martes, 9 de septiembre de 2008

En las noches de líquidos y ruido

I
En las noches de líquidos y ruido,
frías noches de esquinas desconocidas,
bailábamos y bailaban los nombres
de las calles y los bares.
Tu mano se alejaba,
innacesible mano de siempre.
Yo te seguía,
acechaba tu sonrisa entre los vasos,
robaba retazos de tu aliento
con pretextos de secretos o encuentros casuales
o repentina ternura,
detrás de ti porque tenías muchos rostros
más claros, más historias sorprendentes
en las que perderte de felicidad.
Sólo en la bruma de la madrugada,
cuando el ruido dio paso a Mozart
y tu calor ansiado fue cercano, habitable,
pude ocultarme a tus ojos,
abrirte la piel,
trepar, ascender hasta la boca del volcán,
hasta la misma orilla del fin.

Pero apenas fue un triste roce,
un ambiguo rito de creación.
Y ya cerrábamos los sentidos sin morirnos
y desaparecían las rosas que te coronaban.

II
Más tarde llegó el beso extraño,
el abrazo insolente.
Con lástima cruel por mi parte,
con restos encelados y ganas de olvidar.
Suelo recordarlo,
el abrazo insolente pero cálido,
la hiel congelada y los sentidos fluyendo,
agarrada a besos
que no pretendía conocer, ni volver a encontrar,
ni evocar.
Y ya ves, a menudo la recuerdo,
la caricia insolente, extraña y avara
robándome la camisa, la espalda,
en susurros mi pérfido sentimiento de triunfo.

En Cádiz, año 1988, amando a Pako, recordando a Fran.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Lo menos casual

En los Carnavales de 1989 tuve un feliz encuentro casual. Aquel año yo estaba intentando leer Rayuela, a menudo recordaba el principio y estaba preparada para encuentros casuales. Como es lógico no los tenía y eso me ponía melancólica. El sábado de Carnaval de 1989 tuve un encuentro casual que me hizo sentir como la Maga.

Porque casualidad mágica fue encontrar en plena multitud de la Plaza San Antonio a los dos recien llegados de Granada que más quería encontrar. Era Pako, al que ya estaba dejando de querer. Y era Fran.

Lloré de alegría.

Me he encontrado con Fran muy pocas veces. Le conocí en octubre del 88, en Granada. Me metió mano una noche en que yo navegaba en el rencor y terminamos echando un polvo que me gustó. Fran era -es- de un pueblecito minúsculo de Granada. Medio punk, vestía de negro, ojos verdes, dientes estropeados, afectuoso pero contenido. No se mucho de él. Estudiaba la misma carrera que yo, pero cursos más avanzados. Tenía un marcado acento del Oriente andaluz. Era reservado, poco hablador.

En los Carnavales de 1989 fui su guia, suya y de Pako. Me gusta mucho hacer de guia. Y nadaba en mi salsa, Cádiz, Carnavales, un punto justo de borrachera. A Pako le dio la vena poética y pidió ver el mar. Le llevé al Campo del Sur y allí bajó a los bloques y flipó. Mientras Fran me metió mano. Fran era el mejor metiendo mano. Era callado pero besaba y sobaba que daba gloria. No paró hasta llegar a mi piso. Allí saboreé mi dulce y tonta venganza. Fran para mi, ya no te quiero, Pako.

Meses más tarde volví a encontrarme con Fran en Granada. Esta vez él fue mi guia por la Alhambra. Luego nos emborrachamos en las Bodegas Espadafox. Pero no llegamos ni a darnos un beso de despedida. Ya no lo he vuelto a ver.
A menudo le recuerdo y a menudo pienso que volveremos a encontrarnos; otro encuentro casual.

En el principio de Rayuela se puede leer: ... y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas previas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.

jueves, 4 de septiembre de 2008

El primer encuentro inesperado

El encuentro inesperado que una siempre sueña. Fue en 1987. Agosto. Yo, aturrullada tras salir del trabajo eventual de todos los veranos. Pensaba en Pako, quería encontrarlo.

En plena calle, yo caminaba esa tarde guerrera, espalda recta, culo erguido, mirada desafiante, me abordó el otro Paco, éste con c normal y corriente. Qué guapo era -es- el cabrón. Me invitó a una cerveza en el Parque y me regaló el oído. Me dijo que le había llamado la atención mi cuerpo, mis andares, eso, mi caminar pidiendo guerra.

Pocos días después perdí la virginidad con él, a los 19 años. Mis primeros besos en serio, mi primera desnudez, en su piso, con tardes de intenso calor. Era un piso orientado a poniente, la última onceava planta: un horno.

Yo creo que follaba bien. Él, me refiero. No yo. Yo estaba demasiado concentrada en dos cosas para follar bien. Una, la sorpresa de que ESTO me estaba pasando a mi, con un absoluto desconocido, guapo a morir. Dos, las ganas que tenía de tener novio, las ganas de que fuera éste, que follaba bien a mi entender. Tanta literatura.
Duré un mes con él. Me enseñó a mamársela y un par de días después no me dejó entrar en su casa.

Luego, años más tarde, pude renovar aquel encuentro. Tuve dos ocasiones para hacerlo, llegamos a citarnos. Por diferentes motivos no pasó nada, sería aburrido explicarlos, pero me quedé con las ganas. Ganas de decirle con hechos: "Gilipollas, mira qué bien follo ahora. Si hubieras tenido paciencia, te habrías llevado a la mejor. Imbécil."

Lo cierto es que estaba bueno pero era pedante y con poca sustancia. Me lo sigo encontrando por la calle. Tiene una hija pero sigue soltero. Le saludo muy simpática siempre.

Esta es la única película que vi en el cine con él. Dentro del laberinto y David Bowie me recuerdan a Paco. Me pasé toda la película deseando que me metiera mano, pero no cayó la breva.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El vendedor de pulseras

En 1986 conocí a Pako, con k -él utilizaba la k por sonar a cosa radikal, en aquella época era cosa trasgresora-. El tiempo que supe de su vida fue estudiante de COU, vendedor callejero de pulseras, monitor de actividades infantiles, activista político radical -con k- y finalmente sé que estudió para fisioterapeuta. Ahora no se qué hace.

Yo adoraba en sentido literal a Pako y él se dejó adorar todo el tiempo que pasó conmigo. No éramos novios, ni mucho menos, éramos coleguitas, durante unos años yo fui su mejor coleguita. Me acosté con él en dos ocasiones, las dos un desastre, absolutos desastres.

Probablemente el rencor es lo que más me sale al escribir sobre mi Pako de mi alma. El hecho de que día si, día también tu coleguita amado te cuente sus penas amorosas con tipas más feas y masculinas que una misma alimenta el rencor. Ver su cara tan preciosa mirando extasiado a una rubia de habla fina -castellana-, alimenta el rencor más aún. Escucharlo follar en la habitación de al lado con una feminista medio machorra -y pasárselo mejor con ella que conmigo, que estoy más buena- agrava el rencor acumulado.

Y no debería ser así. Pako era -es, aunque ahora un poquito barrigón- muy guapo: rubio, alto, patas largas, manos diestras, labios carnosos y bien dibujados. Tocaba la guitarra y derretía a las nenas -jipis-. Tenía un pico de oro. Militaba en grupetes radicales -con k- y defendía los ideales revolucionarios que a las chicas de COU encandilan. Ecologista, okupa, artesano, aventurero, carismático.

Vive en otra ciudad, hace más de dos años que no le veo. Que yo sepa tiene un hijo. A su madre si la veo con cierta frecuencia, es una mujer muy agradable. Hubo un tiempo en que en mis fantasías la llamaba "suegra", cosas del primer amor.

Cádillac solitario es el tema que más me recuerda a Pako. La cantó una noche a la guitarra. Yo era un charquito de babas a sus pies. Fue en 1986, o 1987.

martes, 2 de septiembre de 2008

Lo privado, lo público

Hace un año comencé un blog que suprimí para empezar otro que suprimí para empezar éste. Siempre me encontraba con el mismo problema: deseo explicarme, escribirme -de hecho el blog es un diario, querido diario-. Pero bien por timidez -absurda- bien por incapacidad, los textos acababan siendo engendros crípticos que ni yo misma podía entender.

Mi idea es escribirme, como ya he dicho, y escribir sobre la gente que ha pasado y ha ocupado lugares en mi alma. De ahí mi nick, el nick antiguo y muy usado de roxanne. Cada persona en el trato que en su momento tuvo conmigo fue la única. Con nadie les quise compartir. Les debo, por tanto, un pequeño homenaje escrito. Esa es mi intención, además de la siempre dichosa, reconfortante sensación del recuerdo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Hace 5 meses yo era roxanne

Hace 5 meses encontré a E. en la selva de un canal de BDSM del IRC. Llevaba entrando un par de días por la noche. No es un canal que frecuentara, porque es, como digo, una selva. No estoy muy ducha en charlas de chat, aunque ya no cometo los errores de principiante.

Mi nick era roxanne. I won´t share you with another boy, me decía cuando me entraba alguna frase interesante.

En los chats no abundan las frases interesantes y en los específicos de BDSM aún menos, ya que las conversaciones privadas giran en torno a la caza de la hipotética sumisa. Ahí todos vamos de caza. O a ser cazadas.

Como es habitual, alguna noche despunta un escrito, un saludo interesante. Mi nick es lo que tenía. Todo aquel que conociera la canción me preguntaba por ella y así se podía tener una charla civilizada sobre los gustos musicales de cada cual. Algunos lo estropeaban pidiendo el messenger con impaciencia; a otros, la impaciencia les comía cuando les indicabas que no querías tener Amo en estos momentos. Tuve la fortuna de no encontrar demasiados maleducados.

E. tenía hace 5 meses un nick bastante anodino pero no fue vulgar su saludo. Desde aquellas primeras palabras me echó el lazo. Como un magnífico Señor de Gor se lanzó a la captura de aquella roxanne que andaba dando tumbos. Ya no me soltó, benditos 5 meses.

domingo, 31 de agosto de 2008

Declaración de intenciones

Me he inventado el nombre de seibra en honor a E.

E. tiene 38 años recién cumplidos, es muy atractivo. Hablo con Él todos los días.


Mañana hará 5 meses que conocí a E. Hemos hablado casi a diario.

E. es mi Dueño. Aún no llevo su collar, aunque he escrito mi nombre con él en la arena de la playa. Él me llama "su kajira", "su esclava", lo cual es un gran honor.

En este cuaderno no hablaré exclusivamente de E., hablaré de más personas. No se si algún día E. lo leerá, siento una enorme verguenza. Si me preguntara se lo diría. No se lo diré por ahora de manera espontánea. Quien sabe si más adelante.

Hablaré, digo, de otras personas, de lo que me pese y necesite ir sacando, así que no será un cuaderno exclusivo de mis experiencias de esclava, al uso que se estila en los blogs de BDSM. Eso espero.