jueves, 10 de abril de 2014

Librepensadora librefolladora

Como tener una personalidad equilibrada. Cómo vencer al desánimo y la depresión.Aprender a manejar la ira. Cómo controlar los nervios, las adicciones, las melancolías. Cómo meditar, reflexionar, manejar los pensamientos y alejar a la gente tóxica.

Cómo ser una madre perfecta. Cómo alimentar a los hijos. Aprender a manejar a hijos adolescentes. Controlarles sin que lo noten, los peligros de las redes sociales, los berrinches, la lactancia natural, el colecho, el método Estivill. Cómo ser una mala madre, que paradójicamente consiste en ser una madre buena.

Cómo vivir en pareja, cómo sobrevivir al fin de la pareja, cómo encontrar pareja, cómo ser feliz con o sin pareja. O cómo dormir sin pesadillas, cómo soportar un duelo, qué comer para no morir de cáncer o de un infarto al corazón. Tomar o no tomar leche de soja, hacerse vegano, comer proteínas para cenar o mejor carbohidratos, running, pilates, yoga.

Y cómo ser políticamente correcto, o preferiblemente, políticamente incorrecto, o cual es -alucinen- más correcto. Qué música conviene, qué películas, qué ropa, qué libros se debe leer, a quién retwittear, dónde viajar para demostrar la incorrección política. Activismo, lenguaje inclusivo, incluir, respetar o no respetar, qué consumir, dónde no consumir y ser aceptado en sociedad.

(Pásate por el coño todo lo anterior y ya eres una librepensadora de las buenas)

Lo que me conviene para follar y ser feliz, para follar más y mejor, tener una vida sexual completa y no aburrirme. Tener sexo duro. Tener sexo anal. Tener tres, cuatro, cinco orgasmos seguidos. Tener juguetes, tener el coño depilado o sin depilar.. Ser monógama, ser bisexual, ser bollera, ser heteroflexible, ser bicuriosa, ser poliamorosa, follar con o sin amor, cuánto hay que follar para ser feliz. Hablar. Poner velas. Hacer cenas románticas. Escapadas en pareja. Probar masajes, aromas, dildos, vibradores, antifaces. Hablar.

(Y librefolladora)

domingo, 6 de abril de 2014

Sueños de seductor

Aquí donde me ven, tan talentosa, yo no se seducir.

Me planteo una seducción erótica y muy sexy, una seducción al uso, y se me pone un nudito en la boca del estómago. Yo nunca he hecho una cosa así.

Yo soy muy bruta. Nunca he seducido a hombre ni a mujer poniendo ojitos. O con esas artes que tienen algunas del toqueteo. Yo es que soy una cortada con el toqueteo cuando no tengo confianza. Ya digo, cuando he seducido lo he hecho de dos formas. A lo bruto. O sin darme cuenta, en plan inconsciente.

La inconsciencia seductora a mi siempre me ha funcionado, pero al ser inconsciente siempre me he dado cuenta cuando el sujeto ya estaba seducido. Así que no se muy bien cómo me funciona. Los seducidos me daban pistas. A unos les seducía lo ingenua que soy. Otros que les daba morbo. Les juro que no se dónde coño tengo el morbo a veces, pero hay quien me lo encuentra.

Cuando he ido a seducir a saco, unas veces me ha salido bien y otras ha sido desastre. Pero es mi manera. Directa y sin medias tintas. Nada de ojitos. Nada de cruce de piernas y languidez. Yo siempre he tirado por la vía de enfrente y hubo veces que me estrellé,  pero otras fue un triunfo. Pero yo creo que eso no fueron seducciones sino más bien ir a muerte y que fuera lo que Dios quiera. Yo soy un poco suicida en el AMOR.

Pero sí, me gustaría ser capaz de ser una mujer seductora. Acariciar con la mirada. Poner morritos. Mantener una conversación sensual y descarada. Ser sexy. Ser provocativa. Ser picante. Para mi, eso de "ser picante" es un mundo. Yo me se la teoría del "ser picante" o "ser provocativa" pero del dicho al hecho va un largo trecho. Para mi, pronunciar frases con un mínimo de erotismo en voz alta, sin ponerme colorada ni balbucear, es toda una proeza; ni se imaginan lo cortada que soy en distancias cortas, sobre todo si me gusta el que tengo enfrente. Si elaborar una frase seductora ya me cuesta un mundo, hilvanar una conversación mínimamente sexy es una agonía.

No se seducir y envidio a las seductoras. Yo las miro de reojillo e intento asimilar sus técnicas pero no, es un ridículo y una impostura. Porque soy demasiado alta, o transparente y no se fingir. O demasiado tímida o insegura. Cualquier excusa me vale.

Top ten de películas que me marcaron (para bien o para mal)

Mi top-ten de películas que me marcaron no es mi top-ten de películas favoritas. En esta lista hay pelis muy buenas, pelis pésimas y otras mediocres, que no he vuelto ni querría volver a ver. Empezamos por:

10. La decisión de Sophie (1982). Una película-trampa que funciona como arenas movedizas, cuando estás más hundida y quieres salir y no mirar, ya no hay vuelta atrás. Me senté a verla inocente de mi, pensando en qué bonito ese triángulo de amor y qué guapo el del bigote ( Kevin Kline, sic). Cuando ya estaba tirando a aburrida, pensando que ese ese amor raruno ya no daba más de sí, me largan la última media hora (que no spoileo por si acaso) y me quedé traumatizada por largos días. Desde entonces no he vuelto a ver pelis sobre el Holocausto.
Glups, momento decisión.

9. El hombre lobo (1941). Mi primera peli de terror, que vi en la tele, pero escondida tras la butaca de mi abuelo, una noche de luna llena y con cinco años. El pobre hombre lobo no me despertó la mínima compasión, yo quería que muriera YA bien rociado de balas de plata. Estuve muchas noches sin dormir, mirando a la luna y devanándome la sesera respecto al tema BALAS DE PLATA.

Escena que no vi porque tenía los ojos tapados

8. King Kong (1933). En realidad me marcó no verla cuando me mandaron a la cama porque era muy pipiola y asustadiza. Como por entonces vivíamos en un apartamentito de salón, cocina y un dormitorio, los rugidos de King Kong al otro lado de la pared me tuvieron en vela un buen rato. Es una tortura tener cuatro años e imaginar horrores en la tele sólo con los sonidos que salen de ella. Rugidos y gritos espeluznantes. Muchos años después pude verla de verdad y comprobé que no era para tanto... aunque el mito no se me derrumbó.

Yo después de El hombre lobo
7. El muro (1982) sobre la que tengo escrito toda una entrada, de esas mías sentimentales. Como la vi en el momento perfecto, a la edad perfecta y junto al hombre perfecto (todo cosecha del 89) imaginen lo que me marcó. También me marcó Bob Geldof pre-Live Aid. Me pareció el no va más de tío interesante y enamorable (mejor no busquen su pinta actual de señora mayor. Es muy grimosa)

Cuando Bob no parecía una señora mayor

6. Tiburón (1975). Todo el que vio Tiburón en los 80 pasó largos veranos metiéndose en el agua de la playa con toneladas de aprensión Aunque fuera la playa infecta de mi pueblo donde un Tiburón no sobreviviría ni media hora. Aunque Tiburones como ese NO EXISTEN y además dan un cante que te cagas, que ya sabemos que cuando se acerca el Tiburón suena el tema de John Williams y da tiempo a salirse del agua.

Chavalines que oyeron al Tiburón

5. La guerra de las galaxias: episodio IV (1977). Qué voy a contar que no cuente cualquiera de mi generación. Que yo fui otra niña el día que vi Star Wars. Yo creo que todos los niños que salieron esa tarde del cine fuimos niños nuevos. Se nos notaba en la cara. Teníamos como otro brillo, ese de las espadas láser. No paré hasta comprar el álbum mítico de Las guerra de las galaxias y apilar todas las estampas que pude, cada mañana a la salida del colegio. Aquella peli fue una catarsis. Desde entonces supimos qué era aventura espacial de la buena.

Aquí empezabas a cagarte de guato

4. Había una vez un circo (1972). Hacérmela ver fue una crueldad porque en ella salía una niña que se ponía enfermita y los payasos de la tele iban a visitarla. Desde ese día quise estar malita y que vinieran a verme Gaby, Miliki, Fofito y sobre todo Fofó. Me parecía una tremenda injusticia que sólo aquella niñata lo pudiera disfrutar. Di la tabarra días enteros en casa suplicando por una visita de los Payasos, escribir a la tele o algo, ¿quiénes eran los niños que iban a la tele a ver los Payasos? ¿Alguien conoce algún niño que fuera? ¿Existen de verdad esos niños?

Niña rubia disfrutando de los Payasos para ella sola.

3. Terciopelo azul (1986). Yo lo pasé muy mal viendo Terciopelo azul Y además me hizo descubrir a David Lynch y me dio el toque gafapasteril que me faltaba para ser absolutamente adorable. Creo que fue la primera película rarita que vi en el cine y me hice fan y un poquito pedante. Si se hubiera inventado el rollo hipster en los 80 yo habría sido hipster como la que más. Ya desde los bomberitos saludando y la oreja cortada el mal rollito se veía venir. Me daba miedo pero a la vez me hacía sentir especial, yo viendo esa película rarita y disfrutándola y todo.

Imagen impactante de mal rollito

2. El lago azul (1980). Algunas chavalas de los ochenta tuvimos un bonito despertar sexual gracias a Brooke Shields y al rubio de los rizos. Yo no sabía cómo hundirme más en la butaca del cine, ni a mover un dedo me atrevía porque sólo moviendo un dedo se me notaría la calentura. Años después ves otra vez la escena del folleteo en la isla y no era para tanto (y el rubio no da nada de morbo, más bien asquito) pero en los 80 tanta piel bronceada y tanto gemido paradisíaco podían marcar para la eternidad. Yo salí del cine consciente de dos o tres cosas que me vinieron muy bien con el tiempo...

... por ejemplo, poner caritas de bien-follada

1. Ghost (1990). la he visto dos o tres veces y siempre con mis hermanas porque la disfruto el triple (es une peli para ir comentando cada jugada, como Dirty Dancing). También  he vertido litros de lágrimas, especialmente con dos momentos cumbre. Uno, cuando el bienamado Patrick se mete en el cuerpo de Whoopi Goldberg (que hasta el momento controlaba la parte de risa) y suena la Melodía Desencadenada.

Y el final. El final es EL HORROR desde el momento en que Patrick  se gira y ve el túnel de luz y le dice a Demi eso de "no sabes cuánto amor me llevo". Joder, estoy llorando otra vez.

Patrick antes de subir al cielo

viernes, 4 de abril de 2014

Los primeros besos

No se si es un vídeo chulo o que soy una sentimental. Miro el vídeo de First Kiss y me emociono. Ya lleva tiempo siendo viral y además forma parte de una campaña de publicidad pero da igual, yo me emociono como una idiota. Y recreo esos puñeteros y apetitosos besos primeros. Me pone cachonda y melancólica, jodido vídeo.

El primer beso de todos los primeros lo di junto a una casapuerta, de noche y de despedida. En vez de despedirme como siempre, con un piquito ñoño, él me zampó un beso con toda la lengua que fue el primero de mi vida y duró desgraciadamente poco. Cuando llevas tanto tiempo deseando esa boca, el primer beso sabe a gloria aunque sea un beso de mierda.

Hubo un primer beso larguísimo junto a una ventana en verano. Piensas en lo bien que besas, cabrón, en los vecinos que estarán poniéndose finos con este beso inacabable y lascivo, en lo que vendrá después. Que deseas que también sea inacabable y lascivo.

Hubo un primer beso en un coche aparcado. En realidad hubo varios primeros besos en coches y en polvódromos, que son etapas que no deben faltar en toda buena memoria sexual. Los primeros besos en coche se dan de manera clandestina y son deliciosos por cutres. Él -siempre conduce él- te lleva al polvódromo como disimulando -aunque los dos sabemos que vamos al lío- y pone música en el radiocassette. La música de follar, se entiende. Luego hay manitas y ojitos libidinosos. Él cuenta un poco su vida y te dice cosas bonitas para ponerte tierna (lo cual no hace maldita falta). Y luego el primer beso. Un poco incómodo porque estas medio torcida en el asiento del coche y porque es el primero y siempre sorprende.

También hubo un primer beso junto a una barra de bar, rodeados de gente que cantaba la misma canción, una y otra vez y entre morreo y morreo también la canturreábamos nosotros dos. Y un primer beso bailando lento, que fue un beso-fantasía y se hizo real, aunque hoy me de un poco de risa (por el lugar y por la canción).

Hubo un primer beso que fue el último. Hubo un primer beso que dio comienzo a segundos, terceros y mil más. Existe un primer beso que nunca fue. Y un primer beso que soñé. Hay un primer beso que deseaba y llegó por fin. Hubo un primer beso planificado y uno o dos primeros besos premeditados, no por ello menos sabrosos.

La sorpresa. Los labios, la lengua que se hunde, las manos que te atrapan la cabeza o te abrazan la cintura, el nuevo sabor a saliva, el primer beso horrendo que esperas mejorará con el tiempo, el primer beso superlativo que esperas sea siempre así y maldita sea, pocas veces se repitió, el primer beso lleno de ansiedad, el aliento que hace segundos era desconocido, primeros besos que se quedaron en nada aunque prometían mucho, primeros besos que no esperaba y trajeron la vida que con la que soñé.


 

domingo, 2 de marzo de 2014

Cuadernos de viaje

Yo soy muy maniática cuando viajo.

Hago muy pocas fotos. Jamás grabaría un vídeo. La gente que va grabando vídeos de sus viajes es una hortera. Hacer fotos a diestro y siniestro es otra catetada. Hay gente que se pasa los viajes haciendo fotos y deja de vivir el viaje. ¿Verán luego las fotos en casa? En realidad la gente hace fotos para presumir después. Es gente que viaja y no siente placer en el viaje sino en cómo presumirán después, en facebook y tal. Y ver fotos de los viajes de otra gente es un coñazo. Yo hago dos o tres fotos si voy con los niños. Si no, ni siquiera llevo la cámara. Me dedico a mirar.

No suelo contar mis viajes. Se hace para molar y lo único que consigues es aburrir al oyente.

Siempre me pongo muy nerviosa antes del viaje. Cualquier viaje. Se me pone un pellizco en el estómago y visualizo terribles catástrofes. Averías. Equipajes perdidos. Robos. Es terrible, mi mente a mil por hora y cada vez más nerviosa. Odio las horas previas. Y con todo lo sensata y razonable que soy, es una manía que no puedo evitar.

Nunca pregunto cuando visito un lugar porque odio parecer turista. Me hago la ilusión de camuflarme con el paisaje. Hasta cambio de acento y lo adapto al del lugar. Odio ponerme ropa de turista y complementos de turista. El plano siempre lo consulto con disimulo. Que nadie note lo turista que soy.

Me hago la listilla cultural. Cuando me ofrecen audioguías, declino la oferta con sonrisillas de superioridad. Miro a los guías que llevan rebaños de turistas con más sonrisillas de superioridad. Pónganme un monumento, plaza, museo, yacimiento arqueológico, calle típica cerca y verán cómo me hincho como un pavo. Pedante a rabiar.

Huyo de las colas.

Siempre llevo en la maleta más cosas de lo necesario. Siempre me agobio con las maletas.

Me obsesiono con el momento de comer. Soy un coñazo porque quiero probarlo todo pero no me vale en cualquier lugar. Buceo incansablemente en tripadvisor a la busca del lugar de papeo ideal.

Prefiero ir con poca gente, no me gusta ir en grupo y tener que esperar al que se para en tal tienda o necesita hacer pipí. Me repatean los quejicas Y los que dan el coñazo con las fotos.

Nunca compro recuerdos. También detesto que se acuerden de mi y me traigan souvenirs que nunca se dónde  poner.

Lo único que guardo son tickets, entradas, folletos, esas pamplinas que guardo en mi caja-diógenes. Y anoto en un cuaderno las cosas chulas que he visto o me han pasado o he comido, cualquier cosa que, días, meses o años después me hagan recordar cuánto he disfrutado. Porque, tan maniática como soy, al final voy y disfruto.




miércoles, 26 de febrero de 2014

Este pueblo

Mi pueblo tiene muy mala fama. Cuando lo nombras, mucha gente piensa en cosas chungas, esas que a veces ponen en Callejeros. Conozco gente que maldijo su suerte cuando en un concurso de traslados le asignaron mi ciudad. Este antro de delincuentes, droga y marginalidad.

Mi pueblo siempre tuvo muy mala suerte. Destruido hasta los cimientos hace un buen puñado de años. Renacido y vuelto a caer, gracias al desarrollismo y la codicia. Un pueblo que tuvo bonitas calles, vistas al mar y playas que eran la envidia de la comarca. Ahora a veces paseas y piensas que maldito pueblo de mierda.

Conozco mucha gente que ha vuelto, yo misma he vivido fuera y he vuelto. Este pueblo de mierda te atrapa. Conozco gente que vive fuera y echa pestes de él, pero también lo añora. Terriblemente. Todos echamos pestes de este pueblo apestoso, pero bendito sea. No conozco a nadie de aquí que en realidad llegue a odiarlo

Hoy creo que en este pueblo todos estamos tristes. Lo he comprobado en facebook y en la prensa. Todos nos dolemos de la muerte de Paco de Lucía, nuestro paisano. Joder, era joven aún y era grande, era mítico, era un genio y un tío sencillo y buena gente. Lo dicen en este pueblo, que es cainita como el que más, pero a Paco de Lucía se le adoraba aquí. Y nos duele mucho, mucho haberlo perdido, tan pronto.


viernes, 14 de febrero de 2014

BDSM romántico

BDSM y romance no casan bien. Idealizar el amor que te une a  Lord X ya es un error. Si además, idealizamos a ese ser que llamamos Amo, le adornamos de todas las sublimes cualidades que nos enamoran y soñamos con la vida sumisa perfecta a su lado, entonces ya vamos peor que mal. Fatal.

Las sumisas románticas son un error, caer en el romanticismo en una relación BDSM es error. Idealizar es cometer errores uno tras otro. Claro que sólo hablo de sumisas, porque es el terreno que conozco (ya otro que escriba si le place de otros roles) y se cómo fluye el laberinto de los romances BDSM. Haya Amo o no lo haya el caso es que  mantenerse eternamente en el plano del BDSM rosa nunca lleva a la felicidad. Esa por la que suspiran todas las románticas.

El Dominante no es un ente ideal. Es la frase de perogrullo que todas las sumisas dicen. Pero puede olvidarse cuando aparece el candidato a enamorar. Llega el Amo Ejemplar y se olvidan todas las precauciones. El Amo Ejemplar nunca es inseguro, nunca duda y siempre tiene un plan. No se tira pedos. Nunca pichafloja. Una nunca se aburre a su lado. Y siempre la tendrá a una a sus pies porque él siempre manda. Nunca se cansa.

He ahí el gran error de la sumisa romántica: confía en el BDSM  y confía en el Dominante varonil que dará sentido a su vida. No tiene ojos para otros ni para otros tipos de relaciones, se obceca en un decorado de cartón piedra que ha visto en pelis y leído en libros (empezando por la temible Historia de O y terminando con las 50 sombras). Construye un palacio cristalino y puro donde el BDSM asegura felicidad eterna y donde el Amo da refugio y calor. Y eso yo solo lo he encontrado sugerido en los cuentos. Lo de vivieron felices y comieron perdices.

Usar el BDSM para dar sentido a tu vida lleva al desastre. El Amo nunca es la solución de los problemas ni el superhombre que pondrá orden en tu existencia. Queda muy bonito todo ese rollo de entregarse, muy romántico e ideal, pero es de mentira. Puedes entregarle a la persona amada todo el amor y el afecto que seas capaz, pero no se debe ser la gilipollas que lo hace sin pedir nada a cambio. Queda muy bonito y heroico pero no es honrado. Entregamos porque queremos un Amo varonil que nos de la vida que no tenemos. O que no nos parece suficientemente buena. O que somos incapaces de construir solas.

Hay que leer menos historias románticas, poner menos corazoncitos al blog y darse baños de realidad. Porque la realidad puede ser fea pero es un material con el que se puede trabajar. O reformar si no termina de gustar. Hay que usar el BDSM, no vivir por él. Explorar, divertirse. Aprender a identificar los momentos de disfrute. Olvídarse de todas las normas BDSM que una se encuentra en internet, construir la propia relación BDSM divertida. Light o dura da igual, el BDSM lo hago yo. Y si es con alguien que se ama (de verdad, no utopía) al lado, genial.