Hay películas que no son tal, sino parte de la biografía. Películas que no sólo te hablan de metraje, actores y banda sonora. Películas que son la propia banda sonora, el propio metraje, que se confunden con olores, sensaciones tactiles, emociones. Por eso comencé el blog Camino a Dune. Pero creo que ya no tiene razón de ser: si en aquel lugar hablaba de películas que forman parte de mi y aquí hablo de casi lo mismo, ¿por qué no unirlo?
¿Por qué comencé con Dune? He utilizado ese apelativo como nick, va incluido en mi dirección de mail. Precisamente Dune por ninguna razón extraordinaria. ¿Cuántas veces la habré visto? ¿Cinco? No es la mejor película de ciencia ficción que conozca pero tampoco pretendo hacer crítica cinéfila.
Dune no es nada, casi nada. Un autobús de vuelta de Madrid con el frío incrustado en la piel. Diciembre. Un autobús lleno de gente que fuma, un autobús que rezuma colegueo y yo sin saber qué carajo pinto allí, que no soy colega de nadie. Dune en la pantalla. Gusanos de las arenas. Yo viéndolos a duras penas porque el sonido es nefasto y a veces la pantalla me la tapa un tipo o una tipa de melena rizada.
Probablemente es un símbolo del refugio. Dos horas sin pensar cómo transcurren, sin pensar en lo sola que me siento, sin automaltratarme pensando qué carajo pinto yo allí.
martes, 1 de febrero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
Res politica
Tengo claras convicciones políticas. No me parece bien que haya gente que pase, que se abstenga, que no opine. Admiro a las personas que saben dialogar y no llegan al enfrentamiento en sus ideas. No desprecio casi ninguna ideología política -el "casi" es el consabido: cualquier ideología antidemocrática es despreciable-.
Eso sí, que nadie me pida que teorice. Por eso, soy incapaz de teorizar sobre lo que está ocurriendo en Túnez y en Egipto, las revoluciones que despiertan al Magreb. Estos días las sigo con interés y respeto.
Eso sí, que nadie me pida que teorice. Por eso, soy incapaz de teorizar sobre lo que está ocurriendo en Túnez y en Egipto, las revoluciones que despiertan al Magreb. Estos días las sigo con interés y respeto.
viernes, 28 de enero de 2011
I´ve been for a walk on a winter´s day
Cuando salí del trabajo hacía sol. Luego me cayó encima un chaparrón y esas cosas me matan de risa. Tú no me veías pero cuando salgo del trabajo voy cargada y me armo un lío con el bolso, el maletín del portátil, el shaquetong con la capucha y a veces el paraguas. Tengo un paraguas plegable. Cuando no llueve lo meto en el bolso. Tampoco lo sabes: mi bolso siempre va petado. Soy de esas que llevan cosas por si acaso.Llevo chicles sin azúcar, pastillas Juanola, toallitas húmedas, kleenex, una cartucherita con bolis, tipex, sacapuntas... También llevo a veces la cámara de fotos, hoy la llevaba porque me hizo falta en el trabajo. Tambien llevo, en invierno, un gorrito y unos guantes de lana. Todo es por si acaso.
Así que voy cargada y si llueve me armo un lío con el paraguas y los dos bolsos que llevo colgados al hombro. Cuando bajo por esa cuestecita para cortar camino a veces temo caerme de culo. Estos días, con las botas de agua, cuando bajo por ahí, con el fango que hay, siempre lo pienso.
Tambien pienso siempre en que ese camino está lleno de hitos, Contigo. Hay un solar lleno de gatos. Una especie de pasaje donde a veces me paro, enfrente hay pisos blancos y verdes y a lo lejos veo un espléndido paisaje. Mi ciudad es cutre pero el paisaje que la rodea es espectacular. Eso veo a menudo, mientras charlamos. Paso junto a un parking con coches de segunda mano donde siempre hay un perrote grande que dormita. Hay una tienda de respuestos con un ventanal grande, siempre me miro en él. Casualmente, en ese preciso momento en que me miro, me recuerdas lo buena que estoy para Ti. Fíjate qué casualidad.
El tiempo de cada día.
Un partido de fútbol. Salir a tomar café. Ya es viernes.
Así que voy cargada y si llueve me armo un lío con el paraguas y los dos bolsos que llevo colgados al hombro. Cuando bajo por esa cuestecita para cortar camino a veces temo caerme de culo. Estos días, con las botas de agua, cuando bajo por ahí, con el fango que hay, siempre lo pienso.
Tambien pienso siempre en que ese camino está lleno de hitos, Contigo. Hay un solar lleno de gatos. Una especie de pasaje donde a veces me paro, enfrente hay pisos blancos y verdes y a lo lejos veo un espléndido paisaje. Mi ciudad es cutre pero el paisaje que la rodea es espectacular. Eso veo a menudo, mientras charlamos. Paso junto a un parking con coches de segunda mano donde siempre hay un perrote grande que dormita. Hay una tienda de respuestos con un ventanal grande, siempre me miro en él. Casualmente, en ese preciso momento en que me miro, me recuerdas lo buena que estoy para Ti. Fíjate qué casualidad.
El tiempo de cada día.
Un partido de fútbol. Salir a tomar café. Ya es viernes.
jueves, 27 de enero de 2011
Usos del "gracias, Amo"
Ya puestas a deconstruir, y envalentonadilla que está una (gracias E., Amo-r, por leerme y por quitarme esa desazón mía sobre si lo que escribo es comprensible), pues ya puestas, voy con otra cosa rechinante.
El protocolo no escrito pero comúnmente aceptado del BDSM prescribe que tras el orgasmo y, a veces, tras azotes u otras prácticas de rigor, la sumisa de las gracias a su Amo. A mi esas cosas me encantan. Me refiero a los protocolos. Yo soy muy Capricornio en eso. Las reglas, la cortesía, seguir pautas y cauces, no se, me facilitan la vida. Tú sabes que hay un caminito y si lo sigues todo va guay. ¿Para qué complicarse y fastidiar? A mi no me gusta fastidiar por fastidiar. Yo no soy rebelde sin causa, no hago esas chorradas.
Así que si hay que dar las gracias tras un divino orgasmo, pues se dan. Qué coño, no se te caen los anillos por eso y es de nacidos ser bien agradecidos (y más una que siempre está tensa y con la cabeza en mil cosas y el tema ORGASMO a veces se plantea como hacer cumbre en el K2).
Pero eps: es puro protocolo. Dar ese "gracias Amo por este exquisito orgasmo que usted me ha proporcionado" es solo PRO-TO-CO-LO. Forma parte del juego sexual. Forma parte de lo convenido. Porque somos dos, Amo y sumisa, en esta historia en la que nos metemos de cabeza para pasarlo bien, señores. No para jodernos la vida, no para sufrir e ir llorando por las esquinas. Y pasarlo bien en una relación que tiene, entre sus múltiples y maravillosos objetivos, el disfrute sexual ... es correrse los dos. Usted y servidora. Así que Usted debe complacer a su servidora y proporcionarle exquisitos orgasmos. Es Su obligación. Y ella le dará las gracias porque el protocolo es así y probablemente también porque le ama o le adora o le tiene un cariño muy grande.
Pero no le va a dar las gracias porque usted es tan buena gente y tan apañado que mira, hoy va a hacer que su sumisa se corra como premio, por ser tan buena perrita, pero sólo hoy, oye, no te vayas a confiar.
Anda ya, hombre.
El protocolo no escrito pero comúnmente aceptado del BDSM prescribe que tras el orgasmo y, a veces, tras azotes u otras prácticas de rigor, la sumisa de las gracias a su Amo. A mi esas cosas me encantan. Me refiero a los protocolos. Yo soy muy Capricornio en eso. Las reglas, la cortesía, seguir pautas y cauces, no se, me facilitan la vida. Tú sabes que hay un caminito y si lo sigues todo va guay. ¿Para qué complicarse y fastidiar? A mi no me gusta fastidiar por fastidiar. Yo no soy rebelde sin causa, no hago esas chorradas.
Así que si hay que dar las gracias tras un divino orgasmo, pues se dan. Qué coño, no se te caen los anillos por eso y es de nacidos ser bien agradecidos (y más una que siempre está tensa y con la cabeza en mil cosas y el tema ORGASMO a veces se plantea como hacer cumbre en el K2).
Pero eps: es puro protocolo. Dar ese "gracias Amo por este exquisito orgasmo que usted me ha proporcionado" es solo PRO-TO-CO-LO. Forma parte del juego sexual. Forma parte de lo convenido. Porque somos dos, Amo y sumisa, en esta historia en la que nos metemos de cabeza para pasarlo bien, señores. No para jodernos la vida, no para sufrir e ir llorando por las esquinas. Y pasarlo bien en una relación que tiene, entre sus múltiples y maravillosos objetivos, el disfrute sexual ... es correrse los dos. Usted y servidora. Así que Usted debe complacer a su servidora y proporcionarle exquisitos orgasmos. Es Su obligación. Y ella le dará las gracias porque el protocolo es así y probablemente también porque le ama o le adora o le tiene un cariño muy grande.
Pero no le va a dar las gracias porque usted es tan buena gente y tan apañado que mira, hoy va a hacer que su sumisa se corra como premio, por ser tan buena perrita, pero sólo hoy, oye, no te vayas a confiar.
Anda ya, hombre.
miércoles, 26 de enero de 2011
Usos de la palabra "puta"
Veamos. Voy leyendo y me encuentro rechinando los dientes. Leo relatos reales o ficticios en lugares de temática BDSM. Leo lo típico: Amo que dice "córrete perra", "pero qué puta eres", "qué guarra eres", cosas así.
Lo que no me explico es la sorpresa. ¿Por qué te sorprendes de que sea tan puta? pienso yo poniéndome en el papel del relato -real o ficticio-. Porque retorcidamente pienso que hay que ser misógino para que un caballero vaya sorprendiéndose por ahí de que una dama exude jugos vaginales sin freno.
¿Es un paripé? Porque cuando leo -en relatos reales o ficticios- que el Amo se asombra ante los orgasmos repetidos de su sumisa como si correrse fuera algo impropio de una dama; cuando le llama "guarra" y todos esos apelativos -reconozcámoslo- bastante cutres, yo pienso si será todo un montaje.
No puedes asombrarte, Caballero, pienso yo. La gracia está en que ella disfruta tanto como Tú y a Ti nadie te llama por apelativos tan particulares. Pero el caso es que con tales apelativos particulares -zorra, puta guarra, cacho perra- el disfrute se triplica.
El matiz de algunos relatos me escama. Hay relatos que no, que son superlegales y el "puta correte" queda natural como la vida misma, como lo que es, sexo del bueno. Pero hay relatos donde ese "puta correte" sale como con asombro, como si el autor/a no tuviera aún muy claro que las mujeres follan y se divierten (y se dejan azotar o dar por el culo y se divierten pero muchísimo). Autores/as que realmente usan despreciativamente el término "puta". Claro que a lo mejor son suspicacias mías.
Lo que no me explico es la sorpresa. ¿Por qué te sorprendes de que sea tan puta? pienso yo poniéndome en el papel del relato -real o ficticio-. Porque retorcidamente pienso que hay que ser misógino para que un caballero vaya sorprendiéndose por ahí de que una dama exude jugos vaginales sin freno.
¿Es un paripé? Porque cuando leo -en relatos reales o ficticios- que el Amo se asombra ante los orgasmos repetidos de su sumisa como si correrse fuera algo impropio de una dama; cuando le llama "guarra" y todos esos apelativos -reconozcámoslo- bastante cutres, yo pienso si será todo un montaje.
No puedes asombrarte, Caballero, pienso yo. La gracia está en que ella disfruta tanto como Tú y a Ti nadie te llama por apelativos tan particulares. Pero el caso es que con tales apelativos particulares -zorra, puta guarra, cacho perra- el disfrute se triplica.
El matiz de algunos relatos me escama. Hay relatos que no, que son superlegales y el "puta correte" queda natural como la vida misma, como lo que es, sexo del bueno. Pero hay relatos donde ese "puta correte" sale como con asombro, como si el autor/a no tuviera aún muy claro que las mujeres follan y se divierten (y se dejan azotar o dar por el culo y se divierten pero muchísimo). Autores/as que realmente usan despreciativamente el término "puta". Claro que a lo mejor son suspicacias mías.
viernes, 21 de enero de 2011
Nerd
El nerd siempre me ha puesto cachonda. Parece mentira que lo supieras sin yo decírtelo. El nerd siempre poblaba mis fantasías libertinas, cuando yo era universitaria promiscua y afectuosa. No eran fantasías muy originales y sí muy, muy ególatras. Porque yo era sabedora de mi potencial y cualquier nerd se mataría a pajas por mi, a mis veinte años. Fantaseaba con atraerle, a él, agarrarle por el cogote, quitarle las gafas y comerle la boca hasta acabar con su resuello. Nada original. Pero era mi fantasía, con un nerd, nada de tipos musculosos, nada de gafapastas. Un nerd rarito, gafotas, pajillero y lascivo. Porque mi nerd debía tener la mente más sucia y las manos más incansables.
Y ahora estas Tú, que eres un extraño nerd porque estas muy bueno y usas gafas. Que hablas con tu amigo de cómics y frikadas de Star Wars. Que estas que lo flipas con tu portátil nuevo. Que te empalmas con mi risa, me agarras de la trenza para llevarme por el buen camino, te cambia la voz cuando me llamas zorra.
Y ahora estas Tú, que eres un extraño nerd porque estas muy bueno y usas gafas. Que hablas con tu amigo de cómics y frikadas de Star Wars. Que estas que lo flipas con tu portátil nuevo. Que te empalmas con mi risa, me agarras de la trenza para llevarme por el buen camino, te cambia la voz cuando me llamas zorra.
jueves, 20 de enero de 2011
Otra lista grimosa
De prendas de vestir.
Los jerseys de cuello cisne. Quedan superelegantes pero no, jamás, nunca. De muy pequeña mi madre me los hacía llevar, joder qué angustia. Hay una foto enmarcada en el salón de casa de mis padres, la típica foto del cole, donde salgo, con siete años, con un jersey de cuello alto y una cadenita que sobresale, una cosa muy angustiosa: la cadenita está remetida por atrás y sale por delante... no se explicarme, pero es lo más grimoso del mundo. Nunca me verán con jerseys de cuello vuelto. Cuando alguna cuñada me ha regalado jerseys de cuello vuelto se los he dado a mi madre.
Las bragas de fibra. No. Rotundamente no. Mis bragas son blancas de algodón. La fibra es repugnante.
Los pantys no tupidos de color negro. Los odio. Los pantys son una cosa que soporto muy poco. Pican. Nunca suben hasta el culo, siempre queda un espacio de aire muy desagradable. Si encima son pantys no tupidos, me dan un asco mortal (este invierno estoy usando unos pantys polares supertupidos, aunque para ponérmelos tengo que estar muy concienciada).
El pijama y la bata de día. Jamás. Algún sábado por la mañana que me he quedado en pijama he acabado de los nervios. Me entra una horrible histeria de ropa holgada. Sin embargo, en cuanto se hace de noche pienso en mi pijama con un profundo amor.
Las botas de tacón. Me producen asfixia, es muy raro, pienso en botas de tacón, con vaqueros por dentro y me entran ahogos.
El sujetador en casa. Es muy raro que yo aguante en casa con el sujetador puesto. Cuando me despisto al llegar de la calle y me pongo a hacer cosas con él, empiezo a ponerme nerviosa, leche, a qué vienen esos nervios? Al sujetador. Es algo parecido al pijama de día (de radikal yo deambulaba siempre sin sujetador, supongo que siempre algo se queda)
Y hay más, pero ya es tarde.
Los jerseys de cuello cisne. Quedan superelegantes pero no, jamás, nunca. De muy pequeña mi madre me los hacía llevar, joder qué angustia. Hay una foto enmarcada en el salón de casa de mis padres, la típica foto del cole, donde salgo, con siete años, con un jersey de cuello alto y una cadenita que sobresale, una cosa muy angustiosa: la cadenita está remetida por atrás y sale por delante... no se explicarme, pero es lo más grimoso del mundo. Nunca me verán con jerseys de cuello vuelto. Cuando alguna cuñada me ha regalado jerseys de cuello vuelto se los he dado a mi madre.
Las bragas de fibra. No. Rotundamente no. Mis bragas son blancas de algodón. La fibra es repugnante.
Los pantys no tupidos de color negro. Los odio. Los pantys son una cosa que soporto muy poco. Pican. Nunca suben hasta el culo, siempre queda un espacio de aire muy desagradable. Si encima son pantys no tupidos, me dan un asco mortal (este invierno estoy usando unos pantys polares supertupidos, aunque para ponérmelos tengo que estar muy concienciada).
El pijama y la bata de día. Jamás. Algún sábado por la mañana que me he quedado en pijama he acabado de los nervios. Me entra una horrible histeria de ropa holgada. Sin embargo, en cuanto se hace de noche pienso en mi pijama con un profundo amor.
Las botas de tacón. Me producen asfixia, es muy raro, pienso en botas de tacón, con vaqueros por dentro y me entran ahogos.
El sujetador en casa. Es muy raro que yo aguante en casa con el sujetador puesto. Cuando me despisto al llegar de la calle y me pongo a hacer cosas con él, empiezo a ponerme nerviosa, leche, a qué vienen esos nervios? Al sujetador. Es algo parecido al pijama de día (de radikal yo deambulaba siempre sin sujetador, supongo que siempre algo se queda)
Y hay más, pero ya es tarde.
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