jueves, 10 de marzo de 2011

Mi ciencia ficción de culto

Maya a punto de transformarse en horrible bichejo
Espacio 1999. Ayer tuve que investigar para recordar su nombre. Yo la veía con 8 años y me parecía superchula. Jamás me perdía un capítulo, creo que la ponían cada tarde, pero no estoy segura. Buscándola me he dado cuenta que era en color: yo siempre la vi en blanco y negro. Sólo recordaba dos cosas. Que trataba de una nave que va de planeta en planeta y se encuentra a bichos horrorosos. Y que adoraba a Maya. Maya siempre salvaba a sus compañeros, que tía más valiente y más capaz. Se transformaba en cualquier bicho, una vez se transformó en unos aliens particularmente dañinos, que estaban haciendo estragos entre los buenos y sólo ella se daba cuenta de lo malos que eran, porque los aliens aparecían ante los buenos como seres humanos y sólo Maya los veía como aliens asquerositos. Ese capítulo me impactó a lo bestia. Yo quería ser Maya. Era mi ídolo.

Un conflicto, no se con cual quedarme
Galáctica. La veía con doce años. Me provocaba un conflicto: no sabía si me gustaba más Apolo o Starbuck. Unas veces Apolo por serio y responsable. Otras Starbuck por resultón y canalla. Como a  mi hermana tambien se le presentaba el mismo conflicto, unas tardes yo me quedaba con Apolo y otras con Starbuck y ella, al contrario. La pusieron un verano y lo mejor del mundo era verla después de la playa y la comida, repantingada en el sofa y oliendo a champú. En realidad no recuerdo bien de qué trataba, sólo que había naves que disparaban a otras, que Apolo y Starbuck eran listos y siempre ganaban -creo- y que me resultaba superemocionante. No he visto el remake, dicen que mola.  (Vi algún capítulo de la nueva V y no está mal, aunque es un poco sosa).

jueves, 3 de marzo de 2011

Mi pelo, hoy (2)


Así mi pelo, tras un buen rato en la peluquería. La han abierto hace una semana y la lleva una chica joven. Yo siempre me aturrullo en las peluquerías y como estoy cortada tiendo a decir muchas pamplinas. Le conté cientos de pamplinas a la peluquera joven. Me ha caído muy bien.

Estoy contentísima con mi pelo ahora, nunca había conseguido tenerlo tan largo. Me miro y me remiro y  no me canso de mirarme. Soy pura vanidad.

Poli de Fargo

Una de las cosas que más me gusta del personaje de Marge, en Fargo, es su forma natural de llevar el embarazo. Se pega madrugones, se hincha a comer -comida supergrasienta-, se quita de encima con elegancia a un pesado, persigue a los malos y pega tiros.

Yo disfruté sin problemas de mis embarazos. Sólo los primeros meses lo pasé regular por culpa de las nauseas. Yo soy muy insufrible cuando me pongo alimentariamente tonta. Le cogí asquito a casi todo: los embutidos, la carne, el tomate, el caldo del puchero, los pasteles y el chocolate, hasta al agua le cogí asco. Solo quería comer potaje de lentejas y polos de limón. Una cosa hormonal a tope.

Pero aparte de esa tontería que me subió, pasé embarazos tan pimpantes. Engordaba lo justo y no me salieron ni estrías, ni manchas. Y sobre todo, fui a trabajar hasta el último momento; me di de baja sólo una semana antes de cumplir. No se trata de aguantar, se trata de no poner la excusa del embarazo para irte a casa de baja: conozco mujeres que lo han hecho -con embarazos sanos-  y no me gusta.

Estar embarazada no es ni el éxtasis entre algodones que a veces te venden (porque a más barriga, más andares de pata, menos te ves el coño para depilarte, más trabajito cuesta ponerte los pantalones), ni tampoco es un estado de enfermita crónica. Estar embarazada tiene magia (pataditas, manitas que se desperezan) y supone pequeños incordios tontorrones.

Estando embarazada puedes follar, puedes seducir, puedes ser la más guapa del lugar. No hay misterio, es la vida misma.

martes, 1 de marzo de 2011

Mentiras y relatividad

Cuando eres adolescente mentir puede convertirse en una opción inteligente. Cuando yo era adolescente, mentir se convirtió en la única opción inteligente porque me permitía vivir. Si no hubiera mentido la mujer que yo quería ser estaría ahora en el limbo.

Mucha gente me decía que no mintiera. Era tan fácil aconsejar que me rebelara. Planta cara a tu padre, me decían. Una mierda. Yo soy cobarde, pero también muy lista: siempre he optado por el camino que menos trauma pudiera causar. Si mentir me quitaba a mi y a los demás muchos dolores de cabeza, llantinas y gritos, bienvenida sea la mentira.

Mírenme ahora, tan sana y tan equilibrada que doy asco. Por mentir a diestro y siniestro. No tengo ninguna culpa y aquellos a quienes mentí, estan tan frescos y felices, benditos ignorantes. Benditas mentiras.

lunes, 28 de febrero de 2011

Fra Angélico, una conversación.

Fra Angélico fue, casualmente el último al que visité. Ya me iba sin verlo pero mi amiga me dijo que la sala de El jardín de las delicias estaba por allí cerca y tiré de los niños para que aprendieran. Les gustó, claro. El viejo Bosco nunca defrauda. Luego mi amiga se encontró con una antiquisima compañera de trabajo y yo arrastré a los niños a una sala más. Solo una y ya nos vamos. Y allí estaba, preciosa Anunciación y bendito Fra Angélico, al que imagino beatífico y sonrosado, aplicando dorados en alas,  perfeccionando pétalos con extrema ternura. Y Mantegna al lado, ya no me daba tiempo para peroratas, pero allí estaba, la Virgen envejecida y la ciudad infinita. La próxima vez ...

Mucho más tarde vino M.;  ella y yo conversamos como nunca. Le confesé que la distancia, esos once años que siempre nos separaron, ya no es tal. No le dije que hubo años en que la envidié, pero probablemente lo sepa. Realmente no me importan los kilómetros que nos separan, que nos veamos sólo un par de veces al año, que quizás no tengamos muchas más oportunidades de retomar la conversación de esa noche. Porque la tuvimos y fue dulce sentirnos cerca y quizás, restañar algunos recuerdos amargos.

domingo, 20 de febrero de 2011

Playa de rocas


Esta playa es un paisaje recurrente en mis sueños. Siempre camino por ella y encuentro cosas. Una vez soñé que encontraba esqueletos de dinosaurios. En mis sueños siempre aparece solitaria y con intenso olor a salitre y algas. Son sueños apacibles e inquietantes, todo a la vez, mezclas así son posibles en los sueños.

Soy capaz de sentarme sobre una roca durante horas para mirar ese paisaje, como esta mañana. La costa tiene infinidad de posibilidades: barcos mercantes y veleros, pescadores, gente que marisquea, gaviotas, nubes, las variaciones imperceptibles de cada ola, los chasquidos siempre iguales y diferentes de cada ola contra las rocas. La playa de rocas es un paisaje básico.

Febrero es mes de erizos. Hace muchos años yo venía a esta playa y me entretenía viendo a mis padres cogerlos. Una vez me pinché con un erizo en la rodilla, no es una sensación agradable. Estuve varias horas con un trocito de púa clavada. Pobre erizo, jamás me comí uno, aunque digan que sabe a mar.

No creo que ya haya muchos erizos en esa playa, al menos no había nadie mariscando o quizás esté prohibido. Esta mañana encontramos algún esqueleto de erizo verde y seco por el sol. Esta playa me trae nostalgia de muchos febreros, de mi abuelo con su caña de pescar, bocadillos de tortilla y largas horas contemplando las rocas cubiertas de verdín.

sábado, 19 de febrero de 2011

Tina regada

La ley del deseo es mi película favorita de Pedro Almodóvar. Me pasa igual que a bastante gente con quien lo he comentado: prefiero las primeras películas de Almodóvar, hasta Átame.

Me gusta el personaje de Tina y se convirtió en una especie de modelo estético a seguir en mi etapa universitaria. Mucha gente me decía, en aquella época, que yo me parecía a ella, a Tina/Carmen Maura. Y ciertamente me peinaba igual, llevaba la misma bisutería y en verano me ponía los mismos vestidos. Hasta nos damos el mismo aire en la cara.

Tuve varios momentos Tina aquellos años: irreflexivos y frívolamente dramáticos. Igual que ella, buscaba consuelo sexo-amoroso sin recato y olisqueaba el aire denso de las noches de verano para encontrarlo. Mi vestido era parecido, pero de color verde.