domingo, 6 de julio de 2014

La felicidad es el problema

Dan un avance de un programa de la 2. El periodista cuenta que en su espacio entrevistará a gente que se declara feliz. El periodista, que ya son ganas de ser pejiguera, tiene como misión cuestionar la felicidad de los presuntos felices y ponerles en aprietos. Que de verdad demuestren que son felices y por qué. Ya digo, ganas de dar por saco.

Se supone que en sociedades como la nuestra, con las necesidades básicas relativamente satisfechas, la búsqueda de la felicidad nos ocupa mucho tiempo y paradójicamente, nos hace ver cuán infelices podemos ser. Yo no tengo muy claro cómo se hacen esos estudios de felicidad. Que si la gente de Villarriba es más feliz que la gente de Villabajo y blablabla.  Entiendo de indicadores de calidad de vida y eso, pero ¿medidores de la felicidad?

Hace unos meses fui a un taller de autoconocimiento. No se llamaba exactamente así, pero ya me entienden de qué va el rollo. Fui con curiosidad y mi sempiterno escepticismo. Fui como no se debe ir a esos talleres: con la mente fría y dudosa. La señora gurú era la típica gurú con pinta de jipi chiflada. Intenté ser complaciente con la señora, lo juro, e intenté dejarme llevar. En un momento dado, dos de los asistentes al taller se declararon Absolutamente Felices y la señora gurú entró en el típico diálogo socrático y cuestionador-de-todo (perfectamente previsible). Al final, los Absolutamente Felices  reconocieron que no eran tan felices y que tenían leves insatisfacciones y cosas que corregir en su vida... Un coñazo tremendo.

Conozco gente (todos conocemos gente así) que publica fotos de lo felices que son. Una amiga, tras publicar sus fotos de viajes y plenitud, exige que confesemos que envidiamos su dicha. Si no decimos nada resulta que somos envidiosos y si decimos que qué guay el viaje y las fotos, resultamos ser ... más envidiosos aún. No se, un lío. No mando a mi amiga al carajo (ganas no me faltan) porque la quiero y se que no es tan feliz como aparenta.

Conozco gente (todos conocemos gente así) que quiere ser feliz todo el rato. Y si pasan minutos de su vida sin felicidad plena dan una lata tremenda. Gente que cambia de actividad porque nada les llena, gente que hace cursos y va a clases para buscar la felicidad, gente que no acaba lo que empieza porque no les satisface como pensaban. Al final, todo se reduce a las viejas expectativas

¿Y yo? Yo intento no pensar mucho en ello, aunque hoy me he pasado la mañana perfilando este post y por tanto reflexionando sobre estas puñetas. Se que cuánto más pienso en ser feliz más ansiedad me entra y acabo perdiéndome entre pensamientos disparatados. Se que no veré ese programa de la 2 de las narices ni pienso acudir a más talleres de conocimiento personal que repiten lugares comunes y no me aportan nada. Ya saben, si me leen, que de sobrada tengo un rato. 


2 comentarios:

Alejandro G. dijo...

La felicidad es algo que tiene más que ver con una disposición propia que con el imperio de las circunstancias, por lo que analizar el contexto de nada ayuda.

Mar dijo...

No tengo ni idea, ya sabes que en este blog no somos muy dados a teorizar.