Yo no soy nada pudorosa y ponerme en cueros me sale natural. En mi casa, de pequeña, mi madre siempre se ha paseado en bolas en verano y siempre se ha entrado en el cuarto de baño sin llamar. En mi casa materna, la falta de pudor siempre ha estado bien vista, lo cual nos ha hecho, a mis hermanas y a mi, naturales y felices en nuestro cuerpo.
De adolescente si me daba verguenza quedarme tetas al aire ante mis amigas, pero era por falta de costumbre. En realidad tengo amigas para todos los gustos: algunas siempre se han cambiado de ropa en el baño, lo cual me parece ridículo ahora; otras se despelotaban sin problema delante mía, lo cual me parecía envidiable. Pero eso era antes.
Me gusta mirarme y remirarme en el espejo del baño. Hay días que me veo perfecta; hay días que me veo gorda y flaccida y vieja. Hay días que tengo la barriga hinchada. Otros pienso que me comería a besos. Algunas veces me he masturbado frente al espejo del baño y me he excitado con mi desnudez: masturbarse frente a un espejo es el perfecto ejercicio onanista. Te estudias el movimiento de los dedos, la vulva que brilla, la cara encendida. Te estudias las contracciones del cuerpo al correrte y cómo se te queda la cara. Mira, pero qué guapa y cuánto me quiero.
Lo que me resulta raro es verme desnuda en fotos. Aunque raro es un eufemismo -pero no sé qué palabra usar-. En una foto los defectos permanecen inalterables. Me veo desnuda frente al espejo y la redondez de un lado y el pellejo del otro pasan. Solo tienes que cambiar de postura. Te mueves frente al espejo y vas buscando tu lado bueno. Pero en las fotos el culo, la barriga, las tetas salen sin excusas. Hay que hacer muchas, muchas fotos para quedar satisfecha y nunca del todo porque piensas joder, ¿de verdad ese es mi culo y esas molllitas son mías, así me ven?
Me hice muchas fotos y sólo me quedé con tres.
lunes, 31 de octubre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
Reacción en cadena
¿Qué pasa si me corro en tu cara?
1. Cierro los ojos. Es un acto reflejo. No es que no te quiera mirar, Amor.
2. La boca abierta como una boba, no, yo intento mantener la dignidad aún en los momentos más obscenos. Cerrada, tampoco, queda feo. Entreabierta, en plan sugerente, en plan como... ah, me encanta que te corras en mi boca.
3. Nada de éxtasis. Que te corras en mi boca no es un acto trascendente porque no debería ser inusual. Al contrario, debe ser habitual y no producirme sorpresa o alucinaciones.
4. Nada de orgasmos mentales. Eso es leyenda urbana-bedesemera de baja estofa.
5. Me río. Por sana alegría. No pienses que me burle o que me entre la risa histérica, qué cutrez. Una buena eyaculación en el rostro es motivo de alegría y risa, todo en el sexo lo es.
6. Hay una probabilidad alta de que me preocupe por mi flequillo. Soy así de gilipollas y además tiendo a estar en varios sitios a la vez -mentalmente-. Suena fatal, lo sé, pero para qué vamos a mentir. Pienso en los efectos desastrosos que los líquidos -o semilíquidos- producen en mi flequillo ... y no me gusta estar fea en el sexo. (Solución: tener las planchas a mano).
7. Nada de frases maravillosas. El sexo y la alta literatura son contraproducentes. Mejor, nada de frases.
8. Sobre todo, nada de momentos cursi-sumisos, adoraciones y demás tontadas. Yo creo que las pavas que hacen esas cosas nunca han experimentado una buena corrida facial. Y la subliman.
9. Entonces, ¿no es un momento mágico, profundo, intenso, etc? Sí. Por eso me río.
y 10. Luego vienen posts como estos, que E. me provoca sin saber -¿o sí que lo sabe?- y que tanta falta me hacen para demostrarme que puedo seguir ágil y creativa.
1. Cierro los ojos. Es un acto reflejo. No es que no te quiera mirar, Amor.
2. La boca abierta como una boba, no, yo intento mantener la dignidad aún en los momentos más obscenos. Cerrada, tampoco, queda feo. Entreabierta, en plan sugerente, en plan como... ah, me encanta que te corras en mi boca.
3. Nada de éxtasis. Que te corras en mi boca no es un acto trascendente porque no debería ser inusual. Al contrario, debe ser habitual y no producirme sorpresa o alucinaciones.
4. Nada de orgasmos mentales. Eso es leyenda urbana-bedesemera de baja estofa.
5. Me río. Por sana alegría. No pienses que me burle o que me entre la risa histérica, qué cutrez. Una buena eyaculación en el rostro es motivo de alegría y risa, todo en el sexo lo es.
6. Hay una probabilidad alta de que me preocupe por mi flequillo. Soy así de gilipollas y además tiendo a estar en varios sitios a la vez -mentalmente-. Suena fatal, lo sé, pero para qué vamos a mentir. Pienso en los efectos desastrosos que los líquidos -o semilíquidos- producen en mi flequillo ... y no me gusta estar fea en el sexo. (Solución: tener las planchas a mano).
7. Nada de frases maravillosas. El sexo y la alta literatura son contraproducentes. Mejor, nada de frases.
8. Sobre todo, nada de momentos cursi-sumisos, adoraciones y demás tontadas. Yo creo que las pavas que hacen esas cosas nunca han experimentado una buena corrida facial. Y la subliman.
9. Entonces, ¿no es un momento mágico, profundo, intenso, etc? Sí. Por eso me río.
y 10. Luego vienen posts como estos, que E. me provoca sin saber -¿o sí que lo sabe?- y que tanta falta me hacen para demostrarme que puedo seguir ágil y creativa.
jueves, 6 de octubre de 2011
Con D de dragones y despacho
Mi despacho compartido con C. fue al principio territorio hostil. No quería ir, porque le tenía miedo a lo nuevo. Nuevas tareas, gente que llama, cosas que decidir y mi mirada hosca frente al PC. ¿Y si no lo hago bien? ¿Y si meto la pata? ¿Y si no resulto ser lo que esperaban? Y lo malo no es meter la pata porque las cosas terminan arreglándose, lo malo es mi hosquedad. La de los lunes y los martes. A veces son días petardos y bordeo el pánico a equivocarme, pero eso no justifica ser una borde. Debo cambiar. Sonreir cuando vienen a interrumpirme, porque ningún papel es más importante que una conversación.
Los dragones están en un momento surrealista. Aún no ha muerto nadie, pero se ve venir (hay personajes con todas las papeletas para palmarla pero ya). Lo bueno de leer en pantalla es que no puedo adelantar tramas. Ni se me ocurre leer la última página, eso que con un libro de papel ya hago por vicio. No tengo ni puñetera idea de qué va a ocurrir y es emocionante. Hay personajes nuevos, personajes que antes eran secundarios y ahora son jugosos protagonistas supermalos (los Bolton!!!) y un lío gordísimo entre los que vienen y se van. Me quedan unas doscientas y pico de páginas -pero no me angustia porque tengo más libros prometedores en espera. Es una deliciosa sensación.
Los dragones están en un momento surrealista. Aún no ha muerto nadie, pero se ve venir (hay personajes con todas las papeletas para palmarla pero ya). Lo bueno de leer en pantalla es que no puedo adelantar tramas. Ni se me ocurre leer la última página, eso que con un libro de papel ya hago por vicio. No tengo ni puñetera idea de qué va a ocurrir y es emocionante. Hay personajes nuevos, personajes que antes eran secundarios y ahora son jugosos protagonistas supermalos (los Bolton!!!) y un lío gordísimo entre los que vienen y se van. Me quedan unas doscientas y pico de páginas -pero no me angustia porque tengo más libros prometedores en espera. Es una deliciosa sensación.
sábado, 24 de septiembre de 2011
Biorritmos
Yo antes no enseñaba los pies y ahora los luzco que da gloria. Gracias a mi parejita de podólogos, una parejita encantadora que me trata cada dos meses y me cuida estas uñas miserables.
Me cambié el nick y ya no es nick sino mi medio nombre. Cosas de los biorritmos y los cambios de estación. Me encuentro más cómoda con mi medio nombre -el que inventó E. y suena tan bonito y tan bien cuando lo pronuncia-. Igual de cómoda que con mis pies podológicamente tratados y reinsertados en la sociedad.
Le conté a mi hermana, a mediodía, cosas de los biorritmos. Pseudoteorías mías con cosas leídas aquí y allá. Ella me decía, jo cuántas cosas sabes. Y es que yo soy la hermana lista de las tres -las otras se reparten otras cualidades que a veces envidio-. En realidad no tengo muy claro qué coño son los biorritmos pero el otoño me sienta bien, este fresquito y la luz de las tardes. Me gusta estar en vaqueros en casa. En vaqueros y chanclas, yo tampoco usaba antes chanclas, por no enseñar los dedos.
En otoño me vuelvo más trabajadora, quizás me venga la inspiración. Estuve leyendo un artículo sobre Jonathan Frazen -me compro Libertad en cuanto la coloquen en las estanterías- y sentí una envidia TREMENDA.
Dejé Salvajes a medias porque he empezado Danza de dragones y ya no puedo parar.
lunes, 29 de agosto de 2011
Caleta
No es la playa más bonita del mundo y un domingo por la tarde rebosa de gente del barrio. El día de la foto hacía un levante terrible, pero en la Caleta el viento no llegaba. No había olas y el agua estaba templada. Yo, que estoy hecha al agua helada en las playas de mi ciudad, sentía el agua de la Caleta como agua de pucherete.
En medio de la Caleta, un cachito de Atlántico manso, con el cielo encapotado y rayos que se filtraban entre las nubes, entre el Castillo de Santa Catalina y el Castillo de San Sebastián, con decenas de barquitas ancladas a estribor. No es la playa más bonita pero yo estaba en la gloria.
viernes, 26 de agosto de 2011
Little sisters
Los pies de la izquierda son los de mi hermana mediana. Los de la derecha. de la pequeña. Me llevo cuatro años con la mediana y once con la pequeña. Somos una piña, las tres. La gente nos confunde por teléfono, tenemos idéntica voz. La mediana se parece poco a nosotras, la mayor y la pequeña. Me refiero al parecido físico. La pequeña y yo a veces somos dos gotas de agua, a veces no.
Tenemos idénticas manías y somos capaces de estirar una conversación horas. Tenemos batallas de abuela Cebolleta que aburren a cualquiera.
En la foto faltan mis pies, pero también llevo idénticas uñas pintadas, aunque mis pies son los más grandes de las tres. Y mis sandalias eran marrones.
Hemos exprimido las horas y no hemos dejado ni media gota para el resto del mundo.
Tenemos idénticas manías y somos capaces de estirar una conversación horas. Tenemos batallas de abuela Cebolleta que aburren a cualquiera.
En la foto faltan mis pies, pero también llevo idénticas uñas pintadas, aunque mis pies son los más grandes de las tres. Y mis sandalias eran marrones.
Hemos exprimido las horas y no hemos dejado ni media gota para el resto del mundo.
martes, 16 de agosto de 2011
Cualquier dibujo pasado no fue mejor
Siempre está el falto de imaginación de turno -y falto de empatía de turno- que abomina de los dibujos animados actuales y dice aquello de que los dibujos animados de antes eran mejores que los de ahora. De paso minusvalora el criterio de la chavalería y les condena a la entidad de generación boba.
Yo odio Tom y Jerry. Los niños lo ponen en Boomerang y me tengo que ir. Qué asco me dan y eso que son dibujos animados clásicos, esos que se supone veíamos siempre los niños inteligentes y cualificados que fuimos en su día. Los odio por pesados, por tener siempre el mismo argumento maniqueo, por ser tan simples que aburren, por estridentes.
Me gusta muchísimo Flapjack, ese niño rubito y adorable que quiere vivir eternas aventuras. Adoro al Capitán Muñón, a Bubbie y al Tonel de Golosinas. Salen eructos y mucha mugre y también historias memorables sobre la amistad, el amor materno, los sueños y los deseos.
Soy fan de Phineas y Ferb porque tratan a los niños como gente capaz, con iniciativa e ideas propias. Siento debilidad por Candance, uno de los más agudos personajes de adolescente que he visto -y sí, un poco arquetípico, pero qué adolescente no lo es-. Es una serie repleta de buenos secundarios, como Buford -otro al que adoro- el matón filósofo y por siempre, el pobre Doctor Doofenshirtz (que tuve que googlear para ver cómo se escribe su nombre).
Tampoco me canso de Chowder y la forma tan imaginativa de crear personajes, lugares y sobre todo, gastronomía: ese chuletazo parlanchín es único. Hay episodios delirantes como aquel en que Escalope tiene que ir al banco: delirante y casi angustioso con esa cola que nunca acaba y cuando llegas a la ventanilla pasa algo que te vuelve a dejar atras de otra inmensa cola. Y ese pedo-mascota de Chowder, no me digan que no es brillante: a todos los chavales les encanta lo escatológico.
Son series que no me resultan imbéciles ni estúpidas, al contrario, favorecen el sentido de la ironía, la risa surrealista y la fantasía más absurda y sana. Y no sigo porque sería ya un rollazo (pero me dejo a Bob Esponja, a Billy y Mandy, a Ed, Edd y Eddy ...)
Yo odio Tom y Jerry. Los niños lo ponen en Boomerang y me tengo que ir. Qué asco me dan y eso que son dibujos animados clásicos, esos que se supone veíamos siempre los niños inteligentes y cualificados que fuimos en su día. Los odio por pesados, por tener siempre el mismo argumento maniqueo, por ser tan simples que aburren, por estridentes.
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| Buscando Isla Dulce |
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| Buford en acción |
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| Panini acosando al pobre Chowder |
Son series que no me resultan imbéciles ni estúpidas, al contrario, favorecen el sentido de la ironía, la risa surrealista y la fantasía más absurda y sana. Y no sigo porque sería ya un rollazo (pero me dejo a Bob Esponja, a Billy y Mandy, a Ed, Edd y Eddy ...)
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