferentes pero similares en el fondo y en los objetivos: ¿Por qué hacer lo que hace la mayoría? ¿Por qué mi vida, nuestra vida debe regirse por los cánones usualmente aceptados? No hablo sólo de vida D/s. Hablo de TODOS los aspectos de nuestra vida.

Ocurra lo que ocurra, ahora, hay momentos en que tocamos el cielo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Soy una suma

La entrada de hoy del blog de desconvencida trae un framento del final de Los restos del día, la magnífica novela de Kazuo Ishiguro. Mrs. Benn, que siempre resultó ser una mujer sabia, muestra a Mr. Stevens cómo ha aceptado su vida tal y como es y no se permite debilidad alguna imaginando otra vida posible.

Cuando hablo de aceptar nuestras vidas no me refiero a ser conformista con lo que nos viene. Hablo de aceptar lo pasado y deglutirlo, transformarlo en algo creativo en nuestro presente. Hablo también de reconocer que somos lo que somos por nuestras vivencias anteriores. Todos los fracasos, todos los logros, cada una de las experiencias nos conforman en las personas que somos ahora.

Con veinte años yo no era así, qué perogrullada, pero quiero escribirlo. Con veinte años yo era aún una jovenzuela con miedos tremendos y una enorme necesidad de reafirmación. Iba de rebelde por conveniencia y para agradar, fantaseaba con ser amada para siempre por un chico rubio, fantaseaba con hacer grandes cosas, las cosas típicas de una veinteañera: teatro, Greenpeace, barricadas, besos en cada barricada. Fantaseaba con ser amada para siempre de la manera que fuera. Sentía que todo estaba en el aire y por vivir, era pura energía fantástica.

Con treinta años tampoco era así, era una mujer joven con ganas de ser madre, ganas de viajar, ganas de amueblar mi piso nuevo y que estuviera siempre perfecto. Me angustiaba no tenerlo todo bajo control: mis hermanas se marchaban de casa, cada una buscaba su lugar fuera y yo me angustiaba por ello. Quería salir de marcha, quería quedarme en casa, quería ser la mejor cocinera del mundo, quería ir al campo y al cine, quería hacer el Camino de Santiago y tumbarme en la playa. Quería agradar a todos, controlar la felicidad de todos. Hice algunas cosas, algunas me salieron de manera diferente a mis planes, pasó el tiempo y me acomodé a no ser perfecta.

No era mejor con veinte ni con treinta. Era diferente o eran diferentes mis necesidades y mi forma de plantearme la vida. Creo que ahora soy mejor persona, soy la suma de cuarenta y dos años, puedo ofrecer la experiencia de cuarenta y dos años. Estoy agradecida por ello.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Luna de miel

E. dice que estamos de luna de miel. Cuando lo dice yo saco morrillo, pongo la cara de pavizanga que Él ya sabe. Qué tonta por dios, de luna de miel, qué par de tortolitos.

Su collar está ahí, aguardando mi súplica. Le llamo por su nombre, saboreo su nombre -qué precioso es-, le tuteo -válgame Dios, soy una descocada-, pero mis confianzas no van más allá. El respeto, la actitud se mantienen igual, somos oficiosamente Amo y kajira, nos tratamos como antes pero con un paso dado. Mi actitud no ha cambiado con Él pero si es más amplia, más diversa, más cómoda y fluye una energía diferente a la primera vez.

Es tan importante el paso que queremos dar que vamos con cautela y medimos bien nuestras fuerzas. No hay prisas ni necesidad de demostrar nada, sabemos con quien nos la jugamos; sólo esperamos el momento, la señal, el click que me haga salir a mi de mi duermevela.

(La canción de Gloria Lasso viene maravillosamente bien, es ñoñísima pero me encanta. Además me sale la mar de aparente en el karaoke)

viernes, 6 de noviembre de 2009

Segunda parte

Lo escribo de forma poética: E. volvió a por su esclava; el señor de Gor, arrogante y curtido en mil batallas, luchando por salir de una ciénaga de esas traicioneras que también hay en Contratierra, llamó a su kajira y ésta acudió. Casi limpiamente, cuatro días que en Gor no son nada. La kajira tardó cuatro días en atravesar el territorio yermo que la separaba de su único Dueño.

Tenemos nuestra segunda parte, día a día E. está aquí pero no sólo por ello nuestra segunda vida es mejor que la anterior. Hay cambios que a personas de talla mediocre podrían parecer no digo insuperables, sino de locos superar. Hay dificultades que no son tal porque cuenta el tiempo, cuenta la dedicación, cuenta la paciencia, y cuenta lo condenadamente que nos queremos.

No somos mediocres pero tampoco somos inhumanos. Se mis debilidades y Él conoce las suyas, las compartimos y hablamos de ellas, joder, las vamos superando unos días peor pero otros días son la hostia, no somos inhumanos pero podemos llegar a ser dioses (Él más que yo, naturalmente).

Lo cotidiano se entrelaza con lo mágico, vivimos en un Gor de calles asfaltadas y mercadonas; vivimos en una ciudad de llanuras inmensas donde la kajira se humilla y el Amo la acuna para dormir. Una ciudad donde E. me somete, me cuida, me dirige, me cuenta y aguanta mis chistes. Una llanura donde su kajira se pavonea, danza para Él, humedece sus labios para besos e intenta confortarle y cuidarle como ella sabe hacer las cosas, con toda el alma.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Noble arte de la felación

Quitemos literatura al tema: nada de descripciones baratas y falsas sobre el semen engullido y ese honor que hace el Amo ofreciendo su polla a la esclava y bla, bla, bla. Literatura barata y falta de honestidad.

Cuando leo eso de los honores parece que se compara felación como algo raro, misterioso, excepcional, ag, no, no, no. Nada de excepcional, si lo vemos como raro y excepcional estamos a un paso del oscurantismo. Y no digamos cuando se trata como castigo -¿castigo?- a la esclava en plan "traga y humíllate". Cosa más falsa y más barata.

Ser felatriz es interiorizar y asumir como natural la donación de placer. Uno de los más básicos, elementales y nobles. ¿Un servicio? Para nada, si lo llamamos así seguimos banalizándolo. Ser felatriz es disfrutar dando placer hasta el punto de acoplarse y unirse absolutamente en la polla del Otro.

Cuando leo sobre "adoración de la polla del Amo" parece como si entrara en un museo, como si estuviera expuesta en una vitrina, qué triste. Faltan risas y falta humor. Ser felatriz no es faltarle el respeto al adorado miembro pero si encontrar el equilibrio entre trascendencia, espiritualidad y diversión. Cuando se obtiene ese equilibrio se llega al orgasmo mental -por favor, nadie se corre físicamente haciendo una mamada-, pero joder, cuando se consigue el puñetero equilibrio, una es dios.

viernes, 30 de octubre de 2009

Unidad

E. se preguntaba por qué le quiero, como si fuera extraño el quererle o... joder, como si no se lo mereciera, o yo qué se. Eso de merecerse los quereres me parece algo como tirando a absurdo, aunque no quita que yo pueda plantearme casos de gente que no se merece ser tan querida. Cosa que es injusta por mi parte dado que merecer o no merecer el amor de alguien no es designio de un ser humano.

Le dije a E. que no iba a hacer una lista de las virtudes que le hacen merecedor de mi querer. En primer lugar porque, como digo, amar y merecer no van de la mano (eso, insisto, tengo que aplicarlo al resto de seres humanos). Segundo, porque ya sabemos que odio hacer listas. Tercero, que no le amo por una serie de virtudes -y defectos, que los tiene, como todo dios-, sino que le amo y punto. No hay vuelta atrás, explicaciones, ni aclaraciones. Le amo a lo bruto, como tiendo a ser yo en la vida. Básica y elemental.

Vamos aprendiendo lecciones y es hermoso, aunque a veces sea terrible. Mostramos nuestras debilidades. Yo, que aparento ser tan serena y kajiriana, meto la pata, me desmeleno y me descompongo. Él, que es como es, me cuida, me cuida, me cuida y deja a un lado sus cojones. Yo, que le saco partido a todo, me enriquezco, sumo, subo, me domo, me pulo, aprendo, me perfecciono. Él, que es como es y por eso -no solo por eso- le amo, me enriquece, me pule y me doma, me perfecciona.

No hacemos malabarismos, no hacemos piruetas, no hacemos cabriolas. No hacemos nada y lo hacemos todo. Nos equivocamos y seguimos hacia delante. Me desespero y sigo hacia delante. Se quiebra y sigue hacia delante.

Somos una unidad.

jueves, 29 de octubre de 2009

Amor vincit omnia


Lo cual para mi es casi una perogrullada pero no está de más repetirmelo y repetirlo. No quiero ver más allá de pasado mañana y sí quiero repertirme el mantra amoroso que veo en el Embarque para Citerea.

Preciosa obra de Watteau, la tengo abierta aquí delante y la miro mientras escribo. Las damas, sus caballeros, el barco que va -¿o llega? de Citerea. La dama que mira hacia atrás. Es tentador mirar hacia atrás, a veces y pensar en las elecciones que hacemos. Es tentador también pasar, en el camino al barco, como quien no quiere la cosa, pasar casi inmaculada, pasar impermeable.

La dama que oye las palabras de su amante, que oye y asiente a todo lo que el dice. La dama recostada sobre las rodillas de su amante, que le mira y adora. La dama que necesita los brazos de su amante para levantarse, o bien, que necesita que sea él quien tome la decisión de zarpar.

Todo lo vence y es así, tengo cuarenta y un años, en diciembre cumplo cuarenta y dos, yo creo que ya, a estas alturas, se bastante del tema.

martes, 27 de octubre de 2009

Por fin, leyendo


Por fin llegó el pedido del Círculo de Lectores: El día del Watusi, de Francisco Casavella. Llevaba muchos días sin encontrar nada que me enganchara, muchas relecturas y hasta, glups, ese maravilloso bestseller que es El valle de las muñecas.

Ya leí hace mucho El triunfo, una novela corta y magnífica, la primera de Casavella. Ésta del Watusi, que Círculo ha editado como un único tomo de una trilogía, me está pareciendo magistral. Tiene el tono de humor ácido que me entusiasma y admiro. Ahora, mientras la leo -de noche, en la cama, resulta algo trabajosilla, porque es un tochazo y se me clava en el tórax-, me pongo verde de envidia, porque yo siempre he querido escribir así.

Y bueno, transcurre en Barcelona. Para qué quiero más.

domingo, 25 de octubre de 2009

Visión de mi Paraíso

Hace muchos años soñé con el Paraíso, el Cielo de verdad, el lugar donde van las almas al morir. No contaré el lugar con el que soñé porque es demasiado íntimo. Y quizás al describirlo sólo parecería un paisaje paradisíaco, como tantos otros.

Ya he escrito sobre lo que creo y sigo pensando que es muy infantil, pero es algo que me da igual. Yo rezo a mi manera, pido cosas a Dios porque me reconforta. No pienso que se cumplan mis deseos porque no quiero creer en algo tan pueril, como si Dios fuera una varita mágica, pero rezar, pedir, hablar íntimamente con Él me da calor.

Jamás me he replanteado mis creencias y jamás he bordeado la incredulidad. Vería mi vida muy triste y gris si así lo hiciera. Mantengo aquella visión del Paraíso con la que soñé y vivo con ella intentando mantener la mayor serenidad. No es algo fácil, algunas veces en el primer sueño me despierto sobresaltada con miedo a morir.

Ayer fui bastante estúpida y a ratos me olvidé de ser coherente. Hoy he leído algunas cosas que me recordaron cómo debe ser el transcurrir de los días. La bondad y la compañia de las personas que me rodean, la amistad que se me ofrece. La ventura de estar de nuevo con E., de compartir mi vida con Él, su vida conmigo... La dicha de amar.

jueves, 22 de octubre de 2009

Entrega y otras metáforas

La palabrita siempre me ha caído mal. Yo leia ENTREGA, así con mayúsculas, toda adornada, sólo le faltaban luces de Navidad.

La palabrita se me atraganta. Me suena babosa y rematadamente falsa. La primera vez que la leí en una frase, dirigida a mi, vi lucecitas de colores chillones y bastante horteras. Una simpleza del estilo: ¿Has hecho ya tu entrega? Algo así. No tengo palabras.

La dichosa palabra resulta que es una metáfora de "follar en plan salvaje con mi Amo, dejarme azotar por todos lados, dejarme pinzar aquí y allá, follar con el amigo de mi Amo, chuparle la polla a mi Amo y al amigo, dejarme atar divina de la muerte, etc, etc, etc". La sumisa que hace eso por su Amo está totalmente ENTREGADA. Y el Amo chachi piruli de contento.

Pero no. Tan sencillo no puede ser. Si la ENTREGA es eso, joder, eso no es tanto. Eso es pura física. Eso son hormonas que suben y bajan, placer que viene y va, saliva, semen, sudor. La Entrega no puede ser sólo eso.

Hoy voy bordeando las claves de su significado. Eso no quiere decir que me haya reconcilado con la palabra. Probablemente nunca la use. Me niego a decirle a E. algo tan memo y tan vilmente manoseado. Tampoco voy a inventar nada nuevo, para qué. Como siempre, soy soberbia y voy de listilla. Hoy empecé a pasear por el filo de Gor y en algún momento me entraron ganas de dar media vuelta y ser una cobarde. Pero las soberbias eso no lo reconocemos nunca: cobarde yo, ja.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Hiperrealismo











JOHN DE ANDREA, Released

Le gusta a E. Se encuentra en la exposición "Lágrimas de Eros" del Museo Thyssen. Estuve mirando el contenido y es magnífico. Probablemente sea un éxito.

Busqué otras obras de este escultor y todas son extrañas, todo lo extraño que suelen resultar las obras de estilo hiperreal. Imagino que verla en directo debe ser aún más desconcertante: piel de polivinilo y pelo natural.

E. pensó en una kajira al ver la foto de esta escultura. Las manos atadas a la espalda, ese rostro medio agonizante, medio extasiado. ¿Una kajira cómo? ¿Qué más pensaba E., qué siente al ver la imagen?

Como soy tan egocéntrica, al ver la imagen me veo a mi.

lunes, 19 de octubre de 2009

Correcta Cenicienta

Esta tarde estuve ojeando un libro en El Corte Inglés que aún me tiene mosqueada. Me fui para él como un buitre, zas, buscando carroña. Aún me encuentro carroñera y tengo ganas de destripar.

E. tampoco es políticamente correcto. Yo lo fui un tiempo y tuve tanto, me quedé tan despanpuzada, que ahora apenas unas gotas, una páginas, un dibujo de corrección política me dan ganas de vomitar. Estoy desagradable pero a veces hay que echar un poquito de caca al espacio. Y el cuento políticamente correcto de la Cenicienta que estuve ojeando esta tarde tiene todas las papeletas para provocarme indigestión.

Creo que lo que llevé mal fue que estuviera en la sección de libros infantiles. Quizás en la sección autoayuda no me habría provocado la mala leche ésta. Pensé en el cuento original. Pobres hermanos Grimm. Primero Disney y ahora, estas escritoras tan ... topeguays. En el original las hermanastras fueron condenadas por el Príncipe a calzar zapatos de hierro candente hasta morir de agotamiento. La Cenicienta, muchos cuentos de los Grimm, de Perrault, de Andersen, son obras perversas donde los finales casi nunca son felices y donde los castigos son terribles.

Cuando me reconocí sumisa hice un acto de incorrección política. Una especie de burla personal a los mamoneos que viví, hacia la gente hipócrita que conocí. Eso no quiere decir que no sea feminista, lo soy, ferozmente feminista, pero a mi bola, pasando de manuales y reglas, igual que paso de reglas y dictados en el BDSM.

domingo, 18 de octubre de 2009

Día domingo

He dormido tres horas. Yo suelo dormir ocho, con mis ocho horas soy persona. Esta madrugada de domingo sólo dormí tres y además de mala manera. La cabeza me daba vueltas y tenía frío en los huesos. Me levanté con dolor de cabeza y con un hambre atroz -eso no es extraño, porque para mi el desayuno es PRIMORDIAL. Me harté de desayunar, me puse tibia y además mientras desayunaba leía una revista rosa, la que regalan los domingos con el periódico local.

Aún me duele la cabeza. Estoy un poquito medio zombi. Ya tengo lista la comida y me he pasado la mañana limpiando porque tenía la casa bastante cochambrosa. Así que estoy literalmente hecha un trapito.

Estoy contenta. Sólo he dormido tres horas -yo que necesito ocho- y estoy que me muero de contenta.

jueves, 15 de octubre de 2009

Mis reglas imprescindibles para postear

De la excepción sale la regla: haré una excepción en mi manía de no hacer listas.

1. No escribir ñoñeces, memeces y pamplinas subidas de azúcar.

2. No escribir sobre lo que me gustaría hacer, sobre lo que proyecto hacer, sobre planes para el futuro.

3. Jamás quejarme, autocompadecerme, lloriquear, gimotear.

4. No hablar de E. con tono pedante, almibarado, ni de poesía barata.

5. No escribir ladrillos, tostones, parrafadas largas que dañan a la vista y al buen gusto.

6. Dado que es un espacio público y al menos E. se que lo lee, no abusar de la prosa poética ni de las metáforas. El texto ha de ser medianamente comprensible, aunque me tome licencias poéticas porque me gusta y para eso es mi blog, no abusar de la paciencia de los demás hablando de cosas que no entendería ni su tía.

7. Usar el humor como arma contra lo lacrimógeno y la autocompasión.

8. Hablar de mi porque es el único tema que domino. De lo que hago, lo que leo, lo que percibo, lo que miro, lo que amo, lo que vivo en presente y he vivido en pasado.

9. Mantener un tono objetivo e intentar equilibrarlo con la mezcla de humor antes expuesta y de pasión propia de mi forma de ser.

10. No intentar querer gustar a través de lo que escribo, tampoco provocar inútilmente o escandalizar. Insisto, ser objetiva porque este espacio es sólo un lugar para mi higiene mental.

(Nunca lo hago porque me da verguenza reconocer que tengo lectores además de E., pero por una vez, gracias a quienes me leen)

miércoles, 14 de octubre de 2009

Hormonas, misticismo.

Acabé agotada del trabajo esta mañana, más emocional que físicamente. Además estoy con la regla, yo soy bastante previsible, básicamente hormonal. Es tener la regla y agotarme y sentir que si sigo tirando me quiebro. Pero se pasa en cuestión de dos días. No soy complicada yo.

La cuestión es esa: no ser complicada. Cuando era una chavalina escuchaba una y otra vez esta cinta de Supertramp. Los temas tan místicos de Even in the quietest moments me llenaban los ojos de lágrimas. Misticismo adolescente, previsible en toda adolescente -en casi toda-. Bastante básico y elemental.

Leo sobre relaciones D/s, sobre relaciones de todo tipo, no solo D/s, leo lo que la gente se complica la vida y quizás mi vida desde fuera pueda resultar complicada pero yo la resumo en un asunto muy básico. No lo escribiré aquí, yo me lo se y me lo repito día a día, constantemente. Estoy tranquila, relativamente melancólica, y tremendamente mística porque ya digo, es cosa hormonal. Cada vez exploto menos, o, mejor aún, cuando exploto algo ocurre que no pasa nada después. Quizás contagie -aunque esto ha sonado presuntuoso.

viernes, 9 de octubre de 2009

Las carencias nutritivas

La relación que E. y yo hemos recomenzado está llena de carencias. No hay ji ji ji, ja ja ja. Hay asuntos que nos faltan, asuntos que podrían hacernos retroceder o envenenarnos la sangre.

Pero la relación que E. y yo hemos recomenzado ha traído asuntos nuevos, la hemos enriquecido con nuevos aires, nuevo material que nos enriquece.

Así que la relación va llenándose y nos vamos nutriendo incluso de nuestras carencias. Ninguno de los dos somos estúpidos, si fueramos estúpidos no habría historia.

Hemos retomado palabras y acciones de la primera vez y son palabras y acciones que ahora tienen nuevas virtudes. Son buenas, hay bondad en nuestros actos y por dios santo, que no se tome la palabra bondad por algo ñoño y memo. Joder, bondad es crear, crecer, salir a flote, vivir.

Son acciones amorosas que nos nutren y que nunca, nunca, nunca socavan la relación de sumisión que mantengo con Él. Porque Él es sabio, porque tiene dos cojones así de grandes, porque es fuerte, porque es bueno y porque lleva la Dominación en la sangre. Así que somos capaces de desearnos y amarnos pero a la vez, yo soy capaz de someterme y Él capaz de uncirme el yugo de esclava.

lunes, 5 de octubre de 2009

Dulce transcurrir de los días

Él me cuida. Hablamos y nos enviamos mensajes, cada día, gracias al cielo, estamos atentos uno del otro. Parecemos novios pero no lo somos y no queremos serlo. Él me cuida y a veces, cuando le apetece, me domina. Golpea la mesa con el puño, dice Basta, Mar , ya te estás columpiando, me da una bofetada. A veces estamos calientes, a veces somos alegremente obscenos. Pero, sobre todo, me cuida.

Aún no somos Amo y kajira y quizás tardemos en volver a serlo. No hay fechas, no hay planes, dejamos que los días transcurran dulcemente. Cada uno recuerda su lugar pero todo transcurre suavemente, volvemos a reconocernos, volvemos a encontrarnos, volvemos a casa. Le tuteo, bromeamos, reímos y cada día nos reconforta el alma.

Tenemos la seguridad de nuestros deseos y nuestras convicciones. Ni por amarle yo, ni por mimarme Él, rebajaremos nuestro compromiso. Ahora me rodea de cuidados, el cálido colchón de su voz, pero eso no me hace más débil, ni tampoco a Él. Al contrario, demuestra día a día que tiene la capacidad de amar, no sólo de dominar, y eso hay muy poca gente que sepa hacerlo.

jueves, 1 de octubre de 2009

Cosas que hacer cuando una es kajira

Plantearé la cuestión tal y como yo la veo. La kajira pasea tan feliz por esas benditas llanuras de Gor hasta que Él, el Macho, el Guerrero goreano la ve y la caza. Ella, que no es tonta, hace como la que lucha; Él que no es tonto, hace como el que lucha. Al final acaban juntos.

Él es fuerte, valeroso, digno, firme, brutal cuando la ocasión lo requiere, serio, formal (y está muy bueno). La kajira se enamora. Ya desde que fue cazada empezó a enamorarse, puesto que el Hombre capaz de tal proeza es digno de ser amado. Muestra su amor en todos los frentes, porque las kajiras son mujeres apañadas: la mejor folladora, la más limpia y hacendosa, serena y nada histérica, la mejor mamadora, da masajes, recibe los latigazos que haya menester, lee el periódico para su Amo y le quita las espinas del pescado.

Pongamos que Él se va para mucho tiempo, o pongamos que se va para más tiempo aún. Porque si, porque le sale de los santos huevos. En Gor, Él puede hacer lo que le salga de sus santísimos huevos. Y al irse libera a la kajira , la deja libre para que siga triscando por las agrestes llanuras goreanas. Las cosas son así, ya sabemos que Gor no es justo y bla bla bla. La kajira se irá, con sus santos ovarios, derramará una lagrimilla pero se irá, sin reproches, sin histerias, sin malas palabras. Y probablemente, si es una kajira como Dios manda, amará a su único Amo hasta el día que la palme (ella), aunque otros Señores antes la cacen y se la follen.

(Eso es amor limpio, eso es amor en libertad, eso es amor sin dependencia, eso es amor verdadero y aunque lo escriba en broma, ya sabes E. que me lo tomo muy en serio y me aplico, con muchísima disciplina, a formarme y perfeccionarme en la tarea. )

domingo, 27 de septiembre de 2009

Nuestros nombres


Antes nunca llamaba a E. por su nombre. Ahora lo paladeo, es un nombre rotundo, vigoroso. Por supuesto busqué su significado en la web y me confirmé en mi intuición: su significado es igualmente rotundo y a la vez, reconfortante. Antes no le llamaba por su nombre, creo que me perdía una preciosa sensación, pero cuando deje de hacerlo y le vuelva a llamar como antes... entonces también recuperaré el nombre dichoso de siempre, la forma bellísima de llamarle.

E. me llama Mar. Reduce mi nombre a lo esencial y me llama, me nombra usando una palabra amada por ambos. Mar, escribe; Mar, sale de sus labios y suena de una manera dulce y a la vez vigorosa, como Él.

Como una adolescente escribo su nombre en el aire y lo susurro a escondidas. Un día dejaré de hacerlo y le llamaré como antes, pero seguiré susurrando su nombre para mi, como un tesoro.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Romanticismo

La imagen clásica, una de las que en mi opinión mejor representa la idea del Romanticismo nacida en el XIX: El caminante sobre el mar de nubes de C.D. Friedich.

Mi idea de la Dominación y la sumisión, mi idea de Gor, mi percepción de las relaciones entre Amo y kajira es romántica. Y a mucha honra. Los purismos me la traen al pairo. Netamente romántica y dieciochesca. Con la esencia que trae el contemplar un mar de nubes desde la cima del mundo.

Eso es Romanticismo, aspirar al todo, aspirar a lo más alto, aspirar a la revolución. Intuir, o que leches, saber fehacientemente que es posible luchar por subir a la cima. Que si no se llega y muere el día sin tocar cumbre, no importa. Hemos sido valientes, lo hemos intentado.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Gente engreída

Esta mañana estuve conversando un rato con un compañero nuevo en el trabajo. El tipo se quejaba del actual destino, venía a decir que había bajado de categoría y que en los destinos anteriores había trabajado con gente de más nivel. Que este lugar es demasiado pequeño y mediocre y que los que en él trabajamos somos, por lógica, gente pequeña y mediocre (no dijo eso exactamente, pero por ahí iban los tiros).

Llevo en mi lugar de trabajo más de diez años. Ahora no lo cambiaría por otro. Es un lugar pequeño, somos pocos y el trato es cómodo y lo más relajado posible. En el rato libre desayunamos y hablamos de cosas cotidianas, bromeamos con afabilidad, a veces salimos por la noche a tomar cervecitas, tenemos un buen rollo. No hay gente prestigiosa, es un lugar de trabajo bastante humilde, con aspiraciones realistas y donde prima el trato cordial. Con buenos profesionales. No son eminencias. No pretendemos hacer grandes aportaciones a la Humanidad. Son (somos) buena gente.

Así se lo quise hacer ver al nuevo compañero. Pero los papanatas es lo que tienen: se obcecan y se obcecan. Él aspira a más, a cosas intelectuales, a gente superculta que no hable de los temas banales que tratamos a diario, en mi centro de trabajo. Y como el tipo no daba más de si, yo me fui poniendo en MODO OFF poquito a poco, que es lo que hago cuando el burro se pone a dar vueltas a la noria.

Lo curioso del caso y el motivo de por qué traigo esta simpleza aquí es lo que pensé en un instante, antes de dejar de prestar atención al compañero. Pensé: pero chaval, con quién te crees que hablas. Qué me cuentas de prestigio y de otras esferas. Chico, que yo juego en otras ligas. Que soy kajira.

Fue un pensamiento corto y rápido. Soy kajira, y no es algo que me haga sentir superior a las personas que me rodean. Soy siempre una más, siempre M. callada, tranquila, amable y a veces con mi genio. Pero, coño, que no me venga un papanatas a hablarme de trascendencias, ni con ínfulas de intelectual. Lo siento, no puedo tener aprecio por gente así.

martes, 22 de septiembre de 2009

El sueño de la razón

En las cosas del querer me abalanzo como una loba. El uso de la razón -que tan serena, ecuánime y equilibrada me tiene en asuntos cotidianos- hace caput.Por supuesto considero que así se vive mejor. La negación del querer no tiene cabida para mi. Nunca estuve no-enamorada (gracias a Dios).

Ya puse en otro lugar que amar tiene la cualidad de crecer en progresión geométrica. Aunque me repita, insisto y lo verifico. Cuánto más amas, más amas, más amas, más amas. Y para lograr ese inaudito crecimiento amoroso es preciso negarse a la razón.

Otra mujer más sabia y racional que yo habría puesto su bonita balanza y habría ponderado las virtudes y defectos de la situación. Para mi no hay balanzas que valgan. Las lobas salimos al campo a dar dentelladas y nos comemos la vida a bocados.

sábado, 19 de septiembre de 2009

4 horas, 18 minutos, 7 segundos

E. ha vuelto y solo se escribir que le quiero.

viernes, 18 de septiembre de 2009

El problema de la asepsia


Escribir con asepsia es un ejercicio liberador y requiere cierto esfuerzo. Las personas pasionales y en ocasiones impulsivas debemos trabajar la objetividad para no desbarrar más de lo preciso. Incluso frivolizar, que da mucha distancia a las cosas y es inocua. El problema de la asepsia es que resulta fría y huele a azulejo.

Cuando me pongo aséptica escribo sobre camisas transparentes, sobre lo bien que redacto y sobre románticos días de lluvia. Está claro que desvío la atención, lo de siempre, el pez que teme los alfileres. El pobre bicho va disimulando, a ver si no se nota lo sensiblote que es.

Cuando me pongo asépticamente objetiva no escribo de lo que realmente importa. El lunes aquí dentro algo rebotaba con fuerza.

Tampoco escribo sobre números de teléfono, sobre correos antiguos, sobre besos que mando al aire, en dirección noreste.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Lluvia en mis zapatos


Esta mañana me llovió con fuerza en el camino al trabajo. No hay apenas resguardo y allá que iba yo, con mi paraguas endeble y calzada con bailarinas. Se empaparon los bajos de mis vaqueros, escurrieron hasta las bailarinas y me encharcaron los pies. Fue una lástima porque iba tan fastidiada que no iba disfrutando del paseo.

Aunque a medio camino logré reaccionar: el chaparrón caía con fuerza y los coches pasaban despacio a mi lado. Ningún resguardo pero olía bien, como huele siempre con la lluvia. Y como siempre pasa con la lluvia que cae en el paraguas, el sonido de las gotas era reconfortante, ese viejo sonido que vuelve en otoño.

Piensas en caminar bajo la lluvia y, a pesar de los pies fríos y mojados, a pesar del flequillo que se me riza, a pesar de los pantalones empapados desde las rodillas, a pesar de la preocupación por sortear arroyos de agua que bajan la calle, a pesar de todo, hay magia. Cada paseo bajo la lluvia que abre los sentidos y ralentiza el tiempo trae el recuerdo de otros paseos mágicos. Cada paseo mágico fue un deseo de eternidad: vagar sin rumbo y eternamente bajo la lluvia, oliendo a tierra mojada, oyendo las gotas que caen sobre el paraguas.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Pintarse los labios, sistematizar emociones

Hoy me pinté los labios para ir a trabajar. Casi nunca lo hacía antes pero este verano mi hermana apareció con los labios rojos y me gustó. Así que la imito a veces, aunque cuando me miro al espejo y veo que hoy no es el día, me limpio los labios. No hay motivos para este cambio: antes apenas me los pintaba, ahora lo hago sólo porque es un nuevo apetecer. Así que es un pequeño cambio que no dice nada de mi, ni modifica nada ni implica evolución de personalidad.

Soy la misma aunque quizás haga cosas diferentes. Este espacio era para E. Pero sin Él también tiene sentido. Ahora es para mi, para Él si desea leerlo, para las poquitas personas que me leen y cuyo tiempo cedido me llena de gratitud.

Pero sobre todo es para mi por una razón sencilla: me gusta escribir, es una necesidad vital -frase que dicen todos aquellos a quienes les gusta escribir- y el formato de blog me viene perfecto. Hubo un tiempo en que deseé ser novelista, redacté hasta una novela -pésima- de la que ya comenté algo. Y como todas las mujeres de veinte años solitarias y enamoradas, también colecciono un buen montón de poemas.

Tengo aprecio por aquellos poemas, algunos hasta me gustan mucho -por las emociones que implicaban, ah, esta feo que lo escriba pero algunos no estaban mal-. Pero ya no es tiempo de poemas, ya no se escribir poemas. No por falta de emociones, no hay motivos, es como la anécdota de los labios pintados. Las cosas cambian pero no cambio yo.

Así que este espacio es mi manera de sintetizar mis emociones, ya que en eso consiste mi única cualidad como escritora. No se crear obras de ficción, ya no poetizo mis emociones. Ahora necesito ser clara -todo lo que soy capaz-. Encontrar las palabras adecuadas, lo cual es un enorme placer. Ordenar coherentemente mis frases. Hilvanar mis pensamientos y leerlos: es un objetivo sumamente egocéntrico, pero no creo que sea algo malo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Transparencias


El sábado me puse una camisa blanca casi transparente. Era una de esas celebraciones donde todos vamos guapísimos. Me encantan esas celebraciones porque soy muy familiera y porque me pongo ropa que no suelo usar los días normales. Así que me puse unos zapatos de tacón, unos pantalones de hace tiempo que he usado muy poco y están bien conservados -y son clásicos, o sea, atemporales- y la camisa nueva. Una de esas compras arrebatadas que hago a veces y que me ponen contenta.

El caso es que me la probé en la tienda y pensé: leche, se transparenta un montón. Y pensé luego: al carajo, me la compro, me sienta bien y es moderna... Me la puse el sábado, se transparentaba (un poco) el sujetador, un sujetador blanco -discreto a la par que elegante- y hala, a ver qué pasa. Yo me sentí bien, guapa y olvidé rápidamente la peculiaridad de la camisa.

Yo hablo poco, de hecho hablé poquísimo el sábado en la celebración. Como hablo poco quizás sea poco transparente. Ya puse que soy un poquito antisocial: hay temas de conversación que no domino, hay personas con las que no se conversar, no tengo el don de la sociabilidad, aunque soy afable, cariñosa, simpática, sonrío mucho, pero sosa, sosísima.

También es una defensa. A veces puedo sentirme como el pez de arriba; una aguja, tan sólo una aguja fina podría traspasar su piel inexistente y perforarle las vísceras.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Relecturas

Mientras espero que me venga el nuevo libro que pedí a Círculo de Lectores, estoy releyendo El buda de los suburbios (no consigo acabar Tentación, de Janos Szekely, porque es triste a morir. Ni consigo empezar Kafka en la orilla, porque lo que he leído y ojeado me suena a truño metafísico y gafapasta y mejor no digo lo que pienso del tema).

Así que he vuelto a El buda de los suburbios, que es divertida y no pedante, cosa que agradezco mucho en el momento de leer. Y tiene su carga profunda, vaya que sí, pero la encuentras bien mezclada con otros ingredientes inteligentes. Una delicia.

Igual que delicia es releer. El primer libro que manoseé literalmente, de pasar y repasar sus páginas, fue Lo que el viento se llevó. Muchísimo antes de ver la película. Me llevaba el libro a todas partes, al campo, a casa de mi abuela y leía mientras comía (manchas de grasa, de tomate y porquería variada). Lo leía en la cama antes de dormir, lo leía en el desayuno, lo escondía debajo de los apuntes de clase. Un tochazo asi de grande pero qué maravilloso.

Y es que el placer de tener entre manos un tocho así de grande que promete aventuras, amor, pasión es casi orgásmico. Cuando tuve El Señor de los Anillos en mi poder, en una edición de Círculo de un solo tomo, con miles de páginas... aquello era tocar el cielo con las dos manos. Y además, sin saber lo que iba a pasar porque casi nadie lo había leído entonces.

Tochos, babeo por los tochos, pero sólo novelas. No me den a mi ensayos aburridos, que ya tuve bastante en el tiempo en que eran procedentes. Sólo ficción y con anatema ejemplar a toda ficción con espasmos metafísicos, a toda ficción con ínfulas pedantesco-intelectuales y a todo lo que sea imposible leer y sólo hayan entendido unos cuantos elegidos para la gloria.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Recuperación de septiembre

Tengo una manía -una entre mil-, me repatea hacer recapitulaciones y resúmenes vitales. Lo considero una mediocridad: esas listas de cosas que hice, que logré. Y esas listas de cosas que aún quedan por hacer. Hacer listas de tal palo me parece algo banal. Las listas de cosas hechas no tienen utilidad: son cosas HECHAS. Las listas de cosas que tengo pendientes son algo más banal aún: se hacen para consuelo y autojustificación y luego se suelen olvidar.

Recapitular es una tarea superficial: oh, aquí está lo que hice pero, ohhhh, soy tan imperfecta y me queda aún tanto por hacer. Postureo. Proclamarlo, publicarlo aún siendo para mi, aún siendo yo la única lectora, es puro histrionismo.

Por tanto, no haré recuperación escrita en septiembre ni en ningún mes venidero. Hacerla me parece un ejercicio de hipocresía personal. No rehuyo el compromiso: puedo ser la campeona del compromiso personal y prometerme a mi misma una y mil veces que mejoraré con el tiempo. Pero no por escrito, no en listas, no en papel ni en pantalla.

Cada día camino una hora. Es el momento de las recapitulaciones, ese es mi momento. Las escribo en las aceras, en los pasos de peatón, las dejo reflejadas en los escaparates. Cada día me salen al paso y se mezclan con el oxígeno que respiro.

Estos días recordaba el tiempo en que yo cantaba las canciones de Hilario Camacho. Tenía diecisiete años, ahora tengo cuarenta y uno; escucho esta canción y se perfectamente lo que he recuperado. También lo que debo recuperar.

lunes, 31 de agosto de 2009

El problema de las espinas de pescado


Quitar las espinas al pescado es un incordio. Las madres sólo quitamos las espinas a nuestros niños, cuando son pequeños. Se desmenuza muy bien el pescadito y se investiga para que no haya espinas odiosas. No pedimos a cambio nada, se hace de forma natural. Cuando los niños ya son grandes, dejamos de hacerlo por el tema de la autonomía personal y esas cosas. Y ya no le quitamos la espina al pescado de nadie, o sólo si hay que cuidar a alguien enfermo o incapacitado. También entonces se hace y punto, por puro amor.

Pongamos un caso hipotético. Pongamos que soy esclava de un hipotético Amo que adora el pescado pero detesta quitarle las espinas. Por lógica, su esclava está para eso, para quitar espinas con presteza y sana alegría... Ag, esa retórica de la entrega. Las espinas del pescado sólo se quitan cuando hay amor. De otra forma se hará a regañadientes y se esperarán las gracias al menos. Unas muchas gracias de todo corazón.

Pero eso no es de esclavas. Las esclavas deben adorar quitar las espinas del pescado de su Amo y no desear recibir nada a cambio. Eso dice la teoría. Y yo ahora soy una sumisa que perdió la práctica -no es una queja, no es una queja, no es una queja-. Detesto teorizar, elucubrar y suponer situaciones que quizás nunca sucedan.

Y aún así, me pasé la tarde especulando sobre el puñetero pescado y la espina que lo parió.

sábado, 29 de agosto de 2009

Aquel pirata de Granada capital


Como es natural hubo confidencias con mis amigas, el pasado fin de semana. Mi puñetera amiga ES me preguntó por Fran, aquel medio punki de Granada y fui y me puse colorada al recordarlo, a estas alturas, si casi ni me acuerdo de su cara. Me dio tanta verguenza y rubor que me revolqué en la cama meada de risa y tapándome la cara con las manos. Qué tonta del culo y qué pedazo de pava.

Así que les confesé a mis amigas que aquel chico me caló hondo, a pesar de que nos vimos cuatro veces, una en Cádiz y tres en Granada y a pesar de que apenas hablamos, que ni él era de muchas palabras y yo siempre fui una tímida de manual.

Guardo escalofríos suyos, el de su mano recorriendo mi espalda en silencio y sin venir a cuento. Es placentero recibir una caricia cuando delante tuya tienes al amor de tu vida camelándose a una rubia jipi-pija. Mi querido punki, que ni era guapo ni alto ni hablador, me produjo escalofríos aquella madrugada en Granada, en un colchón sobre el suelo, que quedaba tan radikal.

Por supuesto fantaseo con la idea de que él lea ésto. Es una idea que consuela mucho cuando sientes que has perdido palabras y que otras muchas se quedaron sin decir, en Cádiz, en Granada, en aquella calle Elvira. Querría que supiera que no me enamoré de él, porque estaba obcecada con aquel carismático vendedor de pulseras. Pero que sus manos recorriendo mi espalda, sus besos en el Campo del Sur aún me hacen ruborizar y me provocan, no sólo escalofríos, sino también una venturosa calidez en mi corazón.

Van, en su honor, los Tijuana in blue. Él tenía pinta de pirata.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Con mis amigas

He pasado un fin de semana con mis amigas en una pequeña ciudad turística y calurosa. Tres días, dos noches y horas de conversación. Luego, han subido las fotos al Facebook -gracias que existe, porque yo nunca hago fotos de los viajes- y las hemos comentado. El fin de semana ha seguido con nosotras.

A todas les gustaron mis gafas grandes y todas se las probaron. Coincidieron que me sentaban mejor a mi. Luego, C. me hizo una foto en sepia y nos hemos pitorreado como de costumbre. Nos hemos pitorreado de todo y de todas, unas a otras, como de costumbre. Seguimos igual.

Para los cánones de rigor, deberíamos ser malísimas amigas, ya que apenas nos llamamos -gracias de nuevo, Facebook-. Todas tenemos las acostumbradas preocupaciones y ocupaciones y las horas del día repletas. Apenas nos llamamos, no nos vemos casi nunca pero hemos hecho lo posible por reunirnos esta vez.

Creo que todas fuimos felices, esos dos días. Yo fui feliz, son mis amigas. Apenas las veo y, en unos instantes, en la estación, ya nos sentíamos como siempre. Nuestras bromas, nuestras confidencias, nuestras historias. Creo que ellas han sentido lo mismo que yo, y que se sienten afortunadas, igual que yo, de tenernos unas a otras.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mi pelo hoy


Este es mi pelo hoy, tras una mañana de peluquería. O sea, tras una mañana de pequeños y reconfortantes placeres: el olor de tinte y el cabello suavemente impregnado, el champú y el agua tibia, las tijeras, ras, ras, el cepilo y el secador, las planchas, el toque final. Luego me he mirado en los escaparates y en los espejitos de Mercadona.

No voy con frecuencia y soy un desastre con mi pelo, aunque lo cuido y me embadurno a conciencia de mascarilla, sérum y todo lo que se pueda inventar. Mi problema es que no soy mañosa para arreglármelo. Mi otro problema es que el levante me riza el flequillo y me encrespa el resto. En poniente lo llevo mejor.

En varias ocasiones he llevado el pelo corto. Siempre lo hice por lo típico: renovarme, porque necesitaba renovarme por dentro y pensaba que cortándome el pelo a lo bestia lo lograría con mayor facilidad. Cuando me pelaba corto, salía de la peluquería feliz y sin parar de tocarme el cogote. Pero ahora me miro en la fotos y no me soporto. A mi cara cuadrada el pelo corto no le va. Parezco un tío. Una vez me hice una permanente, joder, eso ya no se lleva. La cabeza se me quedó como una olla y me llamaban Orzowei. Un tío, totalmente.

A E. le gustaba mi pelo largo. Me decía que si me cortaba el pelo lo hiciera sólo un poquito, únicamente las puntas. También era lo que yo deseaba. Me gusta llevar el pelo largo y echármelo a un lado. A E. también le gustaba que me lo recogiera en una coleta alta y no quería que me lo tiñera. Aunque si que me lo tiño, desde hace mucho tiempo.

Tengo muchas canas en las sienes. Mi abuela María tenía el pelo completamente blanco y yo me parezco a ella. Antes me ponía henna e iba de pelirroja. Ahora uso un tinte color chocolate oscuro. Mis hermanas dicen que debería aclararmelo, porque este color me endurece las facciones. Yo lo prefiero así. Jamás me pondré mechas claras, que me ahorquen.

Así que hoy toca pelo lisito, lisito, lo cual me tiene bastante presumida. Mañana, con este levante pesado ya se me volverá a rizar y si vuelvo a la playa, ya ni lo cuento. Pero hoy parezco Cleopatra y eso, encontrándome como me encuentro, ya es suficiente.

sábado, 8 de agosto de 2009

Días de playa


El año pasado fui menos a la playa y no se por qué motivo. Es curioso pero no recuerdo casi nada del verano pasado, sólo los quince días que pasé en Zahara. Es decir, recuerdo cómo me sentía el verano pasado, pero apenas recuerdo las cosas que hice. Me veo en mi patio. Me veo en el Parque. Pero no recuerdo las tardes que pasé en la playa.

Este año está siendo playero, pero no me pongo morena ni a la de tres. Voy siempre tarde, a partir de las seis y ya el sol pega bien poco. Pero es la mejor hora, la caída de la tarde, con la marea baja si hay suerte y la arena fresca. Me paseo por la orilla, me planto ensimismada frente al mar, me baño cuando el agua no está en punto de congelación, miro a la gente que pasa, los barcos, las olas.

En la playa mis pensamientos son primarios: todo se me reduce a olores, al color más o menos radiantemente azul del agua, cómo está de picada la mar, si me baño o no me baño, el tacto de la arena mezclada con el agua.

Estos días me cuesta pensar y a veces, hasta me cuesta hablar. Prefiero dejarme llevar por el primatismo y no hablar demasiado.

martes, 28 de julio de 2009

Tarde en un hotel

Con ocho años pasé una tarde mágica en un hotel. Mi padre asistía a una reunión de trabajo en un hotel mágico y nos llevó a la familia allí, a pasar la tarde. Era un hotel mágico porque tenía jardines inmensos, una piscina de formas redondeadas y árboles que daban una sombra misteriosa. Y por dentro, por dentro tenía salones con muebles antiguos, un piano de cola, infinitas puertas, largos pasillos.

Aquella tarde jugué con mi hermanita y con un niño que me gustaba de hacía mucho tiempo. Era rubio y de mi edad. Le conocía de siempre, a Manolito, porque sus padres eran amigos de los míos. A veces coincidíamos en cumpleaños y en comuniones -tengo una foto con él el día de mi comunión-. También recuerdo visitas a su casa. Me gustaba y me producía un agradable nerviosismo aquel niño.

Fue mágica la tarde en aquel hotel, con Manolito. Él era más arriesgado que yo y nos propuso corretear por los pasillos del hotel y pegar la oreja tras las puertas. Yo, que era una niña modelo -ganaba premios de buena conducta y todo- me sentí una golfilla gamberra, aquella tarde. Por supuesto, nos reímos mucho y nos asustamos también. Recuerdo unos zapatos de caballero tras una puerta, una habitación entreabierta, salir corriendo y escapar por una ventana que daba al jardín. Recuerdo echarnos clandestinamente en las tumbonas de la piscina y soñar que era la dueña de una gran mansión.

La tarde fue larga y llena de dicha. Yo me enamoré perdidamente de Manolito, ya casi lo estaba antes, pero aquella aventura de hotel lo corroboró. Mi amor de los ocho años, mi héroe valiente y arriesgado.

miércoles, 22 de julio de 2009

Jornadas de puertas cerradas

M., que sabe latín, dice que estoy llena de puertas, unas cerradas y otras abiertas. Lo ha sacado de un tema de Pedro Guerra, jaja, Pedro Guerra, la manía que le tengo. Pero no se si porque M. me la dedicó un día o porque la puñetera canción es preciosa... en fin, le di una oportunidad. A la canción, a él le tengo en cuarentena.

El caso es que estoy en jornada de puertas cerradas. Y a M. le debo la expresión. Me gusta esa expresión, pero no me recreo en el cierre. Ni me recreo ni me dejo de recrear. Estar en puertas cerradas es un dejarse llevar. Es ser tortuga escondida, un autismo feliz.

Son jornadas propias del verano. Me levanto más tarde y no hago mucho por la causa. Es un lento parasitar de sueños y un lento pasear por la playa mirando.

Pero por mucha lentitud, autismo y recogimiento meditabundo, estoy.

martes, 14 de julio de 2009

Más reflexiones frívolas y veraniegas

Mi hermana me regaló un collar por mi cumpleaños. Un collar de cuero con piedras de colores, nada sumiso, ojo, aunque ella sepa algo de mi. Léase aquí collar como un collar corriente, moliente y sin significados simbólicos. Yo nunca he llevado collares porque como buena Capricornio, soy austera en el tema adornos corporales. Así que fue mi primer collar para ir de bonita. Y como me gustó la experiencia "collar" me he comprado alguno más y otros que me han regalado, por lo que ya tengo cinco, en menos de un año. Ahora cuando me pongo guapa, a veces me pongo uno de los cinco collares, me veo rara, me los toqueteo mucho, pero me gusta.

También me he comprado dos pares de sandalias, con los dedos al aire. Una larga historia la de mis dedos de los pies, ya hablé de ello. Pero me dije, al principio del verano, que leches, son dedos feuchos pero tampoco son tan espantosos como para no lucirlos. Así que tengo dos pares de sandalias nuevas , con un mínimo tacón, y allá que voy paseándolas, a ellas y a mis dedos.

En rebajas, un par de vestidos ciertamente cortitos. Soy un desastre comprando. Miro y remiro y no me gusta nada. Entonces me entran los nervios y pienso: joder, mis hermanas seguro que habrían encontrado algo, etc . Las Capricornio somos poco atrevidas en el vestir, pero tampoco nos gusta llevar lo que todo el mundo lleva. Así que no encuentro nada que me guste, excepto dos vestidos que compré, uno verde manzana y otro rosa, cortitos, enseñando pierna.

Y unas gafas de sol, que no pensaba comprar pero las que tenía se me rompieron, ayer mismo. Así que me compré unas gafas que me dan una pinta de "madre buenorra" según me han dicho. Voy muy contenta con mis gafas, son redondas y bastante grandes y a mi me parece que me dan un aire muy chic.

Así que ahora salgo a la calle con mis gafas, mi vestido cortito, mi collar -no de sumisa, ag- y mis sandalias-enseña-dedos y que me quiten lo bailao. Estuve conversando con S. hace un ratito, no estaba donde estaba, pensaba en mi, en mi, en mi.

martes, 7 de julio de 2009

Son de mar


No he visto la película pero si leí la novela de Manuel Vincent hace tiempo. Huele a Mediterráneo. Pero se que Atlántico y Mediterráneo huelen casi igual. Sal y yodo.

Huele a mar, huele a hombres que se alejan. Hombres que nos dicen adios para encontrar otros horizontes. Yo soy de tierra y miro al mar, yo me quedo -lo que no significa que me estanque- y me siento roca. Prefiero mirar el mar, que me produce mucho respeto, y dejar que ellos se alejen. Qué tontería, dejar. Ellos se alejan quiera yo o no.

(Tú sabes de esas cosas, porque te lo he contado, preciosa Dama del Norte. Y al contártelo me has quitado pesos de encima, tristezas y pensamientos grises. Sabes que las veces que has estado, al otro lado, el oleaje que nos abatía se hacía suave y casi dulce. Nadie puede con nosotras. Tú, que te muestras fuerte, alegre, procaz, divertida, sensual, sensata, loca, y a veces te escondes, siempre haces que me sienta bien y por eso, te doy las gracias.)

domingo, 5 de julio de 2009

Bares de carretera

Un bar de carretera es el paraíso para mirar. Llegas, te apalancas en la barra, donde sea, y miras, chupas imágenes, parasitas escenas. Hace unos días paré en La Palmosa, en la autovía de Jerez. Es uno de esos megabares de carretera donde todo el mundo para. Donde entra y sale gente, familias, turistas, currantes, hombres de negocios. Es el paraíso que te permite fantasear con las vidas que entran y salen. Hombres de negocios que entran y salen, hablan por el móvil y envían sms.

Un bar de carretera de La Mancha, en el 88. Yo iba a Madrid, en un autobús de coleguitas, de radikales con k y de sindicalistas, para una macromanifestación contra aquellas reformas laborales del PSOE. Iba motivada pero en aquel autobús apenas conocía a nadie y me sentía sola. De madrugada, en aquel bar de carretera de La Mancha, frente a un café típico de bar de carretera, solo pude mirar a la gente y a los camareros. Recuerdo perfectamente los jamones colgados, los carteles de toros y el sonido de la máquina del café. No tenía con quien charlar.

Un bar de carretera de Arcos de la Frontera. El bar de la gloriosa Manolita Chen, en el 89. Yo volvía de un corto viaje con mi profesor. Ya era de noche y paramos a tomar algo que no recuerdo. La barra solitaria, carteles de Ferias y del antiguo Teatro Chino pero no recuerdo si había jamones colgados. Yo apenas si miraba aquella noche, sólo tenía ojos para mi profesor, para beberme sus palabras y alargar el breve tiempo que nos quedaba.

Un bar de carretera en Andújar, hace apenas dos años, camino de Sevilla. Eran las diez de la mañana y el autobús paró para desayunar. Yo ya había desayunado antes y apenas pude tragar un café. No había jamones porque era un bar moderno y de apariencia clara. En la tele un debate preelectoral, la máquina del café, el sonido de las cucharillas sobre los platos. Iba nerviosa y tan concentrada en mi misma que apenas miré. Fui yo la observada, la gente me miraba, aquella mañana, con curiosidad.

viernes, 3 de julio de 2009

Mi amigo parecido a Martín Romaña

Durante dos años, J. fue mi amigo inseparable. Lo nuestro fue amistad a primera vista, en los pasillos del COU-nocturno. Él en el COU de Letras, yo en Letras-Mixtas. Él en clase de mi amiga, ella lo trajo al grupo de tres del que yo formaba parte. Los viernes nos escaqueábamos de clase, ahora éramos cuatro, nos íbamos a un bar cercano y dejábamos correr el tiempo hasta las once.

En aquella época J. tenía veinte años y era un tipo brillante. Guapo, un poquito estrábico, un poquito más bajo que yo, casi no se notaba. Tenía dedos alargados, manos calientes, era brillantemente irónico, risueño, mordaz e irreverente.

Era tan irreverente que me enfadaba -poco, más bien parodias de enfados-. En aquella época, mi época radikal con k, yo me esforzaba penosamente en aparentar ideas extremistas. Ya se sabe, las extremistas de izquierda y feministas de bigote no tenemos -tienen- mucho sentido del humor. Así que J. me ponía a cien con su mordacidad. Se reía en mi cara, el jodío. Yo le quería a rabiar.

Lógicamente fantaseaba con él, porque yo no creo en la amistad heterosexual pura y dura. Y se lo dije. Le dije, J. yo me acostaría contigo. Él sí creía en la amistad heterosexual pura y no pasó nada. Lo bueno de los amigos es que no pasa nada. Fuimos confidentes y paño de lágrimas durante dos años.

Fue el único que leyó una horrorosa novela que escribí en el invierno de 1986. No dijo que era horrorosa y se guardó su sarcasmo, pero como leal amigo me dijo que me dedicara a otros menesteres. Me recomendó La vida exagerada de Martín Romaña, de Alfredo Bryce Echenique. Él era el mismo Martín Romaña, igual de extravagante y surreal. Aprendí mucho de aquella novela, del personaje de Martín Romaña y de mi mismo amigo: tomarse en serio es algo nefasto y sobre todo, aburrido.

Él si que escribía bien. J. era brillante. Irónico, extraordinariamente autocrítico. Pero también inseguro y, joder, asexuado. Como suele pasar, la amistad se diluyó cuando se echó novia, una rubita igualmente asexuada. Les veo muy de vez en cuando, siguen juntos y creo que se quieren mucho; viven en mi ciudad y tienen un hijo casi adolescente. Ella es dulce y muy agradable, él sigue igual de ingenioso y siempre me hace reir.