martes, 8 de julio de 2014

Cáncer y romance

A mi me gustan las pelis románticas. Me he tragado tropecientas veces Love Actually (que me hace llorar a moco tendido) y  las comedias románticas como Cuando Harry encontró a Sally. Hasta aguanto como una campeona algunos dramones románticos de llorar mucho porque acaban mal. Solo algunos.

Pero está el subgénero Love Story. Yo me leí la novela antes de ver la peli. Fue hace mucho. La novela es una monada aunque casi no me acuerdo. La peli solo me gusta por el estilazo de Ali McGraw. El resto me resulta insoportable y muy olvidable.

Ahora estrenan dos películas casi a la vez que van de lo mismo. La misma trama que Love Story, a saber, muchacha ideal y bellísima por dentro y por fuera, con enfermedad terminal y amor imposible. Bigger than life. AMOR.

Y me jode. Me jode hasta el punto de ponerme a escribir sobre pelis que no voy a ver. Me jode el romanticismo tramposo. Las comedias románticas y la mayoría de los dramas románticos tienen trampa, si, pero utilizan tretas menos arteras. Conocemos los viejos trucos del chico-conoce chica y chico-pierde-chica. Pero ay, las pelis de chica con cáncer terminal y amor sublime. Jode mucho.

La teoría es la siguiente: las chicas enfermas se vuelven arrebatadoras. Cuanto más grave e incurable sea su enfermedad, más arrebatadoras. Por eso, tienen  más probabilidad de encontrar al GRAN AMOR DE SU VIDA. Cáncer y romance, no me digan que no resulta obsceno y cruel. Una gran putada de guiones y tipos y tipas que esperan ganar pasta a base de romanticismo mórbido. Vendiendo que una chica con cáncer es por fuerza intrépida e irresistible y su amor, que por supuesto NUNCA dura más de un año,  es, por ese motivo, el AMOR más valioso, el único valioso.

El amor que dura un año. Esa es la clave. Durante ese tiempo hay puestas de sol, besos bajo la lluvia, un baile, un viaje loco, polvos románticos y miles de frases embriagadoras. Un año y fin. Debe acabar antes de la rutina, el trasiego cotidiano, el temible y anti-romántico pasar de los días. El auténtico AMOR no es de diario. El auténtico AMOR debe ser efímero y si tiene final trágico, eso, amigos, es un plus de autenticidad. Imaginen que Ali McGraw no muere joven. Imaginen qué tostón de matrimonio con hijos, perro y casita en un suburbio de New Hampshire. No hay color.

No soy de las que hacen cruzadas contra las tramas románticas en el cine o en las novelas. Ya digo que me pirro por una buena historia de AMOR. Pero jugar con estereotipos tan viejos -las damas tísicas del XIX, supuestamente irresistibles, Margarita Gautier, pero ¿han visto alguna vez a un enfermo de tisis de verdad?- estereotipos tan crueles, que de forma tan facilona buscan la lágrima, a mi me dan mucha rabia y mucha repugnancia. Más aún si quitan valor al auténtico amor de los cojones, el que no escribo con letra mayúscula, el que a veces es sublime y otras huele a costumbre.



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