viernes, 14 de septiembre de 2012

Heteroemocional

Tener sexo con otra mujer no es demasiado trasgresor, fue una chulería que me quise tirar ayer. Para mi el sexo es algo tan natural, lúdico y está tan despojado de falso misticismo que no me hace comerme el tarro. Por eso, a pesar de mi inexperiencia lésbica, sé que no será una línea dificil de cruzar. Vamos, digo yo (sin expectativas!!!).

Normalmente yo tiro de hedonismo y, aunque a veces  tenga ramalazos de culpa (judeocristiana) por pasármelo bien ... yo intento seguir pasándomelo bien. Por esos dos días que vamos a vivir. Y si surge la oportunidad lésbica, bienvenida sea, yo no voy a decirle que no. Una experiencia más, la vida exprimida. Quizás el momento lésbico no me guste, todo puede darse, pero prefiero vivirlo, si tengo ocasión, a morirme hecha una carcamal.

La línea que nunca cruzaría es la emocional. Nunca podría mantener una relación sentimental con otra mujer, es algo muy irracional. Tengo buenas amigas, puedo mantener estrechos lazos de amistad con otras mujeres, pero me sería muy difícil unir sexo y un vínculo de algo más que simple afecto. Recuerdo a mi amiga Ana, la de la Universidad, con ella tuve fantasías de simple sexo -porque lo rezumaba, la cabrona- pero jamás la imaginé como posible pareja. Incluso emocionalmente yo ponía límites en nuestra amistad, sobre todo por pura competitividad femenina: ella era tan morbosa, tan sensual que, incluso fantaseando con ella, la veía como antagonista. Nunca como cómplice.

Soy una heteroemocional. Quizás porque a los hombres no los veo como competidores, porque no me hacen sufrir, porque son tan diferentes a mi que se manejarme con ellos, porque estan en el otro bando, porque sus emociones pueden ser compatibles con las mías, porque me gusta la manera masculina de enfrentarse al mundo.  No lo tengo demasiado claro, pero me va bien así.





3 comentarios:

James dijo...

Estimada, más allá de la magnífica exposición que diferencia en modo exquisito (al que nos has acostumbrado) los deseos de la carne y la relación romántica, me siento tentado a expresar una nueva discrepancia, que seguramente será abatida por algún genial argumento tuyo (creo que exageré un poco).

Me da la impresión que pueden manejarse (reprimirse) desde la voluntad la tentaciones sensuales, lo que aseguraría que está lejos del dominio humano (al menos lejos del dominio de la mente masculina) es el manejo de las cuestiones sentimentales por lo qué, estimo, no se debería ser tan categórico en descartar de plano el involucramiento con una portadora de coño (aquí le ponemos otro nombre).

Ya estás acostumbrada a mis diferencias, querida Mar, que lejos de pretender confrontarte seriamente, buscan exacerbar tu faceta lúdico-literaria.

Besos & abrazos

amigospanko dijo...

Me gusta la claridad de este artículo que refleja un autoconocimiento. El autoconocimiento, especialmente en el terreno sexual (siempre resbaladizo, y no va con segundas) en donde a veces es más difícil aplicarlo. Ese conocimiento de tí misma, explicado con díafana claridad resulta muy interesante. Gracias por compartir tus razonamientos surgidos de analizar tanto tus calores sexuales como tus emociones.Siempre me gusta leerte.

Mar dijo...

Estimado James, creo que la experiencia me avala: yo, tan enamoradiza como soy, nunca me temblaron las piernas por una mujer. Pero seguiré dándole vueltas, me encantan esos exacerbamientos lúdicos-literarios que gustas provocar. Besos.

Fer, encantada de que disfrutes leyéndome. Yo soy una abanderada de la claridad a la hora de escribir, ¡luchemos contra esos blogs oscuros que no entiende ni su tía!!! Un beso.