sábado, 11 de abril de 2009

Imposturas

Di un paseo por la playa.

Anoche acabé Revolutionary road, la novela. Empece a ver la película pero la dejé a la mitad. Quizás siga mañana.

Empecé a ver Independence Day, que es la monda, pero no se que maldición tengo con esa película que nunca consigo acabarla.

Tuve una agradable conversación, y larga -cosa rara en mi- con F.

He empezado a leer El chino de Henning Mankell, una más de un novelista que me encanta aunque aquí no sale Kurt Wallander -pero sale una jueza que promete-.

Fregué el suelo de arriba.

Comí un bocadillo. Me fumé un Nobel. Me tomé un Baileys. Miento, tres chupitos.

He visto El juego de la verdad de Alvaro Fernandez Armero. También el final de un capítulo de Sexo en Nueva York, que es un pequeño vicio culpable -porque realmente es una serie infame- y un capítulo de Gossip Girl -idem, de idem-.

He visto Closer por fin. Me ha gustado.

Algo más.

He pensado que soy una impostora. O probablemente tengo tendencia al melodrama.

O me las doy de lo que no soy y en realidad soy una moñas.

Y me autocompadezco, pero bah, aquí puedo ponerlo. Son las dos de la madrugada.

miércoles, 8 de abril de 2009

Pequeño vicio confesable

Cuando vivía en mi piso de estudiantes yo tenía una fantasía compartida con mis compañeras, mis amigas. Teníamos una historia inventada en la que cada una tenía una profesión llena de glamour -actriz, modelo, escritora-. Yo era cantante de un club de jazz. Llevaba un vestido largo de lamé y el pelo recogido y tirante a veces y otras suelto como Gilda. En nuestra fantasía teníamos aventuras y amores y nos hartábamos de reir. Yo siempre me veía cantando entre humo y alcohol y mi amante era el saxofonista de la banda.

Mi pequeño vicio confesable es cantar en el karaoke. Siempre he cantado, de pequeña me llamaban "la niña que canta". De vivir en Madrid yo habría sido una nueva Marisol, ahí con un par. Mi tita me enseñaba canciones de Karina y de Manolo Escobar y yo era salerosa y sandungera. Una vez, en el cole, también canté esa canción tan triste de Ana Belén, la de sentada en el andeeen. Decían que hasta me parecía a ella, lo cual es falso.

Algunas veces he salido de karaoke con mis amigas y también con los compañeros del trabajo. Siempre me lo he pasado de muerte y no hay quien me quite el micro. Mi especialidad es La chica Yeyé, versión Concha Velasco. Pero canto lo que me echen mientras no sea ñoño. El caso es desmadrarse, no tener miedo al ridículo y no pensar en pijadas.

También canto en casa, aquí. Viene muy bien para eso de las miasmas, limpiarse una de mugre, autocompasión y demás porquería.

En otro tiempo y espacio

En otro tiempo y espacio volvere a encontrar a E. Confío en ello y así se lo he dicho. Mi última palabra. Despedida. Punto y final. Se acabó.

Qué mierda y qué asco y qué rotundo absurdo. No se si hartarme de llorar a moco tendido y romper todo lo rompible. Si hartarme de reír por la estupidez de algunas cosas. Si vomitar de asco.

Las cosas no son así. Las personas no deberían ser así. Y se que habla la niña egoísta que siempre he sido, la ingenua que se cree que todo es bello y florido. Y que sigue creyéndolo. Que me da igual.

Yo tiro pa´lante, ahora me voy a la calle porque hace sol y probablemente dentro de un rato me salga la sonrisa.

Y si E. lee ésto, ojalá, Dios lo quiera, le insisto: nos vemos en otro tiempo y en otro espacio. Allí estaré y ya no podrá decirme que me guarde mis besos.

domingo, 5 de abril de 2009

Compañeras del colegio

Esta mañana, en el periódico local, publicaron la carta al Director de una antigua compañera de mi colegio. No era de mis amigas. Era una líder, de las graciosillas y dispuestas. Me caía bien, solía estar de buen humor y nunca era desagradable. Como vive en mi ciudad, a veces la veo por la calle. No nos saludamos.

Tengo una foto de toda la clase. Fue en Segundo de EGB, en primavera. Nos la hicieron poco antes de la Comunión, que antes se hacía en Segundo. Estamos todas muy primaverales, modositas y con vestidos floreados. Bien peinadas. Mi amiga AB está allí, pero en aquella época no se juntaba conmigo. Yo iba con otra amiga, a la que veo a veces y sí saludo. Una mujer encantadora y muy cariñosa.

En la foto hay niñas -solo niñas en mi clase, a pesar de ser un colegio público- que se fueron a vivir a otra ciudad y niñas a las que sigo viendo por la calle. No saludo a todas, ya digo, cosa que me resulta estúpida por mi parte pero qué hacer a estas alturas. Y no me puedo hacer la tonta y engañarme diciendo: es que ya ni las conozco de lo que han cambiado, porque es rotundamente falso.Están igual, como yo estoy igual. Con 34 años más.

Me justifico, siempre me justifiqué con el argumento de lo-mal-que-lo-pasé-en-el-cole. Cosa más o menos cierta. No recuerdo ilusión en esos años sino temor de que se dieran cuenta de que solo se contar con los dedos. Temor de que me preguntaran y no saber la lección. Temor de salir a la pizarra y recibir reproches. Temor de no saber resolver problemas asquerosos de litros, decilitros y centilitros.

Recuerdo dolores de barriga. Verguenza de los niños al otro lado del patio. Malestar por ponerme colorada y oír risas. Angustia en la clase de gimnasia. Incomodidad por mis piernas con vello y calcetines. Ira por los comentarios de algunas niñas que aún encuentro por la calle y, claro, cómo las voy a saludar con lo remalas que eran.

sábado, 4 de abril de 2009

Acerca de quien llamé "olvidadizo"

Sentir rencor es repugnante y así, en ocasiones, cuando pensaba en RJ me sentía yo. Me han ayudado y he acabado de limpiar la mugre.

Me quedo con el bien que me hizo, me quedo con su trato amable, su cariño, su caracter extraordinario. Le deseo ventura y paz.

Lamento mi soberbia, mi falta de humildad, mi falta de compasión.

viernes, 3 de abril de 2009

Respirar, profundo, respirar.

EDWARD HOPPER, Rooms by the sea.

Hablando hace unos días con mi galleguilla predilecta, reconocíamos que el mundo virtual nos hace encontrar personas que son tesoros. Además de la galleguilla -y otra gallega más que no se si me lee, pero es adorable, que lo sepa- , hay ... joder, está mi E. de mi alma y de mis desvelos. Está Él, que ahora no me lee y no se si me leerá más, no se nada nadita. Pero miro arriba, ese cuadro tan bello y pienso que todo está bien.

Respiro, profundo. He encontrado a una mujer que llevaba mucho queriendo encontrar y ha sido lo que esperaba. Esperaba comprensión, ternura, calma... Ha sido dichoso y limpio, fresco, bello, como el cuadro de arriba. Un mar brillante.

Por eso estoy contenta. Por eso bromeo por E. y, aunque Él no me llame ya más -seibra, no seas melodramática, contente-, digo, que aunque no me reclame, respiro y todo es horizonte.

Y lo escribo aquí por si algún día vuelvo a ponerme llorona.


jueves, 2 de abril de 2009

Ellas, cerca.

DIEGO RIVERA, Desnudo con lirios de agua.

Tenía un ramo grande de lirios de agua en un jarrón. Los tiré hace un par de días porque ya estaban mustios. Ver el ramo de lirios me daba alegría, son flores de abril, emanan frescura. Me los regaló un familiar, una mujer muy querida. El lugar donde cortó esos lirios está junto a una fuente natural, un manantial. Ver la fuente, el plantel de lirios, daba gloria. Ella cortó muchos y me regaló un buen ramo que puse en casa. También mi abuela, en su patio, tenía lirios de agua.

Esta mañana compré clavellinas de color rosa. Son más humildes que los lirios, pero me dan casi la misma alegría.

Voy leyendo espacios de otras mujeres sumisas. Si me leen, quiero que lo sepan. Me reconforta leerlas. Hablan, susurran emociones que yo alguna vez he susurrado y las siento cerca. Estos días en que, junto a los lirios, he tirado otros restos mustios, leerlas me hace bien.