lunes, 24 de junio de 2013

Cinco y media de la mañana

A veces me despierto a las cinco y media y ya hay gaviotas chillando. Entonces siempre, siempre recuerdo las mañanas en que me levantaba a esa hora para ir a trabajar. Los cinco veranos en que trabajé de eventual en una gran empresa y madrugaba cuando tenía el turno de mañana. Es un coñazo pegarse el madrugón pero luego casi se alegra una. Huele bien y esta todo por hacer.

Mis cinco veranos de eventual fueron cinco veranos diferentes y hasta podría llamarlos emocionantes. Aprendí mucho, yo, esos cinco veranos y gané dinerito que me pagó la carrera. Pagaba bien aquella empresa que ya no existe (o le cambiaron el nombre) con sus pluses por nocturnidad y horario intempestivo. Mi cuenta bancaria era la envidia de mis amigas de veinte años, aunque en contraprestación, aquellos veranos yo apenas iba a la playa ni me corría muchas juergas.

Cada verano me mandaban a una sección diferente y era una oportunidad para observar aquellos microcosmos tan apasionantes. Los eventuales llegábamos como aire fresco a oficinas llenas de cuarentones aburridos y, aunque pertenecíamos al escalafón mas bajo de la empresa, en aquellos dos meses, reinábamos como dioses. Sobre todo las chicas. Que éramos pocas pero muy putas. Era, os lo aseguro, un auténtico placer contemplar a aquellos machirulos pelearse por nuestros favores. Convidarnos a café, llamarnos con apelativos cariñosos ("rubia", "cielo"), insistir en lo guapas que íbamos aquella mañana. Por supuesto nos reíamos en sus barbas y nos aprovechábamos de nuestra simpatía para raspar minutos a nuestra media hora del desayuno. O para escaquearnos de algunas tareas especialmente coñazo.

Aprendí mucho yo esos veranos. Conocí a racistas de manual y racistas solapados y advertí con miedo que es fácil caer en ésto último. Aprendí a  desenmascarar a pelotas y chupapollas. Aprendí a despreciar a jefazos engreídos. Conocí el aburrimiento atroz de un trabajo fijo y repetitivo y sin apenas valor humano. Conocí que a los trabajos sin valor humano se les puede dar la vuelta y hacerlos nobles (gracias a gente noble que también vive en esos ecosistemas). Aprendí lo que es caminar sobre la mediocridad y la tontería repetitiva (piropos, miradas obscenas, puñaladas, murmuraciones, hastío) y limpiarse las suelas al acabar la faena.

Conseguí cosas importantes aquellos cinco años: dinero, una amiga de ojos verdes que acabé perdiendo y un amor al que le pasó lo mismo. Y, al menos, la emoción de tenerlo todo por hacer de las cinco de la mañana.



6 comentarios:

Rick dijo...

Querida Mar, un gusto leerte después de tanto.
Podría certificar totalmente tu historia pero contada del lado de los aburridos que se pelean por los favores de las jóvenes. Has hecho, en pocas líneas, una muy buena descripción de la situación y sus actores. Es cierto que se le puede encontrar la vuelta y hasta en las tareas menos creativas encontrar alguna chispa que las ilumine.
Besos

Sara dijo...

Echaba de menos leerte.
Un beso Mar

marita correa dijo...

Menos mal que tu sacrificio matutino mereció la pena. Yo que he cambiado de trabajo muy a menudo, me asombro de encontrar siempre la misma serie de personajes, un calco de los que tú nos describes.
Siempre es un placer leerte
Besos

Mar dijo...

Gracias, querido Rick.

Ahora que la releo, me habría extendido un poco más. Son personajes que dan de si. Lo mismo en otro post.

Besos.

Mar dijo...

Un placer encontrarte de nuevo, bellísima Sara.

Besos.

Mar dijo...

Gracias, marita.

No se si es que son personajes que abundan y por tanto son fáciles de encontrar; o que el ambiente propicia el desarrollo de seres así. Digno de estudio.

Besos!!!