miércoles, 16 de enero de 2013

Risoterapia

Vengo de un taller de risoterapia. En realidad me confundí de taller, porque yo debía estar en otro de otra cosa que no tiene que ver con la risoterapia, pero pregunté a unas pavas y éstas me liaron. Yo dije:

- Oye, perdona, ¿éste es el grupo de trabajo X?
- Si, si (todo sonrisas)

Yo vi que la peña iba en chándal y con esterillas.
- Pero, ¿había que venir con chándal y esterilla?
- Sí, si (como compadeciéndome)

Vi también que hablaban como si no fuera el primer día del curso.
- Oye, perdona ¿éste no era el primer día?
- No, no, empezamos ayer, pero hoy ha venido más gente nueva.
- Ah, como yo, vale.

El ponente -el risoterapeuta- es el típico niñato pijo-guay. Gafitas, modernito, encantado de conocerse. Habla de la risoterapia y tal. Conforme habla cuenta chistes y la peña se ríe. Yo no, porque entre mi mosqueo, que no tengo muy claro qué pinto allí, lo pava que soy y que los chistes no me hacen nada de gracia... no me río. Al contrario, cada vez me cabreo más y cada vez odio más al risoterapeuta.

El caso es que me confundí de curso y, gracias al cielo, el mío era otro sin risoterapias y con una coordinadora agradable y sencilla. Yo no estoy en contra de la risa y de mejorar el mundo a base de la misma. De hecho, en mi trabajo practico la risoterapia casi a diario, pero no como práctica consciente sino porque me sale así y mejora mi labor. Lo que no soporto es a esos técnicos que se las saben todas pero son puramente teóricos. No minusvaloro sus herramientas, lo que no soporto es su actitud prepotente y sabihonda, ellos que nunca pisan el campo de batalla.

Lo que peor llevo de la jornada de hoy son dos cosas: una, que salí del taller un poco ridículamente, pasando en medio de todos y con ganas de que la tierra me tragase. Otra: que me parece fui la única a la que cayó mal ese tipo y su forma de llevar la clase. Yo es que soy bastante rarita.  

8 comentarios:

James dijo...

"-Tu esposa hace el amor contigo por amor o por interés?
-Seguro que por amor, porque no pone ningún interés"

Ahora somos dos para caerte mal

Un beso grande

yara dijo...

Todos los "sabiondos" terminan cayendo mal, eso de rarita no lo creo, todos seguro nos sentiriamos algo ridículos si pasamos por un momento como ese.... asi que normalita, normalita guapa.

Sara dijo...

Coñoooo...que ahora resulta que necesitamos un
manual para saber reírnos...
Cuanto hemos avanzado...
Todavía me parece que fue ayer, cuando yo era pequeña. Recuerdo que, si algo nos divertía, nos reíamos y ya está.
Fuimos unos loc@s, claro. Mira que reirnos así, a lo bestia y sin instrucciones. P'abernos matao...
Gracias a Dios, hoy en día, no tenemos esa falta de información que había antes.
Y tu, Mar, muy mal, hubieses aprendido a reírte en condiciones y no así, a la buena de Dios, riéndote cuando te apetece y sin control y lo que es peor, sin saber siquiera si es risible o no...

;)

Marlowe dijo...

No sé. Yo tampoco confío mucho en ese tipo de talleres, aunque quizás sea ignorancia por mi parte. En todo caso, creo que lo saludable es rodearse de gente con la que la risa surja de forma espontánea.

Un abrazo.

Mar dijo...

No me digas que eres risoterapeuta!!!

(Pero a ti te lo perdono)

Besos.

Mar dijo...

No se,no se, todos los que estaban en aquel taller se reían con el risoterapeuta menos yo, que tenía la sonrisa congelada.

Mar dijo...

Si, verdad? Y además hablo sola por la calle y a veces hasta me río... Muy fuerte.

Mar dijo...

Lo malo de esos talleres, que se suponen son para mejorar en tu profesión, es que a menudo son impartidos por técnicos que sólo conocen la teoría y muy poco la práctica. Ellos tiene una idea idílica de ciertas profesiones y se creen que todo es supersencillo y megaguay.

Un abrazo.