martes, 21 de octubre de 2014

El arte de recomendar libros

Tuve el mejor profesor de Literatura en COU. No sólo nos enseñó a comentar textos literarios y nos mandó superpreparados a Selectividad, sino que se esmeró como nadie en hacernos atractivas novelas en principio áridas (para estudiantes de Instituto) como Tiempo de silencio.  Recuerdo al profe advirtiéndonos sobre lo que nos íbamos a encontrar, le recuerdo mencionando a Joyce y me recuerdo leyendo a Martin-Santos un poco a duras penas pero feliz de enterarme de todo y hasta disfrutando.

Ese es el arte de recomendar libros.

Como el de mi amigo JJ del que ya he hablado y que fue capaz de recomendarme con fervor La vida exagerada de Martín Romaña cuando yo pasaba la época mas radikal y hosca de mi vida. Ya he contado aquí cómo en la primera lectura odié esta novela y cómo años después hizo que aprendiera a reírme de muchas cosas, empezando por yo misma.

A., que es amiga de JJ pero yo no conozco, recomienda novelas en una página que compartimos en facebook. Se ve que controla mucho el género fantástico y por la pinta se ve que tiene mi edad, una friki como yo, quiero pensar. Por ella descubrí Los Cantos de Hyperion, que es una de las sagas de ciencia-ficción más chulas que he leído.

P. tiene la osadía de recomendarme libros filosóficos (light, sí, pero fi-lo-só-fi-cos) a mi, que llevo tiempo inmemorial sin leer no-ficción. De todos los que me ha recomendado he empezado tres y los picoteo cuando me apetece, que no se muy bien cuándo es y cuándo vienen esas ganas porque soy una tremenda caótica con las lecturas y una perezosa en el arte de leer a gente que piensa (y nunca llega al grano). Pero se que tengo cuentas lectoras atrasadas y pendientes y a veces me siento algo embrutecida.

Y siempre, siempre estaré agradecida a F, que, sin conocerme mucho, me recomendó Canción de Hielo y Fuego años antes de que se pusiera de moda y aquí me tienen, recomendándola a mi vez a todo dios y hecha una friki-fan de la saga. Pongo velitas para que George R.R. Martin publique de una vez Vientos de invierno (y no la palme de un subidón de colesterol) y medito sobre las mil y una teorías que pululan en internet sobre qué diablos pasará y qué no pasará.

Yo querría poseer el mismo arte pero creo que no le pongo suficiente empeño. Lo dejo al aire y dejo que, los que pasan a mi lado, me vean pasmada con un libro. O escribo entradas como ésta y pongo ahí a la derecha la imagen de lo que tengo entre manos por si alguien pica. Hay libros que me entusiasman pero se que no han emocionado de la misma manera cuando lo recomendé y menudo chasco. No me gusta mucho llevarme chascos porque soy una hipersensible, así que creo que nunca dominaré este arte. Eso que me pierdo.

4 comentarios:

Alejandro DOM dijo...

¿Cuál es el criterio para recomendar un libro? Supongo que le haya gustado a quién lo leyó, igual que las películas. No hay responsabilidad alguna al recomendar un libro, la gente es libre para elegir.
No sólo depende del gusto, también depende de las circunstancias y de la época de la vida.
De vez en cuando leo filosofía liviana, casi auto ayuda. "En defensa de la felicidad", me parece bueno. Al autor le sirvió, fue declarado el hombre más feliz del mundo, nada menos que por el MIT o por otra universidad así de prestigiosa.
Saludos

Mar dijo...

"El hombre más feliz del mundo", qué bárbaro.

Alejandro DOM dijo...

Está involucrado en el estudio y desarrollo de los efectos del entrenamiento mental sobre el cerebro en las universidades de Madison-Wisconsin, Princeton y Berkeley. En uno de estos estudios en la Universidad de Wisconsin, investigadores colocaron 256 electrodos en su cráneo y los sometieron a un aparato de imágenes funcionales por resonancia magnética nuclear (fMRI). Se encontró que Matthieu Ricard logró el más alto nivel de actividad en la corteza cerebral pre-frontal izquierda, lo que se asocia a las emociones positivas. La escala varia de + 0.3 à -0.3 (beatitud), Matthieu Ricard alcanzaba resultados de –0.45, completamente por fuera de la escala. Un nivel nunca registrado en otro ser humano.

http://es.wikipedia.org/wiki/Matthieu_Ricard

Mar dijo...

Felicidad medida con electrodos. El escepticismo está llamando a mi puerta. Pero gracias, leeré sobre ello.