miércoles, 17 de marzo de 2010

Veneno en la piel

Ya he escrito que mi madre es la mejor filósofa que conozco. Es una filósofa de andar por casa, que son las mejores, aplica a la vida práctica todas las críticas de razón pura e impura que se va encontrando. Lee cuando el dolor de cabeza se lo permite y -me echo a temblar- me pregunta cosas filósóficas y trascendentales a las que yo no hago mucho caso. Es que yo me peleo mucho con ella, peleas de mentirijillas, a ella le encanta hacerme de rabiar y verme sulfurada, cada vez que estoy con ella me prometo no sulfurarme pero no se cómo puñetas se las arregla, que a la mínima me saca de mis casillas.

Ella suele decir que nunca lloraría por un hombre que no la amara. Que yo sepa nunca ha pasado por un trance similar, pero aún así, la creo. Mi madre tiene un concepto de si misma muy alto y mis hermanas y yo misma lo hemos heredado. Tenemos un corazón cálido que no se frena a la hora de enamorarse pero ... ay del que nos rechaza cretinamente. Va del tirón al cubo de los desperdicios. Ninguna de las tres nos hemos comportado nunca de manera plañidera.

Hablo de rechazantes cretinos, de esos que se portan mal. Esos y esas, que también las hay cretinas. Su facultad es dejar posos de veneno tras su marcha. Pero el veneno es lo que tiene. Si una es espabilada, se pega un corte limpio a navaja y con los labios así, bien turgentes, se da un buen chupetón. Luego no queda más que escupirlo, el veneno. No hay que alimentarse de lo que le destruye a una/uno.

Escribo ésto porque da coraje saber de historias ajenas de abandonos e impotencia. Claro que es fácil escribir que a base de llorar al que malamente nos amó, el tiempo corre que da gloria. También es fácil ponerse chula y alardear de que ningún hombre que no me ame me hará llorar. Pero bueno, es lo que hay, yo tengo la sangre chula de la madre que me parió y me permito escribir sobre ello. Con poca humildad, si. Porque autocompadecerse, regodearse en el veneno que queda en la piel, es una triste pérdida de tiempo, días que no se vivirán por gente que no son nada.

domingo, 14 de marzo de 2010

Seis de la madrugada

Estoy sentada en el mismo lugar de ayer noche, sobre la mesa aún queda un papelito pequeño que arranqué, arrugué, arañé, está casi hecho trizas. Me siento en la misma silla de anoche que me balanceó y me sirvió de diván de odalisca.

Él me cuida y hace trizas cada cimiento, Él me ha ceñido el mejor collar, el que siempre deseé. No escribiré aquí sobre tópicos del collar ni tópicos de la sumisión. Anoche los tópicos no servían para nada, qué importante y necesario es abalanzase sobre los tópicos y machacarlos.

Yo hablo mucho y presumo mucho, yo teorizo muchísimo y me las doy de genial, soy una sabihonda y me las doy de experimentada... Las teorías se hacen añicos sin piedad cuando te estampas cara a cara con la realidad. Fuera tópicos y hacia delante.

Esta madrugada, a las seis de la mañana, Él me acunó entre sus brazos y me dijo las cosas bonitas que tan dulces suenan en su boca. A la mierda las verdades irrenunciables y a la mierda mi genialidad. Soy Suya, llevo el collar {EJR} que es bendito y sagrado y soy dura como una roca. Por Él y para Él.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Cuidarnos

Él me quiere cuidar, yo le quiero cuidar y nos peleamos por ver quien cuida más a quien. Es tanto el embrollo que a veces nos dolemos de no saber si cuidamos lo suficiente. ¿Te cuido lo suficiente? ¿Necesitas más? ¿Quieres más? ¿Estas satisfecha? ¿Estas satisfecho, feliz, te sientes bien?

Yo quiero crear para Él un espacio de paz y serenidad. Que cuando esté a Sus pies no haya quejas, jamás reproches, jamás lamentos.

Él quiere darme más, no sabe cuánto, no tiene límites, quiere cuidarme como nadie lo hizo.

Vamos a ciegas, sin leer manuales de la D/s, sin mirarnos en nadie, sin inspirarnos en nada, vamos a golpe de intuición y eso nos hace ser calmos y cotidianos.

Él me pregunta: ¿estas contenta? ¿eres feliz a mi lado?

Pero sólo tiene que mirarme la cara para saberlo.

lunes, 8 de marzo de 2010

Condescendeccia misógina

No hay cosa más terrible que un misógino condescendiente. Terriblemente patético, quiero decir. Y mediocre, porque ser misógico es algo facilón, no hay que currárselo mucho. Tengo dos anécdotas tontas, así en plan batallita.

Anécdota una: en verano, con veintipocos años, yo trabajaba de eventual, junto a más eventuales de veintipocos, en un lugar donde pagaban bien, porque hacíamos muchos turnos y horas extras. Un trabajo que me curtió bastante y en el que me divertí, a pesar de los madrugones. Los fijos de la empresa eran hombres cuarentones y aburridos. Trabajar allí en verano era divertido, pero trabajar todo el año... quemante. A lo que iba, los maduros trabajadores con puesto fijo se dedicaban, para matar el tiempo, a tontear con las eventuales y a mirarnos las tetas, el culo, todo lo mirable. A mi no me importaba, nunca me sentí acosada -faltaría más- pero siempre sentí una enorme verguenza ajena por ellos: pobres patéticos cuarentones, con sus chistes machistas y su estúpida forma de ligar. Si una eventual se salía del carro de chica frívola y locuela, sonreían con esa sonrisa torcida que tienen los misóginos, qué asquito dan.

Anécdota dos: una noche loca, por motivos que no vienen a cuento, yo me encontré rodeada por tres caballeros, maduros también, pero del tipo eminencia gris. No recuerdo la conversación eminente, yo estaba en medio escuchando el raudal de sabiduría y, con el punto borrachín que llevaba, metí baza. Yo tenía veinte años y por lo visto dije algo así como muuuy inteligente. Los eminentes aprobaron -con lascivia, todo hay que decirlo- y uno dijo, pero qué chica más lista. Aún me encorajino con esa patética anécdota número 2. Cómo que chica lista, joder. Misógino (eminente) de mierda.

No escribo más anécdotas, pero misóginos hay a patadas, principalmente en referencia a las que vamos de chica lista y además resultona. Y si entras en el mundo de Amos y sumisas, ahí ya muérete: yo me lo paso divinamente leyendo a esos Amos que van de cultos. Porque ir de culto sin elegancia y en plan sobrao es muy triste. Y si encima alardeas de ello para Dominar, es que queda tan misóginamente facilón, tan simple y vulgar.

En fin, dudo mucho que se extingan, su vida es solapada y reptante, son sabandijas del género (masculino y femenino, qué horror, las mujeres misóginas ya son el acabóse) y como sabandijas que son, se ocultan y salen a la luz de forma cobarde. Pero bueno, a mi me dan para contar anécdotas, que resulta mentalmente muy higiénico.

domingo, 7 de marzo de 2010

Color violeta


Los Días Internacionales supongo yo que tendrán su motivo, yo no soy dada a celebrarlos porque me suenan a que se acuerdan de uno ese día y el resto, como si no existieras. Por eso, la celebración del 8 de marzo me resulta de lo más boba. Que se celebre un Día para nosotras nos condena a señalarnos, como a decir, pobrecillas, las mujeres, démosle su Día Internacional, para que se quejen. Igual que me resulta odioso que haya cuotas para mujeres, puestos reservados a mujeres o un Ministerio de Igualdad, son una especie de caridad que a mi me parece denigrante.

Parte del discurso feminista está orientado a la queja -basta de opresión machista y contra el patriarcado-, a mi me resultan frases demasiado abstractas, son fácilmente manipulables y sirven en bandeja al menosprecio. Qué fácil resulta burlarse de frases así, en estos tiempos. Qué simpleza y a qué tipismo han/hemos quedado reducidas las mujeres feministas. La queja o la demagogia.

Y el sentimiento de culpa, ese que hemos mamado desde el nacimiento. La culpa por trabajar y no tener hijos, la culpa por tener hijos y no trabajar, la culpa por tener las dos cosas y no hacer ninguna bien. La culpa por ser femenina, la culpa por no serlo... Dar explicaciones, justificarse eternamente por el lugar que ocupamos.

Yo no tengo la receta, no tengo ni idea ni por supuesto escribo en plan dogmático sobre la liberación de las mujeres, pero si tengo claro el papel que mi condición de sumisa ocupa en todo ésto: no sentirme culpable por disfrutar de mi elección. Ser feminista y ser sumisa a la vez da una libertad tremenda, no hay pautas, no hay clichés: yo decido servir y obedecer a mi Hombre, es un acto femenino de suprema libertad.

jueves, 4 de marzo de 2010

Cómo hemos cambiado

Tengo una caja donde guardo recuerdos. Chapitas de la época radikal, facturas de restaurantes, entradas de conciertos, notitas en servilletas de papel. La reviso muy de vez en cuando y revisarlas es entrar en trance melancólico. Cuando voy a Cádiz me pasa lo mismo, en Cádiz me cambió tanto la vida que ir allí es hacer una catársis.

De hecho, tanta catársis sufrí -encontré a una parejita que era compañeros de Facultad y estuvimos rememorando los buenos viejos tiempos- que he buscado y encontrado a mi amiga A., le he enviado un correo y me ha contestado. Hace casi siete años que no se de ella. El correo que me ha escrito es curioso: es cariñoso pero muy contenido. Al leerlo he recordado que ella expresaba sus sentimientos de forma muy peculiar, podía ser extremadamente exaltada o bien tremendamente cauta en sus sentimientos.

Los recuerdos de mi cajita son mi biografía, mis amigos de Cádiz lo son también. Están lejos en el tiempo y pienso si lo que yo he cambiado afecta de alguna forma. El correo que envié a A. me salió así en plan, ole, aqui estoy yo, la alegría de la huerta. Y ella me contestó con muy poca desenvoltura. Pero no le echo ésto en cara, a lo que voy: entre E. y yo tenemos la minidiscusión de si Él me ha cambiado o no. No entraré en detalles -que ya Él lo sabe y estoy ya repetida- pero solo diré que yo antes era muchísimo menos locuaz.

La labor de E. me ha vuelto más espontánea, alegre y dicharachera. Para una mujer seria e introvertida como yo, soltarme de esa manera es, como diría yo ... un rayo de sol. Esa extroversión , que puede parecer poca cosa, para mi es primordial porque afecta a mi relación con el género humano. Vamos, que soy más buena y menos antipática. No es que yo haya sido Miss Antipatía, pero nunca me relajaba del todo.

Ahora mantengo mis reservas, claro, pero voy más flexible. Me refiero a mi trato. Ya digo, que yo haya buscado a mi amiga A. es un gran logro por mi parte. También mi percepción de otras mujeres va haciéndose más "civilizada". En muchos aspectos ya no son el enemigo a batir, me estoy volviéndo más buena que el pan. Y eso, además de a E., se lo debo, curiosamente, a dos mujeres a las que quiero mucho. Se sus nombres verdaderos, pero aquí sólo escribiré sus nicks: sondemar y maiKO{RJ}.

lunes, 1 de marzo de 2010

En Cádiz, apurando el Carnaval

Cada vez que mi amiga AB y yo vamos a Cádiz empezamos con la retahíla:

- Yo me compraba un piso aquí.
- Y yo.
- En Puerta Tierra mismo. Me da igual el sitio.
- Sí, el caso es vivir en Cádiz.
- Cerquita de la playa (aquí las dos suspiramos).
- Para pasar el verano y el Carnaval (más suspiros).

Fuimos, con nuestra amiga C., al Carnaval Chiquito porque somos unas hartibles y apuramos hasta el final. Hasta la penúltima, porque ya hablamos del año que viene si Dios quiere.

Entre la Plaza las Flores y el Palillero, con el bocadillo de tortilla y la cervecita, como debe ser, de una a otra chirigota. Los músculos de la cara me dolían de reír.

Luego, hacia las cinco, cayó una tromba de agua apoteósica y salimos corriendo calle Sacramento arriba. Nos pusimos pipando, pero ya tenemos historia para rato.

(Los niños del Karate, con el Biofrutas y su chandital del Cádiz, qué pechá de reir)