Así era el título de una novela que sólo tuvo cuatro capítulos. Recurrí al viejo truco (tan gafapasta) de utilizar un trozo de verso que sólo los entendidos conocen. Al menos eso pensaba yo, con ese título copiado del poema "Adolescente fui en días idénticos a nubes" de Luis Cernuda. Cuando yo me creía la adolescente más única e inigualable del mundo.
Yo me iba con una libreta a la Biblioteca Municipal a devorar y copiar poemas. Estaba convencida de que Cernuda me hablaba mi, sus versos eran para mi, su sensibilidad, su angustia, su dolor eran como los míos. Cuando eres adolescente te crees el ombligo del mundo.
Ahora se celebra no se qué aniversario del poeta y leo en la prensa que en Sevilla le ningunean; leo también a columnistas que se indignan por este hecho. A mi es que celebrar aniversarios de nacimientos o defunciones de celebridades me da una pereza tremenda y me resulta un ejercicio de soberana hipocresía. No obstante, recurrí a Cernuda para este post y repasé algunos de esos poemas que me supe de memoria.
Qué ruido tan triste
Diré cómo nacisteis
Donde habite el olvido
Y me doy cuenta que, es terrible, esos poemas no me estremecen. Que si me conmueven, lo hacen como un pequeño escozor de nostalgia. Que los leo sin echar de menos aquel dolor de amor, aquellas heridas apasionadas que nunca me molestaba en cerrar.
Supongo que me hago mayor.
viernes, 8 de noviembre de 2013
miércoles, 6 de noviembre de 2013
Cuentacuentos
Siempre he contado cuentos y creo que lo hago bien. Cuando era adolescente me gustaba reunir a mis primos pequeños y dejarlos embobados a base de cuentos. Siempre del rollo clásico: una Blancanieves, un Pulgarcito, nada de esos cuentos postmodernos donde Caperucita es más lista que el lobo. Me gustaba sorprenderlos con cuentos clásicos pero casi desconocidos: Piel de Asno, Riquete el del Copete, Los siete cisnes. Y La reina de las nieves, ese increible cuento de Andersen.
Me gusta tener mi público alrededor y embelesarlo. No soy una cuentacuentos que utilice parafernalia. No me pongo sombreros estrafalarios ni nariz de payaso. No saco marionetas (que me dan grima) ni me pongo pelucas. Yo cuento cuentos a pelo, de memoria y con pasión. Me gusta contarlos de pie, yendo de un lado a otro y gesticulando mucho con las manos. A veces pongo caras y hago muecas, pero no abuso.
La clave de un buen cuento es la voz. Yo creo voces de princesas, de brujas y de apuestos caballeros. Paso de narrador a protagonista y de ahí a personaje secundario con convicción y sin aspavientos. La clave de un buen cuento es dejar que los oyentes imaginen sólo con escuchar los cambios de registro de la voz.
La clave de un buen cuento es la emoción. Narrar con el alma y con la confianza de que es un buen cuento el que estás contando. Tratar a tu público como gente inteligente que sabe que tu narración es pura fantasía aunque al protagonista le hagan todas las putadas del mundo. Que sabe que hay cuentos crueles y cuentos con final feliz.
Casi todos los días cuento cuentos a un público unas veces más entregado y otras menos. Intento que sean cortos cuentos que hilvano e improviso. No me los invento, son cuentos que hubo y habrá y a veces mi público se entera del rollo y otras no, depende del día y de la hora. Me gusta con locura mi público. Intento mirarles a los ojos y si no me miran, les busco la mirada. Adoro asustarlos un poquito y asombrarlos algo más. Querría contribuir a sus sueños.
Me gusta tener mi público alrededor y embelesarlo. No soy una cuentacuentos que utilice parafernalia. No me pongo sombreros estrafalarios ni nariz de payaso. No saco marionetas (que me dan grima) ni me pongo pelucas. Yo cuento cuentos a pelo, de memoria y con pasión. Me gusta contarlos de pie, yendo de un lado a otro y gesticulando mucho con las manos. A veces pongo caras y hago muecas, pero no abuso.
La clave de un buen cuento es la voz. Yo creo voces de princesas, de brujas y de apuestos caballeros. Paso de narrador a protagonista y de ahí a personaje secundario con convicción y sin aspavientos. La clave de un buen cuento es dejar que los oyentes imaginen sólo con escuchar los cambios de registro de la voz.
La clave de un buen cuento es la emoción. Narrar con el alma y con la confianza de que es un buen cuento el que estás contando. Tratar a tu público como gente inteligente que sabe que tu narración es pura fantasía aunque al protagonista le hagan todas las putadas del mundo. Que sabe que hay cuentos crueles y cuentos con final feliz.
Casi todos los días cuento cuentos a un público unas veces más entregado y otras menos. Intento que sean cortos cuentos que hilvano e improviso. No me los invento, son cuentos que hubo y habrá y a veces mi público se entera del rollo y otras no, depende del día y de la hora. Me gusta con locura mi público. Intento mirarles a los ojos y si no me miran, les busco la mirada. Adoro asustarlos un poquito y asombrarlos algo más. Querría contribuir a sus sueños.
lunes, 4 de noviembre de 2013
Un domingo en el campo
Yo he sido una dominguera militante, de ir al campo en familia (abuela, padres, hermanas, primos y titas) y montar un campamento absolutamente dominguero al que no le faltaba un detalle. Yo era de las que sufrían de pensar que nuestro sitio, en el llano más chulo del campo, pudiera estar ocupado por una familia más dominguera que la nuestra. Nosotros madrugábamos en domingo para coger sitio en el mejor llano de la zona, a saber, aquel con hierba sin pisotear, con cachos de sol y cachos de sombra, suficientemente llano para poner mesa, sillas de playa y con un rinconcito para que mi abuelo pudiera echar la siesta. Un miniapartamento en el campo, vaya.
Ahora lo pienso y abomino, pero en aquella época el domingo de campo era imprescindible para ser feliz:
- una candela para echarle palitos y ver cómo arden.
- una cama de helechos para ver las nubes pasar.
- una mesa llena de comida deliciosa de mi abuela.
- una manta sobre la hierba para hacer el pino y dar volteretas.
- un río para tirar piedras.
- un sendero para imaginar aventuras con ladrones y bandidos.
- un bosque galería tenebroso para fantasear con hadas y duendes malvados.
y
- asar castañas
- observar bichos
- escuchar el agua del arroyo, los pájaros, la brisa en los árboles
- leer al sol
- oler a leña que arde y a humo
- soñar despierta.
Ya no soy dominguera militante y cuando paseo por el campo solo hago eso, pasear y si es tiempo, busco setas. Ya no están los abuelos y la familia extensa se entretiene los domingos con otras cosas. Los lugares donde acampábamos están cerrados, acotados, restringidos al paso, protegidos (y bien que sea así). Y de la lista anterior ya sólo hago un par de cosas.
Ahora lo pienso y abomino, pero en aquella época el domingo de campo era imprescindible para ser feliz:
- una candela para echarle palitos y ver cómo arden.
- una cama de helechos para ver las nubes pasar.
- una mesa llena de comida deliciosa de mi abuela.
- una manta sobre la hierba para hacer el pino y dar volteretas.
- un río para tirar piedras.
- un sendero para imaginar aventuras con ladrones y bandidos.
- un bosque galería tenebroso para fantasear con hadas y duendes malvados.
y
- asar castañas
- observar bichos
- escuchar el agua del arroyo, los pájaros, la brisa en los árboles
- leer al sol
- oler a leña que arde y a humo
- soñar despierta.
Ya no soy dominguera militante y cuando paseo por el campo solo hago eso, pasear y si es tiempo, busco setas. Ya no están los abuelos y la familia extensa se entretiene los domingos con otras cosas. Los lugares donde acampábamos están cerrados, acotados, restringidos al paso, protegidos (y bien que sea así). Y de la lista anterior ya sólo hago un par de cosas.
domingo, 20 de octubre de 2013
Lazos rosas y camisetas verdes
Estos días mi whatsapp estaba lleno de lazos rosas y algunos muros del facebook también. Hoy un compañero, en el grupo de whatsapp del trabajo, proponía que, tras los lazos rosas, se llenaran los muros con el logo de la marea verde.
A mi no me parece mal.
Pero se que la mitad de los que se les va a llenar la boca y los muros del facebok con el verde de la Escuela pública no harán huelga el día 24 y para ello alegarán los motivos con mayor despropósito del mundo. Y les dará igual.
Me atrevo a vaticinarlo porque ya ha ocurrido en las otras ocasiones de huelga por la Escuela pública. Muchos de mis compañeros alegan no querer hacer huelga porque ese dia les quitan el sueldo. Otros dicen que no quieren que la Junta se quede con el sueldo de ese día, que ya les recorta bastante para perder una jornada más. Otros dicen que no piensan hacerle juego a los sindicatos. Otros, que con las huelgas no se consigue nada. Y así hasta el infinito.
Yo no puse ningun lazo rosa estos dias y no pondré el logo verde tampoco. Pero haré huelga, como siempre hago desde que en este país a los docentes se nos ningunea, se nos falta el respeto, se nos obvia en la toma de decisiones educativas, se nos lleva y se nos trae con leyes que cambian con cada cambio político. Cuando se socava milímetro a milímetro el valor de lo público y del servicio a los demás. No haré huelga por seguir a los sindicatos, ni porque crea que vayamos a lograr parar esta nueva ley educativa, que ojalá. Lo haré por dignidad. Igual que hago otras cosas día a día de manera más silenciosa pero tengo fe en que sean efectivas. Mi trabajo con amor y con honradez.
Estan bien el lazo rosa y la camiseta verde. Pero hay quien se queda ahí y ya se siente con la tarea cumplida y a mi, esa gente la verdad que me da mucho asco.
A mi no me parece mal.
Pero se que la mitad de los que se les va a llenar la boca y los muros del facebok con el verde de la Escuela pública no harán huelga el día 24 y para ello alegarán los motivos con mayor despropósito del mundo. Y les dará igual.
Me atrevo a vaticinarlo porque ya ha ocurrido en las otras ocasiones de huelga por la Escuela pública. Muchos de mis compañeros alegan no querer hacer huelga porque ese dia les quitan el sueldo. Otros dicen que no quieren que la Junta se quede con el sueldo de ese día, que ya les recorta bastante para perder una jornada más. Otros dicen que no piensan hacerle juego a los sindicatos. Otros, que con las huelgas no se consigue nada. Y así hasta el infinito.
Yo no puse ningun lazo rosa estos dias y no pondré el logo verde tampoco. Pero haré huelga, como siempre hago desde que en este país a los docentes se nos ningunea, se nos falta el respeto, se nos obvia en la toma de decisiones educativas, se nos lleva y se nos trae con leyes que cambian con cada cambio político. Cuando se socava milímetro a milímetro el valor de lo público y del servicio a los demás. No haré huelga por seguir a los sindicatos, ni porque crea que vayamos a lograr parar esta nueva ley educativa, que ojalá. Lo haré por dignidad. Igual que hago otras cosas día a día de manera más silenciosa pero tengo fe en que sean efectivas. Mi trabajo con amor y con honradez.
Estan bien el lazo rosa y la camiseta verde. Pero hay quien se queda ahí y ya se siente con la tarea cumplida y a mi, esa gente la verdad que me da mucho asco.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Manual de rarezas
Normalmente me mola ser rara.
Ser rara es ser fuera de lo común pero sin que se note a simple vista. La mayoría de la gente que me trata piensa que soy una mujer discreta y muy sensata. Suelen alabar mi serenidad y eso. No vean cómo doy el pego. Cuando escucho a la gente decir chorradas y no intervengo, parece que soy una maravillosa interlocutora. En realidad copio la estrategia de mi madre que escucha a la gente como quien oye llover y las deja la mar de felices. Es muy zen, mi madre. Y un poco rara.
La gente que me tiene calada, sin embargo, me llama rara y acierta que da gusto. Lo habitual es que me llamen rara cuando me niego a cumplir con compromisos sociales. Ir a un almuerzo o a un cumpleaños porque es lo que se espera. Por quedar bien. Y yo, por quedar bien, no hago casi nada. Algo haré, tan horrenda no soy, pero cada vez menos. Supongo que habrá quien hable mal de mi. Alguien más ecuánime que yo pensaría, "pues me da igual", pero yo no soy nada ecuánime. En realidad me gustaría saber quién en mi entorno me critica, son cosas que me matan de curiosidad. Aunque creo que tengo tal aura de discreta que puede que nadie hable mal de mi. No lo se pero me importa. Por curiosidad, lo juro que sólo por curiosidad.
Mis rarezas suelen consistir en ir a mi putísima bola. Sin dar explicaciones, que es lo suyo. Si vas a tu bola y te vas justificando luego, no vale. Si haces lo que que da la gana y los compromisos sociales te traen al pairo y además no te excusas, quedas fatal pero impune. La gente hablará de ti fatal (supongo) pero la sensación de libertad es del carajo.
Ser rara es ser fuera de lo común pero sin que se note a simple vista. La mayoría de la gente que me trata piensa que soy una mujer discreta y muy sensata. Suelen alabar mi serenidad y eso. No vean cómo doy el pego. Cuando escucho a la gente decir chorradas y no intervengo, parece que soy una maravillosa interlocutora. En realidad copio la estrategia de mi madre que escucha a la gente como quien oye llover y las deja la mar de felices. Es muy zen, mi madre. Y un poco rara.
La gente que me tiene calada, sin embargo, me llama rara y acierta que da gusto. Lo habitual es que me llamen rara cuando me niego a cumplir con compromisos sociales. Ir a un almuerzo o a un cumpleaños porque es lo que se espera. Por quedar bien. Y yo, por quedar bien, no hago casi nada. Algo haré, tan horrenda no soy, pero cada vez menos. Supongo que habrá quien hable mal de mi. Alguien más ecuánime que yo pensaría, "pues me da igual", pero yo no soy nada ecuánime. En realidad me gustaría saber quién en mi entorno me critica, son cosas que me matan de curiosidad. Aunque creo que tengo tal aura de discreta que puede que nadie hable mal de mi. No lo se pero me importa. Por curiosidad, lo juro que sólo por curiosidad.
Mis rarezas suelen consistir en ir a mi putísima bola. Sin dar explicaciones, que es lo suyo. Si vas a tu bola y te vas justificando luego, no vale. Si haces lo que que da la gana y los compromisos sociales te traen al pairo y además no te excusas, quedas fatal pero impune. La gente hablará de ti fatal (supongo) pero la sensación de libertad es del carajo.
domingo, 13 de octubre de 2013
De domingo a domingo
Fue una semana de no parar, aunque es cierto que yo me lío con cuatro tonterías y me falta tiempo siempre. Pasé la semana con la mente a mil y con trabajo a saco, con ganas de escribir pero sin tiempo para hacerlo. Con ideas para escribir que pasaron de moda y ahora que he arañado un rato ya he olvidado.
El viernes crucé media Andalucía, ida y vuelta, debatiéndome entre cuanto me gusta mi trabajo y cuánto aborrezco a la gente que lo hace mal. Me topé el viernes con gente de mente vieja y aborrecible que me pusieron al filo de ser aborrecible yo también. Lo bueno de mi trabajo es cuando te das cuenta del error y lo reconoces. Ves que no pasa nada y todo se arregla. Al final el viernes fue bullanguero y muy divertido, nadie enfermó, ni se cayó por el puente ni fue atropellado, aunque acabé agotada.
Hoy un largo paseo entre castaños. Un pueblo pintado de azul (casi famoso, llenísimo de gente) que me hizo tanta ilusión, absurda y naif. Castañas peludas abarrotando los arcenes. Tanta gente de domingo. Y ahora un rato corto para escribir nada bien porque hay impresiones, sensaciones, emociones que no se nombrar.
El viernes crucé media Andalucía, ida y vuelta, debatiéndome entre cuanto me gusta mi trabajo y cuánto aborrezco a la gente que lo hace mal. Me topé el viernes con gente de mente vieja y aborrecible que me pusieron al filo de ser aborrecible yo también. Lo bueno de mi trabajo es cuando te das cuenta del error y lo reconoces. Ves que no pasa nada y todo se arregla. Al final el viernes fue bullanguero y muy divertido, nadie enfermó, ni se cayó por el puente ni fue atropellado, aunque acabé agotada.
Hoy un largo paseo entre castaños. Un pueblo pintado de azul (casi famoso, llenísimo de gente) que me hizo tanta ilusión, absurda y naif. Castañas peludas abarrotando los arcenes. Tanta gente de domingo. Y ahora un rato corto para escribir nada bien porque hay impresiones, sensaciones, emociones que no se nombrar.
domingo, 6 de octubre de 2013
Películas y bloqueos
Ayer vi una película porque prometía comedia y romance, esa mezcla inefable que hay noches que no aguanto y noches que si. Hay noches que el cuerpo me pide sangre, balazos y persecuciones; noches en que me pide comedia soez y con muchos "fuck you", noches (pocas) en que me pide pelis serias que la gente seria considera imprescindibles, noches en que el cuerpo me pide volver a ver pelis vistas mil veces. Ya llevaba tiempo sin necesitar pelis de romance simpático e inocuo y me puse a ver Un invierno en la playa.
Yo me pongo tontísima con pelis así, donde la peña acaba propinándose unos abrazos fraternales y paternales que yo creo nunca daría (en el sur somos más contenidos de lo que se tiende a creer). Las lagrimillas se me saltaron dos o tres veces (e intentaba contenerlas) y me fui a la cama contenta y saltarina (yo soy así de simple).
En la peli hay una familia de escritores y nombran varias veces a Stephen King. Como ya digo que soy una simple y una influenciable, anoche me dormí dándole vueltas a infinidad de temas para escribir sin poder redondear ninguno. (También me dormí pensando añadir a la lista de libros de otoño unos cuantos de Stephen King). Esta mañana yo seguía con la misma cantinela: escribir - qué escribo - sobre qué escribo - por qué coño no escribo. Les juro que medité sobre siete u ocho posibles motivos por los que no escribo y ninguno me pareció suficientemente válido. Podría escribir siete u ochoaburridos posts sobre mi bloqueo escritor dándole vueltas en cada uno a cada una de las aburridas razones que puedo encontrar para no escribir.
Luego, ahora, como ya no me podía aguantar más (he intentado aguantarme descargándome fotos de la cámara al pc y de ahí al pendrive para ir el miércoles a sacarlas en papel), digo, que como no me podía aguantar más las ganas de escribir ALGO he hecho lo que mejor se hacer que es marear la perdiz. Supongo que mis siete u ochoaburridas razones para no escribir pueden resumirse en dos (incluso ajustarse a una): no quiero hacerlo porque no quiero llegar al quid (se escribe QUID, señores) de la cuestión.
Yo me pongo tontísima con pelis así, donde la peña acaba propinándose unos abrazos fraternales y paternales que yo creo nunca daría (en el sur somos más contenidos de lo que se tiende a creer). Las lagrimillas se me saltaron dos o tres veces (e intentaba contenerlas) y me fui a la cama contenta y saltarina (yo soy así de simple).
En la peli hay una familia de escritores y nombran varias veces a Stephen King. Como ya digo que soy una simple y una influenciable, anoche me dormí dándole vueltas a infinidad de temas para escribir sin poder redondear ninguno. (También me dormí pensando añadir a la lista de libros de otoño unos cuantos de Stephen King). Esta mañana yo seguía con la misma cantinela: escribir - qué escribo - sobre qué escribo - por qué coño no escribo. Les juro que medité sobre siete u ocho posibles motivos por los que no escribo y ninguno me pareció suficientemente válido. Podría escribir siete u ocho
Luego, ahora, como ya no me podía aguantar más (he intentado aguantarme descargándome fotos de la cámara al pc y de ahí al pendrive para ir el miércoles a sacarlas en papel), digo, que como no me podía aguantar más las ganas de escribir ALGO he hecho lo que mejor se hacer que es marear la perdiz. Supongo que mis siete u ocho
Suscribirse a:
Entradas (Atom)