sábado, 14 de diciembre de 2013

El cine erótico y las intensas

Le echo un vistazo al trailer de Nymphomaniac. La última cagada  obra de Lars von Trier. Sale Charlotte Gainsbourg (que me cae simpática porque tiene cara caballuna como la mía). Yo con ver el trailer ya me huelo lo peor. Esta mal condenar sólo con el trailer, lo se, pero con el amigo Lars no puedo. Ver a la Gainsbourg diciendo toda intensa: soy ninfómana, es muy duro a mis años. Esa falta de chispa, ni un miligramo de gracia, ni una pizquita de humor.

Yo llevo muy mal a las intensas que salen en las películas eróticas. Todas sufren mucho cuando follan. En Nymphomaniac la tesis es: las tias que follan mucho tienen un trauma de la niñez. Joder. Pasa en casi todas las pelis eróticas. Promiscuas dolientes y sin humor.

En este top de películas eróticas no se salva casi ninguna de la intensidad. Estas son algunas de mis intensas favoritas:

Lucía, la de Lucía y el sexo, que lo vivía con cara de arrebato constante; se supone que era una cachonda pero Medem yo creo que no ha visto a una mujer cachonda en su vida. Ni sexualmente cachonda ni cachonda a secas.

En la inefable Instinto básico, Mrs Stone -eternamente anclada al papel de perra mala-  hace todo el rato de mujer sexualmente activa pero que en realidad sufre por ello. Sabemos que eso es lo que le pasa a las malas perras. Lo mismo que a Demi Moore en Acoso, que por acosar a Michael el babas Douglas,  jamás hallará la paz en este mundo. Acumuló mal karma para decenas de años.

Las dos pavas de Juegos salvajes también van de megaintensas toda la peli. No recuerdo bien, pero una era una tarada y otra una drogata y montan una escena de trío con el pringado Matt Dillon que da verguenza ajena. Tirando champan del caro. Sufriendo a lo grande. Terminan mal las dos, creo.

Hace poco vi Melissa P. Una con María Valverde que más intensa no la hay. Va de adolescente que descubre el sexo y el sufrir a la vez. Marcada pa to la vida. Un asco. Para echar la pota no una, varias veces. La niña-mujer iniciada más intensa del cine de los últimos años. Que son legión.

En cine las mujeres la jodemos a base de bien. Yo casi no quiero ver pelis eróticas, para no pasarlo mal. Casi prefiero el porno sin argumentos, sin éxtasis y sin orgasmos dolorosos. Yo no se si es culpa de directores iluminados (el amigo Lars), guionistas egomaníacos, productores codiciosos, y tampoco quiero largar el rollo feminista de que una mujer directora no haría pelis asi, porque no tengo datos (¿Por qué no tengo datos, joder???). Y no me refiero al porno de mujeres de Erika Lust. No tengo datos de pelis de erotismo soft y comercial. No lo hacen las tías. Nada. Cero. Así que no se decir si habría o no habría intensidad.

Charlotte, con lo bien que me caes y cómo te has dejado llevar al ridículo, cabrona.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Aquella extraña pandilla

Cuando mi mejor amiga A. se hizo novia de J. cada uno trajo a sus amigos y se formó una pandilla rara. Las amigas de A. éramos un grupo maravilloso, ese que germinó de adolescentes en los ochenta y se hizo sólido de universitarias en Cádiz. Los amigos de J. eran una panda de tíos raros. Yo los conocí en mi primer Carnaval de Cádiz , pero pasé de ellos porque me parecieron feos y yo era así de gilipollas.

Cuando en primavera A. y J. comenzaron a salir, los amigos que trajo cada uno nos fuimos haciendo amigos; incluso yo, que soy muy reacia a las nuevas amistades y soy de círculo cerrado, me hice amiga de aquel hatajo de frikis. Era raros, lo juro, eran feos y sólo dos tenían habilidades sociales. Pero nos divertíamos.

Salíamos cada fin de semana y quedábamos en el mismo pub cutre que hacía esquina. Tres horas en aquel pub trasegando cervezas y trago largo (era mi época del Jack Daniel´s, cuando yo iba de chica-dura). Los frikis tenían una costumbre peculiar: cada noche pegaban la hebra con algún tipo más raro que ellos que pasara por allí y echaban el rato. No lo hacían para burlarse, yo creo que necesitaban contrastar sus rarezas con las de cualquier otro pringado.

Nos divertíamos. Salíamos en Carnavales con caja y bombo, nos disfrazábamos de cualquier manera y callejeábamos sin parar de cantar. Salíamos en Feria y mientras nosotras bailábamos en las casetas, ellos se apalancaban en la barra, sosísimos y cada vez más borrachos. Rodamos un corto. A. y J. dirigieron cada uno a su grupo, las chicas con A. y los chicos con J. y me sigo muriendo de risa cuando me pongo el DVD (y yo salgo horrorosa). Hacíamos fiestas en los pisos de los que ya teníamos piso y nos agolpábamos en la cocina para beber y no parar de reír. Eran raros y su humor era surrealista. Eran geniales.

Nunca me quise acostar con ninguno. Eran colegas, eran mi pandilla rara. Nunca intimé con ninguno pero a J. y a C. les tenía un afecto muy grande. Cuando A. y J. se divorciaron les dejamos de ver. La pandilla se rompió sin pena ni gloria. Desapareció.

A veces veo a J., que se volvió a casar y tiene dos críos pequeños. Está más calvo, mucho más delgado y se le ve cansado. Siempre me hace reír. También veo a veces a C. y le noto triste. No me atrevo a preguntarle por qué. Del resto,  no he vuelta a saber nada.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Ñoñas que escuchan canciones de amor

Yo soy una ñoña de manual aunque no lo aparento. En realidad hago muy grandes esfuerzos por no aparentar mi ñoñez extrema. Yo soy de las que llora con cuatro chuminadas tontas: el final de una película, un trailer épico, una puesta de sol, una canción, un orgasmo. Lloro y me creo que LA VIDA  es así y también EL AMOR. Axiomas como la belleza, la maravilla y el poder del amor. Cosas así de superñoñas.

Yo soy una Mr Scrooge del romance y camino murmurando Paparruchas!!! ante cualquier manifestación de sensiblería romántica. Pero -muy de vez en cuando- me visitan Canciones de los Tiempos Pasados, Canciones del Presente y también Canciones de los Tiempos Futuros. Que me maten si confieso la canción que me visitó hace poco, la misma -puta perversión emocional- que estoy escuchando ahora.

Mis momentos de  ñoñería son como unas fiebres tercianas: me creo curada tras una temporada de sudores fríos y me lanzo a la calle más fresca que una lechuga. Me creo llena de anticuerpos contra el para siempre, ese que me inocularon hace tanto (con sobredosis de Disney supongo, como todas), me creo aguda y perspicaz, capaz de darle un zas en toda la boca al primer síntoma ñoño que me ataque.

Pero nah, llega la canción romántica de turno -esta que ni muerta confesaré- y otra vez con síntomas de calentura: pajaritos en la cabeza, fe, esperanza y hasta un poquito de caridad, las manos frías y una breve, pero insoportable, pesadez del corazón.




viernes, 29 de noviembre de 2013

El sexo y lo pedante

Estaba leyendo ese bloj enorme que es Vicisitud y sordidez y caí en un post de Paco Fox sobre pedantes (disculpen si no lo enlazo, mejor lean el bloj que no tiene desperdicio). Como es obvio, en Vicisitud y sordidez profesan un enorme cariño hacia los pedantes, especialmente los de internet. Luego, ayer mismo, me topé en twitter con un pequeño pero intenso debate sobre Cásate y se sumisa. Miren que 140 caracteres no da para mucho, eh, pero hay twitteros que son capaces de las más grandes pedanterías en los 140 y hasta en menos. Son ídolos.

Yo andaba rumiando un post de esos impactantes para la etiqueta "antiteoría D/s", que la tengo tan olvidada, y había pensado escribir una comparativa entre la D/s juguetona de las prácticas BDSM y ese concepto que nos traen en Cásate y se sumisa. No arrancaba mi post porque no he leído el libro y mi ética profesional me impide hablar sobre lo que no leo (no se si conocen mi proeza con la trilogía de las 50 sombras). Hasta estaba pensando en hacer trampa y escribir el post (y dar vidilla al apartado cachondo de este blog) y escurrir el bulto hablando de otros escritos sobre sumisión católica que si he leído.

Iba a ser un post de esos míos, simpáticos, cortitos y en los que muero por soltar un par de cochinadas. Argumentos tenía pensado un par, más mal que bien hilvanados , así que no iba a ser un post que dejara huella. La idea era reírme de unos, de otros y un rato también de mi y concluir en que el BDSM es superguay para disfrutarlo en pareja con cabezas bien amuebladas. Lo de siempre, vamos.

Pero se me quitaron las ganas ayer viendo el nivel del personal en twitter. Yo no sé de dónde saca la peña esos términos apabullantes y cómo son capaces (en 140 caracteres) de argumentar con sustantivos y adjetivos DE LOS DIFÍCILES.  A mi, debates así, me generan estrés y sobre todo, me bajan la autoestima pero a lo bestia. Porque ya saben (lo repito mucho aquí) que mi capacidad para escribir textos con profundidad intelectual es muy limitado. No se si es una tara mía o que, en el fondo, y aunque me crea INTELIGENTÍSIMA, soy de una simpleza letal.

La etiqueta "antiteoría D/s" de este blog se queda, por el momento, en las 63 entradas molonas y no se por cuánto tiempo. Este blog tiene 5 años y corre el peligro de repetir temas (lo cual me importa bien poco, así que tampoco es excusa y no se ni por qué lo pongo, pero mola ponerlo. Lo de los 5 años). Un día que me pille inspirada escribiré el post de Cásate y se sumisa u otro similar sobre el matrimonio católico y la conexión-BDSM. Pero prometo que usaré palabras fáciles.

martes, 26 de noviembre de 2013

La insociable se sigue esforzando

No se imaginan cuánto. Si no entro a actualizar el blog es porque estoy socializando que te cagas. Unos ejemplos:

Me apunto a unas jornadas de formación. Yo las hago por amor al arte, de verdad de la buena. No por las horas del sexenio, que ya las tengo todas. Cada año me repito que no haré más cursos ni jornadas ni estaré en grupos de trabajo ni coordinaciones de nada, pero siempre pico. Lo malo de esos cursos es que nunca conozco a nadie. Fui a unas jornadas en un hotel, con sesenta colegas y no conocía a ni uno. Las jornadas son muy molonas pero las insociables sufrimos lo indecible con la pausa para el café. Yo odio las pausas para el café de la tarde porque ni tomo café a esas horas ni necesito descansar. Yo quiero que todo acabe cuanto antes y volver a mi cubil. La pausa del café de la semana pasada la llevé lo buenamente que pude: saludé a unas colegas que no conocía de nada pero eran de la ciudad donde trabaja mi hermana; me fumé un cigarrito por hacer algo, intenté acercarme a un grupito que hablaba en voz alta sobre problemas que se habían planteado en la hora anterior, pero no pegué la hebra con nadie. Un patetismo rayano en lo inmisericorde.

Me apunto al almuerzo de Navidad del trabajo . Este año hemos reservado un restaurante de los buenos. Si el plan hubiera sido repetir lo del año anterior, paso (cosa que hice el año anterior). Puse mi nombre en la lista y mientras lo hacía mascullaba, me voy a apuntar pero lo mismo ni voy. Juego el rol de LA IMPREDECIBLE.  También me apunté al amigo invisible y juro que el esfuerzo fue casi sobrehumano. Me tocó una compañera de las fáciles y ahí me libro, pero la angustia del día de INTERCAMBIO DE REGALOS no me la quita nadie. Claro que siempre es mejor participar que sufrir esa hora en soledad.

Tuve un día de fiesta de cumpleaños con mi pandilla de toda la vida (y algún agregado). Hice lo que siempre hago: montar el show , eso que a las tímidas sin vergüenza se nos da tan bien. Luego, el subidón extrovertido me dura un par de días donde lo flipo: charlo con todo el mundo, cuento anécdotas y me lanzo al mundo ancho y ajeno. A veces dudo de ser yo.

Como ven, hago un esfuerzo del carajo.

martes, 12 de noviembre de 2013

roxanne busca

Hay un sueño que se me repite con irritante frecuencia. Es de noche y camino con cierta prisa por las calles de mi ciudad, en la antigua zona de bares del centro, el viejo territorio de una movida que ya no existe. Busco a alguien pero en mi sueño nunca se específicamente quién es. Un tío, eso si, eso está claro. Busco a un hombre con el que me quiero acostar. Un hombre al que conozco pero en mi sueño nunca lo identifico con alguien concreto, quizás sea una suma de diferentes hombres que he deseado. El deseo sexual está muy presente en mi sueño. Camino con prisa pero no entro en ningún bar porque voy sola y es un corte entrar sola en los bares. Lo único que hago es rular entre los grupos de bebedores de la acera y asomarme con disimulo a las puertas de los garitos. Nunca encuentro a quien busco y me despierto con ese deseo sin saciar. Ojo, no me despierto caliente como una gata en celo. Me despierto con una fastidiosa sensación de vacío espiritual, una cosa muy metafísica (y a la vez, levemente carnal).

Me irrita ese sueño recurrente porque mis tiempos de buscadora se fueron para no volver. Supongo que es un sueño debido al peso morrocotudo de horas  y horas de búsqueda del hombre ideal que además me pegara un buen polvo, cuando yo tenía veinte años. Yo salía absolutamente todos los fines de semana con mis dos amigas y no disfrutaba de ellas ni con ellas. Yo buscaba por los bares pensando que lo que encontrara me haría feliz. A veces me topaba con EL (que unas veces era P. o S. o J. o J.C. ;  yo qué se) y le robaba un par de besos y muchos jijiji jajaja y ya con eso era feliz. En contadas ocasiones me llevaba el gato al agua (a EL a la cama) pero bastaron para crear la fantasía de que noche de marcha podía equivaler a noche de sexo ( y AMOR). Sólo había que esperar a la conjunción astral adecuada.

Mi irritante y recurrente sueño no se debe a deseos insatisfechos, creo yo. No me psicoanalizo ni miro en manuales de interpretación de sueños ni querría que nadie lo hiciera por mi (para no perder el tiempo y para dejar claro lo soberbia que soy). En realidad escribir sobre ello me basta. Dentro de unos días, cuando lo relea quizás piense lo absurda que puedo llegar a ser.


sábado, 9 de noviembre de 2013

El erotismo cotidiano

Hablo de bragas de algodón. De conjuntos de bragas y sujetador que no van a juego. De follar con calcetines cuando es invierno y el cuarto amanece helado. De follar con el pelo revuelto. De follar sin estar perfectamente depilada.

También hablo del erotismo de un sofá con una comedia tonta en la tele, de magreos bajo la manta y juguetes de los niños tirados por el suelo. De una habitación sin sábanas de seda. De piel que huele a gel de baño de marca blanca.

El erotismo que nunca sale en las películas y en los relatos, el que nunca leo. Sin velas ni incienso, sin cava, sin pétalos de rosa.

Los pantalones medio bajados, las tetas por fuera del sujetador, las risitas cuando la polla no acaba de encontrar su lugar, follar en zapatillas, follar en bata, follar con el vestido mañanero del verano, un poquito sudado.

Y las tonterías mientras follas. Las frases intrascendentes, los apelativos guarros; los juegos que no salen como en los libros pero te ríes, los juguetes que no encuentras en el cajón de la ropa interior, las posturas que no terminan de convencer, el vientre hinchado tras un no parar de jadeos, las sábanas manchadas de semen o quizás un poquito de sangre menstrual y a poner la lavadora, el olor de lo cotidiano.