Sigo en el grupo de trabajo en el que me apunté, uno de esos que son formativos y se supone que tenemos que hacer los profesionales para innovar y ser molones. Tengo que escribir una monografía o una experiencia de trabajo y hoy, la coordinadora me envió por mail un guión sobre cómo se hacen las monografías.
Pues va lista.
Yo, lo siento mucho, pero a mis años ya no estoy por la labor de escribir tochacos teóricos y aburridos. Soy muy bruta, si. Cuando me pongo a leer monografías para aprender nuevas técnicas e innovar en el trabajo, nunca saco nada en limpio. ¿Por que la gente que escribe ensayos es tan condenadamente aburrida? ¿No hay ensayos divertidos, que cuenten auténticas experiencias profesionales, que cuenten auténticas vivencias y no se pierdan en citas y autocitas? ¿Para escribir ensayos rigurosos hay que ser serio y tostón?
Mi mini-indignación es ampliable, por supuesto, a todos esos campos de la experiencia que la gente se empeña en encuadrar, enmarcar y axiomatizar. Esos ensayos sobre sexo, sobre género, sobre sexualidades alternativas, sobre BDSM!!!! Yo entiendo que haya quien deba teorizar para sentirse cómodo en su mundo sexual alternativo, pero la mayor parte de las veces cuando les leo, yo pongo los ojos en blanco. Porque son tan pedantes, insufribles y aburridos... ¿De verdad la gente los lee (en este país donde tan poca gente lee)?
Tengo que escribir esa monografía, supongo que me saldrá una cosa rara y poco ortodoxa. Pero como nadie la va a leer...
lunes, 11 de febrero de 2013
sábado, 9 de febrero de 2013
Viejo Carnaval
Este año no tengo previsto ir a Cádiz así que estoy celebrando el Carnaval a mi manera, escuchando viejas coplas. Veo las viejas grabaciones (bendita la gente que las sube a youtube) y recuerdo las larguísimas noches con mis hermanas y el encargo de mi padre de grabar TODA la Final. Había que estar pendiente y no quedarse dormidas, porque la Final llenaba dos cintas de las largas y cuando menos te lo esperabas, había que cambiar de cinta. Nos salían grabaciones nefastas, pero allí se quedaron Los guanaminos, el coro Watussi, La momias de güete, la comparsa Quince piedras ...
Ahora soy capaz de tararear y hasta de cantar algunas viejas coplillas. estribillos de cuplés, hasta alguno entero, pero no soy de esas fanáticas del Carnaval que se saben el repertorio de su autor favorito de pe a pa. Lo que si soy es una entendida de autores, estilos y me conozco buena parte de las rencillas, escándalos y polémicas. Viejos contra revolucionarios, componentes que cambian de agrupación, las manías de unos y otros autores (los que sólo escriben cosas de dar pena; los que sólo escriben piropos a Cádiz y a la Viña). El Carnaval gaditano tiene sus mezquindades ... pero a mi me parece el más bello.
Parece mentira que las coplas de Martínez Ares ya tengan el sabor de lo viejo, lo viejo con solera que ahora soy capaz de saborear con propiedad. La comparsa Calabazas no me gustaba, a Martínez Ares lo llegué a valorar cuando vi a su agrupación, La ventolera, en el 94, aquí en el Concurso de mi pueblo. Que bien cantaban, los endemoniados. Pero ahora, reviviendo ese Carnaval mágico del 91 (pienso que tuve tantos Carnavales mágicos y se que soy afortunada), compruebo cuánto, cuánto me gustaba este pasodoble.
Ahora soy capaz de tararear y hasta de cantar algunas viejas coplillas. estribillos de cuplés, hasta alguno entero, pero no soy de esas fanáticas del Carnaval que se saben el repertorio de su autor favorito de pe a pa. Lo que si soy es una entendida de autores, estilos y me conozco buena parte de las rencillas, escándalos y polémicas. Viejos contra revolucionarios, componentes que cambian de agrupación, las manías de unos y otros autores (los que sólo escriben cosas de dar pena; los que sólo escriben piropos a Cádiz y a la Viña). El Carnaval gaditano tiene sus mezquindades ... pero a mi me parece el más bello.
Parece mentira que las coplas de Martínez Ares ya tengan el sabor de lo viejo, lo viejo con solera que ahora soy capaz de saborear con propiedad. La comparsa Calabazas no me gustaba, a Martínez Ares lo llegué a valorar cuando vi a su agrupación, La ventolera, en el 94, aquí en el Concurso de mi pueblo. Que bien cantaban, los endemoniados. Pero ahora, reviviendo ese Carnaval mágico del 91 (pienso que tuve tantos Carnavales mágicos y se que soy afortunada), compruebo cuánto, cuánto me gustaba este pasodoble.
viernes, 8 de febrero de 2013
Lento invierno
Esta mañana hacía un frío desolador. Para alguien del Norte, el frío de esta mañana era una chorrada, pero para mi, que además tengo el umbral del frío muy bajo, era congelación pura. Llegué al trabajo con gorro, guantes y toda la pesca y estuve un buen rato al lado del radiador. Mis compañeros se quejaban todos del frío, era casi el monotema de la mañana, y a eso de las diez me tomé mi segundo desayuno (como Bilbo Bolsón) con un vaso de café hirviente.
Y sin embargo el amanecer fue radiante: nubes muy altas y alargadas de color naranja y luego, ya entrada la mañana, sol y cielo azul.
Enero se hizo largo y cansino (no aburrido). Me cuesta desconectar del trabajo y a veces maldigo mi perfecta empatía. Me empecino en mi optimismo y de tan ingenua a veces parezco lerda. Creo en el poder de la sonrisa, del amor y todas esas ñoñerías que pone mi compañera la mística en el facebook y bueno, no hace falta que repita el panorama. (Mi amiga AB me preguntó si vi el Salvados del domingo, ese de los colegios en Finlandia, y le contesté que para qué, si ya sabía lo que Jordi Évole me iba a contar. El domingo por la noche escuché Carnavales y me sumergí en Hyperion).
Lo cierto es que en este lento invierno voy aprendiendo unas cuantas cosas y aunque he descubierto, a mis años, que conservo todos esos terribles defectos que pensé había pulido, también hay días que salgo del trabajo satisfecha. Soy de las que piensa que grano a grano se puede construir un edificio. Terroríficamente ingenua, por eso me lo suelo callar.
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a diario,
antiteoría en todo
sábado, 2 de febrero de 2013
Carnaval 1989
Hace 24 años era Carnaval en Cádiz. Era el día de la Final del Concurso del Falla y todo el mundo quería que, en chirigotas, ganaran Los sanmolontropos verdes, aquella agrupación rompedora del Yuyu. Pero yo, hace 24 años, justo un día como hoy pero que no era sábado, sino jueves, no entendía demasiado de agrupaciones de Carnaval.
Hace 24 años yo tenía 22 casi recién cumplidos. Mi mejor amiga era Ana y recuerdo confidencias aquella media tarde, justo cuando empezábamos a emborracharnos las dos. Recuerdo un sabor de vino dulce en la boca y también cerveza. Recuerdo, mucho más tarde, tener hambre, el hambre del fin de fiesta y zamparme un paquete de patatas fritas de aquellas que sabían a ajillo. Recuerdo entrar en la fiesta de cada año, la fiesta de Carnaval de la facultad, con expectativas y un pellizco de emoción en el estómago. Porque la fiesta del año anterior fue increíble, triunfal, única.
Recuerdo estar eufórica, embriagada, recuerdo sentirme de nuevo única. Recuerdo ir y venir entre la gente, probablemente cantando. Saludar a quienes sabía que iba, un año más, a ver, un poquito desdeñosa; recuerdo, después de la fiesta, el barrio de la Viña lleno de gente y las risas y el sabor de las patatas fritas, sin importarme el qué dirían. Recuerdo el patio de naranjos, que ya casi olía a primavera -la primavera de Cádiz- recuerdo el beso que cambió toda mi vida. Recuerdo cómo caía la noche, calle arriba y ser consciente de que la fiesta había acabado pero yo seguía con hambre.
Hace 24 años yo tenía 22 casi recién cumplidos. Mi mejor amiga era Ana y recuerdo confidencias aquella media tarde, justo cuando empezábamos a emborracharnos las dos. Recuerdo un sabor de vino dulce en la boca y también cerveza. Recuerdo, mucho más tarde, tener hambre, el hambre del fin de fiesta y zamparme un paquete de patatas fritas de aquellas que sabían a ajillo. Recuerdo entrar en la fiesta de cada año, la fiesta de Carnaval de la facultad, con expectativas y un pellizco de emoción en el estómago. Porque la fiesta del año anterior fue increíble, triunfal, única.
Recuerdo estar eufórica, embriagada, recuerdo sentirme de nuevo única. Recuerdo ir y venir entre la gente, probablemente cantando. Saludar a quienes sabía que iba, un año más, a ver, un poquito desdeñosa; recuerdo, después de la fiesta, el barrio de la Viña lleno de gente y las risas y el sabor de las patatas fritas, sin importarme el qué dirían. Recuerdo el patio de naranjos, que ya casi olía a primavera -la primavera de Cádiz- recuerdo el beso que cambió toda mi vida. Recuerdo cómo caía la noche, calle arriba y ser consciente de que la fiesta había acabado pero yo seguía con hambre.
jueves, 31 de enero de 2013
Leer y sus consecuencias
La encantadora shurime me invitó a escribir sobre los libros que leí el año pasado y los que tengo intención de leer. No se si ella sabe que me cuesta una barbaridad participar en juegos en cadena (¿dije lo de ser antisocial?) pero como va de libros voy a hacerlo, a mi manera.
Lo que pasa es que no apunto lo que llevo leído. Aquí, en el blog, tengo la etiqueta de "leyendo" y podría consultarla, pero qué pereza. Así que yo recuerde, en este caótico y algo exasperante año, he leído dos veces Danza de dragones y los tres volúmenes de Los juegos del hambre. Algunos novelones históricos como los de Santiago Posteguillo sobre Escipión el Africano y uno muy chulo sobre la Sevilla del Siglo de oro que creo se llamaba La leyenda del ladrón. Y el último de Ken Follet sobre entreguerras y la II Guerra Mundial, puro bestseller. También leí Libertad, de Franzen y una de periodistas: Los imperfeccionistas. Cayeron unas cuantas novelas de Donna Leon, Pórtico de Frederik Pohl y descubrí a Dennis Lehane en Cualquier otro día. Y las dos preciosas novelas de Félix J.Palma.
Aún no he acabado El mundo sumergido (tan deprimente) porque estuve con Los juegos del hambre y por fin tuve entre mis manos El hobbit, que leí hace tanto y presté y perdí. Tengo intención de leerme las últimas de Javier Cercas y Lorenzo Silva, todo lo que pueda de Ursula K.LeGuin y algunas más distopías y de ciencia ficción, que ahora me ha dado por ahí. Como ven, casi nada sublime ni exquisito.
También leí la trilogía de las 50 sombras de Grey, si, más que nada por criticar con fundamento (¿cuántos que la critican se la han leído?) para aquel artículo de Cuadernos BDSM. Y pensaba que, como cualquier otro boomliterario, la trilogía se olvidaría pronto, pero qué va. Ahora la culpan de varias desgracias (muertes, divorcios) como si la pobre literatura, la buena y la mala, fuera culpable del mal humano. Es una manera muy simplista de explicar sucesos penosos, ¿no? Ya Don Miguel de Cervantes nos lo advirtió pero no, leer es peligroso y por lo visto hasta con la mala literatura te puedes morir. Al menos eso dicen los titulares sensacionalistas y muchísimos entendidos que, por suerte para ellos, no leen casi nunca.
Yo, por mi parte, voy a ver si acabo con el bueno de Ballard y en el camino compruebo si me he vuelto un poco más loca que ayer.
Lo que pasa es que no apunto lo que llevo leído. Aquí, en el blog, tengo la etiqueta de "leyendo" y podría consultarla, pero qué pereza. Así que yo recuerde, en este caótico y algo exasperante año, he leído dos veces Danza de dragones y los tres volúmenes de Los juegos del hambre. Algunos novelones históricos como los de Santiago Posteguillo sobre Escipión el Africano y uno muy chulo sobre la Sevilla del Siglo de oro que creo se llamaba La leyenda del ladrón. Y el último de Ken Follet sobre entreguerras y la II Guerra Mundial, puro bestseller. También leí Libertad, de Franzen y una de periodistas: Los imperfeccionistas. Cayeron unas cuantas novelas de Donna Leon, Pórtico de Frederik Pohl y descubrí a Dennis Lehane en Cualquier otro día. Y las dos preciosas novelas de Félix J.Palma.
Aún no he acabado El mundo sumergido (tan deprimente) porque estuve con Los juegos del hambre y por fin tuve entre mis manos El hobbit, que leí hace tanto y presté y perdí. Tengo intención de leerme las últimas de Javier Cercas y Lorenzo Silva, todo lo que pueda de Ursula K.LeGuin y algunas más distopías y de ciencia ficción, que ahora me ha dado por ahí. Como ven, casi nada sublime ni exquisito.
También leí la trilogía de las 50 sombras de Grey, si, más que nada por criticar con fundamento (¿cuántos que la critican se la han leído?) para aquel artículo de Cuadernos BDSM. Y pensaba que, como cualquier otro boom
Yo, por mi parte, voy a ver si acabo con el bueno de Ballard y en el camino compruebo si me he vuelto un poco más loca que ayer.
martes, 29 de enero de 2013
Etiquetas
Detesto poner etiquetas a las cosas, si este blog tiene etiquetas es por comodidad, dado que tiene un montón de entradas ya. Les confieso que veces lo releo, para ver cómo varía mi forma de escribir, no toco las entradas pero miro a ver cómo puedo mejorar y también releo para ponerme ñoña, recordar y tonterías así.
Pero nada de etiquetas. Poner etiquetas es como de memos. Por ejemplo, esa imbecilidad de "porno para mamás" que se ha puesto de moda haciendo referencia al boom de novela romántico-erótica iniciado por las 50 sombras. ¿"Porno para mamás"? Igual de imbécil que eso del "porno para mujeres". Parece como si por ser mamá sólo tengan que gustarme las pavisosas aventuras de miss Steele. O que por ser mujer sólo deba excitarme con pelis porno con argumento. Ay, si les contara yo las pelis porno que a mi me molan...
Otra memez: "películas para mujeres". O "literatura para mujeres". O "para gays". O "para lesbianas". Hay lesbianas -y gays y mujeres memas- que se corren de gusto cuando alguien hace una peli o una novela específicamente para ellos. Como si ser mujer o gay o bollera implicara ser cortita de mente y no poder leer o ver pelis sin etiquetar. Qué pasa, ¿que las pelis sin etiquetar no son de mujeres -ni de gays ni de bollos?-. No se si me explico, es que ando muy hostilizada por leer a toda esa gente supuestamente feminista y trasgresora del copón que se empeña en ir acotando y etiquetando los gustos de cada cual.
Cuando me codeaba con pseudofeministas -aquellas chicas militantes tan agotadoras- sólo íbamos al cine o al teatro a ver cosas radikales y si podía ser para mujeres, mejor. Una tortura y un aburrimiento mortal. Menos mal que les di a todas un buen corte de mangas. Ya he escrito -y despotricado- de ellas, pobrecillas, creían comerse el mundo y sólo se quedaban con un tercio del mismo.
Pero nada de etiquetas. Poner etiquetas es como de memos. Por ejemplo, esa imbecilidad de "porno para mamás" que se ha puesto de moda haciendo referencia al boom de novela romántico-erótica iniciado por las 50 sombras. ¿"Porno para mamás"? Igual de imbécil que eso del "porno para mujeres". Parece como si por ser mamá sólo tengan que gustarme las pavisosas aventuras de miss Steele. O que por ser mujer sólo deba excitarme con pelis porno con argumento. Ay, si les contara yo las pelis porno que a mi me molan...
Otra memez: "películas para mujeres". O "literatura para mujeres". O "para gays". O "para lesbianas". Hay lesbianas -y gays y mujeres memas- que se corren de gusto cuando alguien hace una peli o una novela específicamente para ellos. Como si ser mujer o gay o bollera implicara ser cortita de mente y no poder leer o ver pelis sin etiquetar. Qué pasa, ¿que las pelis sin etiquetar no son de mujeres -ni de gays ni de bollos?-. No se si me explico, es que ando muy hostilizada por leer a toda esa gente supuestamente feminista y trasgresora del copón que se empeña en ir acotando y etiquetando los gustos de cada cual.
Cuando me codeaba con pseudofeministas -aquellas chicas militantes tan agotadoras- sólo íbamos al cine o al teatro a ver cosas radikales y si podía ser para mujeres, mejor. Una tortura y un aburrimiento mortal. Menos mal que les di a todas un buen corte de mangas. Ya he escrito -y despotricado- de ellas, pobrecillas, creían comerse el mundo y sólo se quedaban con un tercio del mismo.
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antiteoría en todo,
feminista
sábado, 19 de enero de 2013
Winter wind
Hoy es un día de mirar por la ventana y sentir nostalgia. Yo aún hago esas cosas. Mirar la calle solitaria y cómo el viento arrastra papeles y retuerce los árboles. Cerrar los ojos y escuchar las persianas que golpean en la ventana, cómo silba el viento. Es un día terrible.
Yo aún caigo en nostalgias, intento aguantarme pero con días grises y desapacibles como éste caes en el recuerdo y hasta cometes el error de postearlo -aunque sea un error consciente: ver si soy capaz de escribir algo decente sobre lo que quedó atrás.
Es curioso cómo caigo en el tópico. Un día de sol yo no haría estas cosas. Un día de sol yo estaría, ahora mismo, dando un paseo y pensando que el invierno tiene su encanto. El paseo del pasado sábado, tan sereno, frío como deben ser las tardes de enero, con olor a mar de poniente. Hoy no se puede salir a la calle, llueve a ratos y el viento es demencial. Hoy ando un poco loca yo también, con momentos de malhumor, momentos de actividad frenética, momentos de nostalgia, tonta nostalgia que nunca es bienvenida.
Yo aún caigo en nostalgias, intento aguantarme pero con días grises y desapacibles como éste caes en el recuerdo y hasta cometes el error de postearlo -aunque sea un error consciente: ver si soy capaz de escribir algo decente sobre lo que quedó atrás.
Es curioso cómo caigo en el tópico. Un día de sol yo no haría estas cosas. Un día de sol yo estaría, ahora mismo, dando un paseo y pensando que el invierno tiene su encanto. El paseo del pasado sábado, tan sereno, frío como deben ser las tardes de enero, con olor a mar de poniente. Hoy no se puede salir a la calle, llueve a ratos y el viento es demencial. Hoy ando un poco loca yo también, con momentos de malhumor, momentos de actividad frenética, momentos de nostalgia, tonta nostalgia que nunca es bienvenida.
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