sábado, 11 de mayo de 2013

Mi ropa fetiche

Yo no soy nada fetichista. Pero nada, nada. Y es muy triste porque ser una mujer sensual de medias y liguero te da muchos puntos, pero no. Yo medias lo justo y liguero, en fin, mejor no cuento. No es que yo sea un desastre vistiendo. Fui un desastre en su día, tuve mis rachas de  desarreglo y mis épocas chandaleras  que afortunadamente pasaron y no volvieron. Pero no me verán casi nunca hecha un pincel por la calle ni por supuesto para ir a trabajar (sería de risa).

Yo soy de vaqueros en invierno y de vestidos con sandalia en verano, lo cual no me hace especialmente erótica, ni hechicera, ni felina ni cosas así que no me pegan ni con cola. Pero tengo comprobado que hay ropa despierta-líbidos y que es ropa que una no sospecha que lo sea, porque una es realmente ingenua y piensa que el resto del mundo también lo es.

Es cierto que rulan en mi armario vestiditos para follar, de esos que sólo hay que arremangar un poco. Yo he tenido vestidos de esos que se pegan al cuerpo y me los he puesto con premeditación. Una era así de básica. Me he puesto vestiditos para follar y con esa intención he salido a la calle. Pero no siempre acertaba. Tuve un vestidito verde que era una ricura. A mi el verde fuerte me queda estupendamente. También tuve un vestidito muy corto y muy jipi, de esos desteñidos, que era también una prenda de folleteo pero no me daba tanta suerte. Joder, creo que era un vestido gafado. Las veces que me lo puse ocurrieron dramas de AMOR. Pero yo le tenía mucho cariño a aquel vestido.

Pero los vestidos para follar son demasiado previsibles. A mi realmente los que me gustan son los vestidos-Amélie, esos que te dan un aura inocente y primaveral.  Hubo un vestido abrochado por delante, una especie de vestido camisero que me trajo triunfos y admiradores a partes iguales.  Nivel sexy = cero,  pero me han llamado morbosa por llevarlo. Ese es uno de los misterios masculinos que más me gustan: que te encuentren morbosa cuando vas hecha una Amélie.

O con  vaqueros y camiseta. Yo, lo que de verdad adoro, es seducir en vaqueros. Llámenme cutre, pero seducir con lencería fina está muy visto.

4 comentarios:

Sara dijo...

Yo te entiendo. Y más rabia me da aún cuando el vestido Amélie parece ser el que llevo puesto mentalmente a perpetuidad.
Porca miseria...

Rick dijo...

Sin duda la vestimenta ayuda, pero la actitud es lo determinante. La forma de mirar, las palabras, el andar, en fin.
Besos & abrazos

Mar dijo...

Sara, eso no, habrá que salir de compras mentales o algo, no?

Mar dijo...

Rick si, pero a veces (o a menudo, qué se yo) te vistes según la actitud e incluso como vas vestida determina cómo te tomas el día. Se que suena a frivolidad pero ocurre.

Besos.