martes, 2 de octubre de 2012

Levedad del ser

Viejas fotos. Mis abuelos maternos en una de aquellas fotos de estudio, jóvenes guapos. Mi abuelo de uniforme la mira a ella con deseo. Jamás vi una foto de estudio así, mi joven y bellísima abuela mirando a la cámara y mi abuelo comiéndosela con los ojos. Su nariz, su cara alargada y varonil. Tanto deseo, su legado.

Mi tío el que murió, en un puñado de fotos que guardaba su hermana. Murió con veinticuatro, veinticinco años y yo no le conocí pero me hablaron mucho de él. Tanto que es casi un mito.  Me contaron que era bueno, inteligente, hablaba inglés. Que era muy formal, muy trabajador, me contaron siempre cosas buenas de él. Aparece delgado, elegante, a veces sentado con negligencia, sonriente, con sonrisa blanca, un hermosísimo y varonil ejemplar. Su novia era rubia y a veces me la encuentro en el Mercadona. ¿Saben que aún se echa a llorar cuando recuerda a mi tío? Y, aunque se casó, la he escuchado decir que nunca amó a nadie como a él, ese chico guapo que murió.

 

2 comentarios:

James dijo...

Envidio tu facilidad para pasar del sexo oral a la finutud humana. A muchos nos resulta difícil romper la inercia de ciertos pensamientos lo cual restringe la flexibilidad.

Respecto al tema en cuestión, es un duro golpe de realidad observar las fotos antiguas en las cuales, lo que hoy ya no están, eran un manojo de ilusiones y proyectos.

Alguien pensará casi loas mismas cosas cuando en algunos años, observen las nuestras.

Un beso grande

Mar dijo...

Pasar de un tema a otro es sólo cuestión del día a día. Lo bueno de escribir en un blog es que te permite esa flexibilidad de temas. Aunque tuve dos blogs antes que este para darme cuenta.

James, no había pensado en nuestras fotos y cómo las verán en el futuro, da vértigo.

Besos.